Estas santas también fueron madres: sus virtudes trascienden el hogar y se vuelven ejemplo, no solo para sus hijos, sino para todos
Hijos que fueron elevados a los altares y que encontraron en ellas figuras firmes e inquebrantables de fe. Mujeres que, siendo madres, se convirtieron en ejemplo de vida; que formaron a sus hijos e hijas en la santidad… y que, como ellos, también reflejan esa misma santidad.
1Santa Ana: Madre de la Virgen
Junto con San Joaquín, los abuelos de la Virgen María, Ana es un modelo de santidad, de mujer piadosa que deseó ser madre y lo consiguió siendo ya una mujer adulta. Según cuenta la tradición, Santa Ana era originaria de Belén y estaba casada con un hombre de Nazaret.
Ambos eran descendientes de David y deseaban ser padres. Pasaban los años y el ansiado hijo no llegaba. Ana rezó sinceramente a Dios ofreciendo su vástago a Él. Sus oraciones fueron escuchadas y Ana dio a luz a una niña a la que llamó María, Míriam según las fuentes.
2Santa Isabel: Madre de San Juan Bautista
Es en el Evangelio de Lucas donde tenemos el relato de la vida de Santa Isabel y de cómo, a pesar de ser ya una anciana, concibió al que sería San Juan el Bautista.
"Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Isabel. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Isabel dará a luz un hijo, y le llamarás Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. […] Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada".
3Santa Elena (270-329): Madre de San Constantino el Grande
De origen humilde, Santa Elena se convirtió en Augusta y en madre del emperador Constantino I el Grande, el hombre que, tras el Edicto de Milán, decretó la tolerancia religiosa. Elena vivió toda su vida como pagana, y fue su propio hijo quien influenció en ella para abrazar, en edad ya madura, el cristianismo.
Su conversión tardía fue compensada con la intensidad con la que vivió sus últimos años su nueva fe. Su presencia en las iglesias se hizo habitual; allí acudía vestida de manera sencilla y dedicó parte de su vida a hacer obras de beneficencia. Elena impulsó también la construcción de templos en distintos lugares, entre ellos, la ciudad de Jerusalén, donde acudió en busca de las reliquias de Jesús. El descubrimiento de la Vera Cruz convirtió a Santa Elena en la patrona de los arqueólogos. Su fiesta se celebra el 18 de agosto. La Iglesia Ortodoxa venera a su hijo como santo.
4Santa Emilia de Cesarea (Siglo IV): Madre de cuatro santos
Mujer cuya biografía se esconde en la oscuridad de los siglos, Santa Emilia tuvo nueve hijos, diez según las fuentes, de los cuales cuatro, como ella, fueron elevados a los altares. Santa Macrina la Joven, San Basilio el Grande, San Pedro de Sebaste, San Gregorio de Nisa.
Casada con un abogado, Basilio el Mayor, la pareja transmitió a sus hijos la fe cristiana. Cuando Emilia quedó viuda, fue su hija Macrina quien la ayudó a criar a sus otros hijos. Años después, ambas mujeres fundaron una comunidad monástica a la que se unieron otras mujeres y donde vivió Emilia hasta su muerte en el año 375.
La tradición considera a Santa Emilia, después de la Virgen, ejemplo máximo de maternidad.
5Santa Mónica (332-387): Madre de San Agustín
Posiblemente el ejemplo de esposa y madre abnegada por antonomasia, Santa Mónica de Hipona no dejó de luchar hasta que su hijo, un joven descarriado, terminó convirtiéndose en un hombre sensato y en un futuro santo.
Nacida en la localidad argelina de Tagaste, Mónica era una mujer cristiana que se casó con un pagano mayor que ella llamado Patricio. Mientras Mónica intentaba llevar una vida piadosa y sencilla, ayudando en obras de beneficencia, tenía que soportar la violencia y el adulterio de su marido. Solamente al final de su vida, con su infinita paciencia, consiguió que Patricio se convirtiera. Cuando quedó viuda, Mónica tomó la decisión de no volver a casarse. Por aquel entonces, tenía otra preocupación en uno de sus hijos. Agustín llevaba años viviendo díscolamente, algo que su madre se negó a aceptar.
Tuvieron que pasar más de diez años hasta que Mónica consiguió, con la ayuda de hombres de Iglesia como el obispo Ambrosio de Milán, que su hijo se convirtiera al cristianismo. Ambrosio consoló a la madre con palabras como esta: "Dios no puede permitir que se pierda un hijo de tantas lágrimas".
6Beata Margarita Occhiena (1788-1856): Madre San Juan Bosco
Margarita Occhiena es la madre de San Juan Bosco, y de toda la familia salesiana. Fue Margarita, una mujer humilde y sencilla, quien transmitió a su hijo su fe y lo animó a convertirse en el hombre santo que fue.
Nacida el 10 de abril de 1788 en la localidad italiana de Capriglio, Margarita era hija de una familia campesina que se casó con un hombre viudo llamado Francisco Luis Bosco que ya tenía varios hijos. La pareja completó la familia con José y el futuro santo. Dos años después del nacimiento de Juan, su padre fallecía, dejando a Margarita en una situación muy complicada en una Italia sumida en la pobreza.
Margarita superó todas las dificultades con gran determinación mientras no se olvidó de la educación cristiana de sus hijos. Estuvo siempre al lado de ellos y, en el caso de Juan, fue su apoyo incondicional cuando decidió tomar los hábitos y emprendió el gran proyecto salesiano.
7Celia Martin (1831-1877): Madre de santa Teresita de Lisieux
Celia Guerin no subió sola a los altares. El suyo fue uno de los casos en los que la Iglesia santificó a unos esposos que vivieron un matrimonio santo. Celia nació en la región francesa de Normandía el 23 de diciembre de 1831 en el seno de una familia profundamente cristiana. Instalada en Alençon, Celia quiso seguir los pasos de su hermana mayor, que había ingresado en un convento en Le Mans. Pero el suyo debía ser otro destino, el de contraer matrimonio. Y así lo hizo poco después de conocer a un joven llamado Luis Martín, con quien se casó en el verano de 1858.
Después de pasar un tiempo viviendo castamente, la pareja, aconsejada por su confesor, decidió seguir los designios de la Iglesia y otorgar hijos a su seno. Hasta nueve hijos tuvieron a lo largo de trece años. No todo fueron alegrías, pues tres fallecieron en la infancia. Pero a los demás, Celia los amó con un amor indescriptible y les transmitió su profunda fe.
Además de cuidar de sus hijos, Celia trabajó en su empresa de encajes y, junto a su marido, realizaban obras de caridad y participaban en la vida de la Iglesia activamente. Ambos formaron parte de la Orden Tercera de San Francisco.
8Santa Silvia (Siglo VI): Madre de san Gregorio Magno
De Santa Silvia se conocen muy pocos datos. Debió nacer alrededor del año 515 en Roma o Sicilia, según las fuentes. Casada con Gordiano, formaron una familia romana patricia con su hijo Gregorio y otro niño del que se desconoce su nombre.
Silvia fue la primera maestra de sus hijos, dándoles una buena educación y transmitiéndoles los valores del cristianismo. Cuando Silvia quedó viuda, se retiró a vivir a una pequeña celda en la que dedicó el resto de sus días a la oración y a las prácticas piadosas.
Según la tradición, cuando el Papa Pelagio II falleció en el año 590, fue Silvia la que profetizó a su hijo que sería él el próximo sucesor de Pedro. Fallecida en 592 fue otro pontífice, Clemente VIII, quien en el siglo XVII la incluyó en el martirologio romano fijando la fecha de su festividad en el 3 de noviembre.
9Beata Juana de Aza (1140-1205): Madre de Santo Domingo de Guzmán
Juana Garcés era hija de Don García Garcés, señor de Aza y mayordomo mayor de Alfonso IX. Su madre, Doña Sancha Bermúdez de Trastámara, estaba relacionada también con la familia real.
La joven Juana tenía veinte años cuando se casó con Don Félix Ruiz de Guzmán, señor de la villa de Caleruega, donde vivieron y llegaron al mundo sus tres hijos. Juana inculcó a sus hijos su fe cristiana y los tres tomaron el camino del sacerdocio.
Estando embarazada de Domingo, Juana soñó que llevaba en su vientre un cachorro que llevaba una antorcha en su boca. Consternada por la visión, acudió a rezar a Santo Domingo de Silos donde le prometió al santo que pondría su nombre al pequeño si le protegía.
10Beata Ortolana de Asís (Siglos XII-XIII): Madre de Santa Inés y Santa Clara de Asís
Santa Clara de Asís es una de las santas más importantes de la época medieval. Hija de familia noble, lo dejó todo para vivir entregada a Dios. Un proyecto de vida que culminaría con la nueva orden de las Clarisas a la que las mujeres de su propia familia se unieron sin dudarlo. Entre ellas su madre y sus hermanas, igualmente santificadas.
Ortolana fue una mujer noble, casada con Favarone, conde de Sasso-Rosso con el que tuvo tres hijas y, supuestamente, dos hijos. Ortolana fue una mujer profundamente devota que realizó varios viajes de peregrinación, incluyendo uno a Tierra Santa. Parece ser que, embarazada de Clara, tuvo una visión que le anunció: “Alumbrarás una luz que iluminará mucho al mundo”.
Cuando Clara creció y renunció a un rico matrimonio por seguir el camino de San Francisco, su propia madre se unió a las hermanas de San Damián, una pequeña comunidad fundada en Asís por su propia hija.
11Santa Brígida de Suecia (1303-1373): Madre de Santa Catalina de Suecia
Brígida fue esposa, madre y religiosa. A lo largo de su vida, demostró ser una mujer de convicciones firmes y gran determinación, que luchó por todo aquello que quería y cuyos valores transmitió a sus hijos, entre ellos otra mujer que, como Brígida, sería elevada a los altares.
Nacida en Suecia en el año 1303, Brígida afirmó haber tenido visiones místicas desde pequeña, experiencias que tendría durante toda su vida. Con quince años se casaba con Ulf Gudmarsson y, a pesar de no desear ese matrimonio, la pareja forjó una férrea relación y creó una extensa familia cristiana de ocho hijos. En esos años, ambos esposos fueron también miembros de la corte del rey de Suecia.
Cuando Ulf falleció en 1344, Brígida se despojó de todos sus bienes repartiéndolos entre sus hijos dejando una parte para los pobres. Realizó varios viajes de peregrinación que la llevaron a Tierra Santa o a Roma mientras trabajó intensamente para crear su propia orden religiosa. La Orden del Santo Salvador, conocida popularmente como Orden Brigidina, sigue hoy viva. En 1391 fue canonizada y siglos después nombrada patrona de Europa junto a Catalina de Siena y Santa Teresa Benedicta de la Cruz.
Su hija Santa Catalina, permaneció siempre al lado de su madre y se unió a ella en su proyecto conventual, convirtiéndose en la primera abadesa del convento de Vadstena donde reposan los restos de Santa Brígida.









