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“Letanías de la humildad”, del cardenal Merry del Val

lauren rushing-CC
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“Dios mío, no soy más que ceniza y polvo”

Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón parecido al tuyo.

(Después de cada frase decir: Líbrame, Señor)

Del deseo de ser alabado,

del deseo de ser honrado,

del deseo de ser aplaudido,

del deseo de ser preferido a otros,

del deseo de ser consultado,

del deseo de ser aceptado,

del temor a ser humillado,

del temor a ser despreciado,

del temor a ser reprendido,

del temor a ser calumniado,

del temor a ser olvidado,

del temor a ser ridiculizado,

del temor a ser injuriado,

del temor a ser rechazado,

(Antes de cada frase decir: Concédeme, Señor, el deseo de…)

que otros sean más amados que yo,

que otros sean más estimados que yo,

que otros crezcan susciten mejor opinión de la gente y yo disminuya,

que otros sean alabados y de mí no se haga caso,

que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,

que otros sean preferidos a mí en todo,

que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda.

De ser desconocido y pobre, Señor, me alegraré,

De estar desprovisto de perfecciones naturales de cuerpo y de espíritu.

… que no se piense en mí,

que se me ocupe en los empleos más bajos,

que ni se dignen usarme,

que no se me pida mi opinión,

que se me deje el último lugar,

que no me hagan cumplidos,

que me reprueben a tiempo y a destiempo,

bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia,

porque suyo es el Reino de los Cielos.

Oración:

Dios mío, no soy más que polvo y ceniza. Reprime los movimientos de orgullo que se elevan en mi alma. Enséñame a despreciarme a mí mismo, Vos que resistís a los soberbios y que dais vuestra gracia a los humildes. Por Jesús, manso y humilde de Corazón. Amén.

¿Quién escribió estas letanías?

El pasado 3 de octubre, el cardenal Pietro Parolin presidió una misa en San Pedro de Roma en memoria de un lejano predecesor en el puesto de secretario de estado del Vaticano con motivo del 150 aniversario de su muerte, el cardenal Rafael Merry del Val.

Secretario de Estado de san Pío X de 1903 a 1914, nació en una familia tan prestigiosa como modesta la del Pontífice. Educado en Inglaterra y en Bélgica, políglota, miembro de la alta aristocracia europea, frecuentaba la élite diplomática del continente.

Su carrera en Roma fue fulgurante. Entró en la Academia de los nobles eclesiásticos, institución que forma a los futuros directivos de la diplomacia vaticana. Obtuvo dos doctorados (filosofía y teología) en la Universidad Pontificia Gregoriana, y una licenciatura en derecho canónico.

Un monje diplomático, cardenal a los 38 años

Fue enviado por el papa León XIII a misiones diplomáticas muy delicadas: el jubileo de la reina Victoria, el diálogo con la Iglesia anglicana o la situación de los católicos de Canadá.

Sacerdote de una gran piedad, conjugó agilidad racional en la Curia y disciplina de vida ascética y monacal. Sus obras de caridad con la juventud desfavorecida de Roma son reconocidas por todos.

Fue secretario del colegio cardenalicio en 1903 durante el cónclave que eligió al casi desconocido Giuseppe Sarto, que tomó el nombre de Pío X y al joven Merry del Val por secretario de Estado.

Rafael fue el primer español que ocupó este prestigioso puesto. Sólo tres años después de ser nombrado obispo se convirtió en cardenal, a los 38 años de edad.

No hacer política y siempre escoger el camino correcto

La historia de las relaciones entre un Papa y su secretario de Estado (verdadero “primer ministro” está tan llena de acontecimientos que el entendimiento armonioso y eficaz que reinó entre ambos hombres destaca como una venturosa excepción.

Sin embargo, la historia no fue amable con la Iglesia bajo el pontificado del papa Pío X, pero la lealtad del cardenal Del Val nunca falló. Leye de 1905 en Francia que privaba a la Iglesia de sus bienes, persecuciones religiosas en Portugal y en América Latina, crisis modernista,… a pesar de las dificultades, la política de la Santa Sede fue la de “no hacer política y siempre escoger el camino derecho”.

Cuando Pío X murió en 1914, fue reemplazado por su sucesor Benedicto XV, quien le nombró secretario de la Congregación del Santo Oficio (equivalente actual al de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe), cargo que ocupó durante 16 años.

Retirado de los asuntos políticos de la Iglesia, el cardenal compuso una bellísima letanía de la humildad que recitaba cada día tras la celebración de la misa:

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