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La libertad religiosa celebra 17 siglos de difícil camino

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Varias ciudades europeas celebran el Edicto de Milán del año 313

Varias ciudades de Europa en Serbia e Italia están celebrando la publicación del Edicto de Milán, con el que hace mil setecientos años (en febrero del año 313) los emperadores del Imperio Romano de Oriente y de Occidente, Constantino Augusto y Licinio Augusto, reconocían el derecho de todo ciudadano a profesar libre y públicamente su religión (Cf. http://es.wikipedia.org/wiki/Edicto_de_Mil%C3%A1n).

El 18 de enero comenzaron en Niš (la antigua ciudad Naissus, hoy en Serbia), cuna del emperador Constantino, las celebraciones de recuerdo de la promulgación del edicto.

En Milán, la exposición dedicada al edicto en el Palacio Real, hasta el 17 de marzo próximo, es definida como el evento cultural más importante del año (Cf. http://www.primapaginanews.it/dettaglio_articolo.asp?id=137302&ctg=2).

El arzobispo de la ciudad, el cardenal Angelo Scola, ha escrito la carta pastoral Al descubrimiento del Dios cercano, para explicar que “el aniversario del Edicto de Constantino será la oportunidad no sólo para retomar el tema de la libertad religiosa, sino también para lanzar una reflexión compartida con todas las personas e instituciones disponibles sobre la relevancia pública de la religión y sobre el bien para toda la sociedad de una comunidad cristiana viva” (http://www.oasiscenter.eu/es/node/9062).

Un derecho fundamental

El Edicto de Milán determinaba que “a nadie le sea negada la facultad de seguir libremente la religión que ha escogido para su espíritu, sea la cristiana o cualquier otra que crea más conveniente”.

Como explica el decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, Juan Chapa, en el video que proponemos, el texto del Edicto nos ha llegado por una carta escrita en el 313 a los Gobernadores provinciales, que recogen Eusebio de Cesarea (Historia eclesiástica 10,5) y Lactancio (De mortibus persecutorum 48) (Cf. http://www.uam.es/departamentos/filoyletras/hmedieval/especifica/cuadernos/text01.htm).

El Edicto fue promulgado dos años después del fin de la gran persecución de inicios del siglo IV contra los cristianos, desatada por el emperador Diocleciano, junto con Galerio, en un intento de restaurar la unidad estatal, amenazada, según creían, por el incesante crecimiento del cristianismo.

Laicidad, tras el paganismo de Estado

En la primera parte se establece el principio de libertad de religión para todos los ciudadanos y, como consecuencia, se reconoce explícitamente a los cristianos el derecho a gozar de esa libertad.

En la segunda, se decreta restituir a los cristianos sus antiguos lugares de reunión y culto, así como otras propiedades, que habían sido confiscadas por las autoridades romanas y vendidas a particulares en la anterior persecución.

Lejos de atribuir al cristianismo un lugar prominente, el Edicto busca alcanzar la benevolencia de la divinidad en todas las formas que se presentara, en consonancia con el sincretismo que entonces practicaba Constantino, quien, a pesar de favorecer a la Iglesia, continuó por un tiempo dando culto al Sol Invicto.

En cualquier caso, el paganismo dejó de ser la religión oficial del Imperio, y el Edicto permitió que los cristianos gozaran de los mismos derechos que los demás ciudadanos. Desde ese momento, la Iglesia pasó a ser una religión lícita y a recibir reconocimiento jurídico por parte del Imperio, lo que permitió un rápido florecimiento.

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