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El peligro real para los niños hoy no es la tecnología, es la psicología

SAD,TEEN,BOY,PHONE
Shutterstock
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Un artículo en una revista americana denuncia la utilización de psicólogos y especialistas para aumentar los beneficios de las empresas tecnológicas

Un día, Charlotte se sentó a mi lado en el sofá y puso la cabeza en mi hombro. “Mamá”, empezó a decir dulcemente, “cuando sea adolescente, ¿de verdad que tendré mi celular?”.

Desde el otro lado de la casa, su hermana de 12 años, con oídos de águila, gritó: “¡NUNCA! Yo no tengo celular, Charlotte. Nosotros nunca tendremos celulares, aunque todos nuestros amigos los tengan, porque mamá es muuuuy rigurosa”.

Charlotte giró la cabeza hacia mí, con sus grandes ojos azules llenos de lágrimas de cocodrilo. “¿Es verdad eso, mamá?”.

“¡Sí! Sí. No tendrás un celular hasta que vayas a la universidad, y puede que ni entonces”, respondí inequívocamente. Intenté que no se me notara que estaba contenta, pero no sé si lo conseguí.

No sólo estoy contenta con mi absoluta prohibición de teléfonos celulares para mis hijos. Estoy muy satisfecha porque sé que los teléfonos celulares – y el mundo de las redes sociales que éstos abren a los niños – son la amenaza más destructiva que los niños afrontan actualmente, y estoy decidida a proteger a mis hijos lo máximo posible.

La mayoría de los padres no entiende la extensión de la amenaza y, como resultado, suelen sentirse culpables cuando sus hijos son tragados por la arena movida de la tecnología.

Medium publicó recientemente un artículo que explica exactamente por qué las redes sociales y los videogames están provocando tanta confusión en los niños y cómo se usa la psicología como arma contra ellos.

Lo que ninguno de esos padres entiende es que la obsesión de sus hijos y adolescentes por la tecnología es la consecuencia previsible de una fusión prácticamente irreconocible entre la industria tecnológica y la psicología.

Esa alianza combina la inmensa riqueza de la industria de la tecnología de consumo con la más sofisticada investigación psicológica, haciendo posible el desarrollo de redes sociales, videogames y teléfonos con poder semejante al de las drogas para seducir a usuarios sin madurez.

Escondidos tras las pantallas y celulares de sus hijos, hay una infinidad de psicólogos, neurocientíficos y especialistas en ciencias sociales que usan su conocimiento sobre vulnerabilidades psicológicas para crear productos que capten la atención de los niños en pro del lucro de la industria.

La psicología por lo tanto– una disciplina que asociamos con la curación – está siendo usada muchas veces ahora como un arma contra los niños.

El artículo es largo, pero fascinante, pues profundiza en la evolución de la tecnología persuasiva, una idea imaginada y perfeccionada por un psicólogo.

El objetivo descarado de la tecnología persuasiva es alterar la manera como los humanos piensan y se comportan, y las empresas de tecnología adoptaron esa tecnología para impulsar las ventas y dominar el mercado… a costa de que los niños sean literalmente reprogramados.

Dudo mucho que alguno de los lideres tecnológicos esté intentando destruir la vida de la próxima generación. En realidad, creo que muchos de los principales ejecutivos de las tecnológicas realmente creen en aumentar la conectividad humana. Pero, jugando con el fuego de la tecnología persuasiva, están quemando a muchos niños.

Confío en que la próxima década verá una restricción gradual de la libertad de Syllicon Valley de emplear técnicas psicológicas para cambiar el comportamiento del usuario para beneficiar el lucro de una empresa, especialmente en la medida en que más y más padres despierten a los efectos perjudiciales que los smartphones y videogames están causando en sus hijos.

Respecto a esto, protegeré a mis hijos de la mejor manera que sé – siendo la madre menos condescendiente y más severa de todos los tiempos y no dejando nunca que tengan celulares.

Probablemente me lo agradecerán después. Y aunque eso no pase, duermo sabiendo que mis hijos pasan el día atormentándose unos a otros en la vida real, en vez de ser atormentados en una realidad virtual.

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