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El superior de los jesuitas: reconciliación entre personas, pueblos y con la Creación

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Reconciliación entre personas, entre pueblos, con Dios, y también con la Creación. Este es el desafío que la Compañía de Jesús debe afrontar en este momento de su historia. El nuevo Superior general de la orden que fundó en 1540 san Ignacio de Loyola, el venezolano Arturo Sosa Abascal, de 68 años, lo explicó durante su primera conferencia de prensa después de su elección del viernes pasado. No se trata de un programa de gobierno, sino la constatación de que (frente a las guerras en curso o la crisis migratoria, frente a la pobreza o la emergencia ecológica) los jesuitas están llamados a «buscar lo imposible» con esperanza, nada más que «una manera de expresar la fe». Y para ello, los jesuitas deben caminar con las dos piernas del «servicio a la fe» y de la «profundidad intelectual».

«Buscar lo imposible», concepto que utilizó el padre Sosa desde la primera homilía en la Iglesia del Jesús, «es la misión de los cristianos». Y al responder a las preguntas de los periodistas aclaró: «es una manera de expresar la fe: quien tiene fe es capaz de esperar lo improbable, la esperanza nos ayuda a hacer lo que esperamos. Cuando analizas el mundo, cuando ves los poderes económicos, los poderes de las armas, del narcotráfico, del tráfico de personas, tan fuertes que parecen imbatibles, parece que no hay nada que hacer, puedes volverte pesimista, y, en cambio, lo improbable es posible: es posible vivir en paz, es posible una economía solidaria, es posible tener estilos de vida que respeten la Creación, tener comida para comer en casa, tener una cosa, una escuela… todo esto es un gran desafío para la Compañía de Jesús, y sin la fe no se hace nada». Esta es la primera de las dos «piernas» con las que caminan los jesuitas. «La otra pierna es la profundidad intelectual», porque para afrontar estos desafíos es necesario «comprender qué sucede, profundizar el conocimiento científico, cultural, personal, pensando y actuando al mismo tiempo».

El padre Sosa precisó: «Todavía no me queda claro ni siquiera a mí cómo gobernaré la Compañía, y no puede serlo, porque la Congregación que me eligió acaba de comenzar, y ahora pasa a la fase deliberativa», con la aprobación de los decretos programáticos y con la elección del gobierno central de la Compañía de Jesús que ayudará al general venezolano: cuatro asistentes «ad providentiam» y un «ammonitore» que se ocupa de vigilar sobre la actividad de gobierno del Superior general, sobre su vida espiritual y también sobre su salud física y mental. «Pero —añadió el padre Sosa—, no se pone en discusión el sentido de nuestra misión, definido claramente después del Concilio Vaticano II: el servicio a la fe y la promoción de la justicia teniendo en cuenta las diversidades culturales y mediante el diálogo». En particular, las prioridades identificadas en 2008 por la congregación general que eligió al predecesor, el padre Adolfo Nicolás, siguen siendo de actualidad, es decir: «el diálogo interreligioso, la cuestión de los refugiados, los flujos migratorios de todos los que cambian de país en busca de una tierra mejor, la crisis económica, la pobreza».

Justamente el padre Nicolás, recordó su sucesor venezolano, al convocar a esta congregación general, que fue preparada por una fase instructoria en las diferentes provincias de los jesuitas de todo el mundo, invitó a identificar cuáles eran los «llamados» que hoy el Señor hace a la Compañía de Jesús. «Todas las congregaciones provinciales enviaron sus respuestas, y, para mí —dijo Sosa—, fue sorprendente que una palabra aparecía prácticamente en todas las respuestas: reconciliación. ¡Reconciliación entre todos en diferentes maneras! En todas las regiones del mundo se percibe esta fractura, esta herida profunda que nos divide, y se siente también frente a graves situaciones: pienso en Venezuela, pero, peor, en Siria, en Irak, en las guerras de las que nadie habla, en las personas obligadas a migrar. No puede existir el Reino de Dios si no nos reconocemos entre nosotros, si no logramos a vivir en paz, si no nos reconciliamos entre nosotros y si no nos reconciliamos con la tierra que corremos el peligro de arruinar. Entonces, este es un gran llamado a la reconciliación, es un grandísimo desafío para nosotros de la Compañía de Jesús que, en compañía de muchos que trabajan con nosotros, podemos contribuir por lo menos con un pequeño esfuerzo: la reconciliación entre seres humanos que al mismo tiempo es reconciliación con Dios y con la Creación».

Durante la conferencia de prensa del nuevo Superior general de los jesuitas, alguno de los periodistas recordaron la expresión que Papa Francisco dirigió a los jóvenes argentinos durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro «¡Hagan lío!». Y el Padre Sosa respondió: «¡De líos, he pasado bastantes, y habrá muchos nuevos! Lo que creo que quería decir el Papa —prosiguió— es que no debemos tener miedo de arrojarnos hasta el fondo en los hechos de los seres humanos, porque la Iglesia, la Compañía de Jesús, no fueron hechas para defenderse a sí mismas de las situaciones difíciles».

El padre Sosa, que habló en español, italiano e inglés («¿Puede responder a esa pregunta en inglés?», «En spanglish», bromeó), comenzó recordando brevemente su elección: «Estoy bien, estoy sereno, muy sorprendido (todavía tengo que acostumbrarme a la idea), y al mismo tiempo muy agradecido al Señor, listo para responder con alegría a este llamado, pero también siento que necesito una gran ayuda: no es una cosa que pueda hacer solo. Esta es la Compañía de Jesús y, entonces, confío en que Jesús se haga cargo de su Compañía, y yo trataré de no poner demasiados obstáculos».

Durante la conferencia de prensa, moderada por el responsable de las comunicaciones de la Curia generalicia, Patrick Mulemi, el padre Federico Lombardi subrayó que el padre Sosa «es el primer Superior no europeo, el primer latinoamericano, aunque los tres Superiores anteriores nacieron en Europa pero vivieron toda su vida en Asia: los horizontes internacionales ya estaban muy claros en las décadas recientes, y ahora tenemos a un representante de América Latina, particularmente significativo con un Papa que también proviene de América Latina».

No faltaron preguntas específicas por parte de los periodistas, como sobre la situación en su natal Venezuela, que el padre Sosa (doctor en Ciencias políticas) estudió durante su carrera académica: «No se puede comprender lo que sucede en Venezuela —subrayó— si no se tiene claro que el país vive de las ganancias del petróleo, y esta renta es administrada directa y exclusivamente por el Estado», es decir una situación que «hace difícil la formación de una sociedad democrática», generando «mucho sufrimiento», que ni «el modelo político del comandante Chávez, y ahora del presidente Maduro», ni la actual oposición parecen capaz de superar, tal y como «la sociedad y el pueblo venezolano quisiera», para dirigirse hacia un «sistema no de renta, que es la única manera de salir de la situación actual».

En cuanto a China, el Padre Sosa recordó que en el país hay una decena de jesuitas que enseñan lenguas, economía o ciencias sociales en las universidades, con la autorización del gobierno central y sin desempeñar ninguna actividad de apostolado. Y también recordó las actividades en Taiwán, Hong Kong y Macao, en donde, por ejemplo, los jesuitas se ocupan de la formación teológica de un centenar de estudiantes.

En el blog de la 36a Congregación general, otro jesuita italiano, Antonio Spadaro (director de la revista «La Civiltà Cattolica»), describió algunos momentos de la elección. Durante la Congregación, «el clima era de silencio y profundo recogimiento interior. Yo le había enseñado el cuadernillo en el que estaba tomando algunas notas. En la tapa estaba grabada una frase de san Ignacio en inglés: “Go forth and set the world on fire”, es decir, “Vayan y den fuego al mundo”. Su comentario había sido: “Sí, pero hoy el mundo está ya en llamas, desgraciadamente en otro sentido”…». Después, durante el momento crucial, «el recuento de los votos indicaba ya que su elección era inminente. Y él estaba tan sereno como antes del comienzo de la votación, como el día anterior… Casi sin pensarlo, extendí el brazo como para consolarlo por el peso que estaba cayendo sobre sus espaldas. Me di cuenta de que lo estaba abrazando. Él, tan sereno como antes, se limitó a balbucear algo así como: «Si hay que comerse la gallina, no queda más que poner a hervir el agua». Y al final, recordó que un día, hablando con el padre Sosa, le dijo que había conocido a Jorge Mario Bergoglio «durante la Congregación General 33, en 1983. Arturo tenía apenas 35 años, era muy joven para ser un “padre congregado”. Bergoglio (que entonces tenía 47) lo veía joven y fuerte. Por eso le puso un apodo: “potrillo”. La recomendación que el papa le ha hecho cuando ha tenido noticia de su elección como general ha sido: “Sé valiente”».

 

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