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La kenosisterapia o el arte de curar espiritualmente

DOCTOR
By Lana_m | Shutterstock
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Como kinosioterapeuta e investigador de Ciencia de la Vida Espiritual (CVE) quiero hablaros de un nuevo método terapéutico: la kenosisterapia

Para nuestro cuerpo existe un ámbito del saber que cuida nuestra capacidad de movimiento y que se denomina kinesioterapia.

Muchos hemos recurrido a algún fisioterapeuta o especialista en kinesioterapia que domina el arte de restablecernos de un malestar físico en una o varias sesiones.

Si existe la kinesioterapia en el plano corporal y material, debéis saber que, en el plano espiritual, hay también un método con el que tratar nuestra alma: la kenosisterapia.

Esta práctica se denomina así porque su nombre–como la mayoría de los términos médicos– hunde sus raíces en la lengua griega.

Así pues, la kenosisterapia viene de la suma del término ‘kénosis’, que quiere decir ‘vaciamiento, despojamiento’, y de terapia, que significa ‘cuidado’.

Por lo tanto, la kenosisterapia es la práctica que consiste en la atención de nuestra alma vaciándonos, rebajándonos, desposeyéndonos…

¿Cómo funciona esto?

La práctica se basa en la propuesta del gran médico de nuestras almas, el rey de los kenosisterapeutas: Jesús. Él nos dijo: “Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Lc 18,14).

La práctica básica de la kenosisterapia consiste en humillarse, en el sentido de empequeñecerse, rebajarse, espiritualmente. Hablamos del abc de la vida espiritual.

El paralelismo entre la capacidad de rebajarse físicamente y espiritualmente es evidente.

El cuerpo puede entrar en una forma de rigidez que impide a la persona “encogerse”. Se lo escuchamos decir a las personas llegadas a cierta edad: “ya no consigo (o tengo problemas para) agacharme”. El kinesioterapeuta está ahí para dispensarles masajes y cuidados y que recuperen la flexibilidad perdida.

Espiritualmente, tenemos problemas para “encogernos”, para despojarnos de ese orgullo que ha creado en nuestra alma un estado de contracción, de rigidez, que hace que el mínimo movimiento de inclinación sea imposible.

Y cuando intentamos plantear una cuestión o solventar un problema, al torcer la espalda espiritualmente nos duelen “los riñones” que, como sabéis por las antiguas traducciones bíblicas, es el lugar donde Dios pone a prueba a los justos y donde reside la verdad, además de en el corazón: “el Dios justo prueba los corazones y los riñones” (Salmos 7,10).

¡Rebajarse no es menospreciarse!

Un santo (y por tanto un humillado), dijo: “Temo mucho más lo bueno que se diga de mí, porque es falso, que lo malo que se diga de mí, porque es verdadero”. 

Jesús vino para mostrarnos que, lejos de despreciarnos, la humillación, el despojo, el vaciamiento ponen en valor nuestra capacidad de movernos con gran libertad de movimiento.

Así pues, la terapia de kénosis consiste en adoptar la actitud de flexibilidad de Jesús, como subraya san Pablo: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a lo que aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre…” (Flp 2,5-9).

Tomemos consciencia de que nuestro orgullo nos endurece y termina por tensarnos hasta la rigidez cadavérica que percibimos en un cuerpo que está muerto. El orgullo mata en nosotros la vida y vuelve rígida nuestra alma.

Por eso Jesús dijo a quienes quisieran seguirle: “Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt 8,22).

La rigidez cadavérica golpea a quienes quieren elevarse porque crea una tensión para la que no está hecha el alma.

Comprendamos que cuando Jesús dice: “El que a sí mismo se enaltece será humillado”, no habla, contrariamente a lo que creemos, de una sanción, sino de una última tentativa de hacer que la persona recupere su agilidad y reviva.

La mayor parte de nuestra rigidez física —cuando no es de naturaleza traumática— procede de nuestra rigidez espiritual.

Wilfried Stinissen, en su obra Méditation chrétienne profonde, menciona que nuestras tensiones vienen de nuestra negativa a cumplir la voluntad de Dios.

Además, nuestra rigidez espiritual influye sobre nuestro físico y nos predispone a desgarros y traumatismos de todo tipo.

¿En qué consiste una sesión de kenosisterapia?

La grandísima ventaja de esta terapia es que cualquiera de nosotros puede practicarla en el día a día, independientemente del lugar o las circunstancias.

Basta simplemente con aceptar las contrariedades y las humillaciones que se presenten y con aceptarlas como un ungüento para el alma que nos prepara para el masaje salvador.

“Hacen falta muchas humillaciones para lograr un poco de humildad”, dice el sabio. Ciertamente, la humillación puede crear traumatismos si no es consentida. Un veneno puede resultar mortal, pero contiene en sí mismo el antídoto con el que se fabrica la vacuna.

El antídoto de nuestro orgullo está en la humildad. Si Jesús se humilló, si permitió el despojo, fue para que nosotros también pudiéramos aceptar la humillación y el desasimiento.

¡Pero fijémonos que Cristo nunca se menospreció! Para nosotros, la cuestión es la misma. Solamente al rebajarnos, al permitirnos la humillación según su ejemplo, nos obligamos a tomar conciencia profunda del valor real que tenemos y no vivir según la imagen que nos damos a nosotros mismos.

“Eres ante mis ojos precioso”

La aceptación de la humillación nos obliga a descubrir cuál es nuestro auténtico valor y a ojos de quién tenemos valor.

Es la cuestión que plantea el salmista: “¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?” (Salmos 8,5). ¿A ojos de quién somos hermosos y valiosos? A través de Jacob, Dios nos dice: “Te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra” (Is 43,4).

Cuanto más entramos en la profundidad de esta comprensión, de esta consciencia, más estaremos en condiciones de recibir las humillaciones como una gracia, como un camino de conversión que se nos abre gratuitamente.

La kenosisterapia nos devuelve a nuestro lugar del mismo modo que la kinesiterapia devuelve a su estado a los músculos y los nervios.

Catalina de Siena se sometió a una sesión de kenosisterapia en las manos del “Gran Masajista” que es Cristo, cuando comenzó a manifestarse ante ella en la oración: 

“Comprende, hija mía, qué eres tú y quién soy Yo. Si aprendes estas dos cosas, recibirás las bendiciones de lo alto. Tú eres lo que no es; Yo soy el que es por excelencia. Si tu espíritu se penetra profundamente de esta verdad, el enemigo no podrá engañarte y evitarás todas sus acechanzas; nunca consentirás en hacer algo que sea contra mis mandamientos y adquirirás sin dificultad la gracia, la verdad y la paz”.

Una sesión así permite un restablecimiento espiritual para la vida.

¡Estamos borrachos de orgullo cuando en realidad no somos nada!

Pero estamos equivocados sobre la raíz de nuestro orgullo. No proviene del hecho de que no somos nada, sino de que persistimos en no reconocerlo.

La paradoja del “nada” y del “todo”

En las paradojas tan preciadas de la vida espiritual y empujadas a su paroxismo en la vía carmelita, san Juan de la Cruz (Gran Masajista ante el Eterno) maneja con increíble destreza la paradoja del “nada” y “todo”.

Únicamente cuando no somos nada es cuando somos todo…

La kenosisterapia es una terapia del alma destinada a mantenernos en vida, a estar plenamente vivos el día de nuestra muerte, para que podamos vivir y entrar en la vida eterna, según las palabras de Teresa de Lisieux: “Yo no muero, yo entro en la vida…”. Ella ya estaba allí desde aquí abajo.

TRATAMIENTO DE KENOSISTERAPIA

Tratamiento leve

Doctor Francisco de Asís

Una petición al día durante treinta días:

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

Tratamiento de choque

Doctor Juan de la Cruz

Una dosis por semana. No superar la dosis prescrita.

Duración: toda la vida.

Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada.

Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.

Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.

Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.

Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.

Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.

Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.

Para venir del todo al todo,
has de dejarte del todo en todo.

Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.

Porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro.

En esta desnudez halla el alma espiritual su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad.

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