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El Papa: Las durezas en el corazón nos tiran, «pero Dios nos levanta»

Vatican Insider - publicado el 17/05/16

El Señor siempre da la «dignidad» de volver a levantarse de las caídas de la vida. Es su gracia para los hombres, Pero es necesaria la disponibilidad para abrir el propio corazón duro con «docilidad», la misma de la que habló en la homilía de ayer. Papa Francisco lo afirmó esta mañana en la homilía matutina en la capilla de la Casa Santa Marta.


El Pontífice, según indicó la Radio Vaticana, comentó el pasaje bíblico de la conversión de San Pablo y subrayó que tener fervor por las cosas sagradas no quiere decir tener un corazón abierto a Dios. El Papa Francisco puso el ejemplo de un hombre fervoroso en la fidelidad a los principios de su fe, Pablo de Tarso, pero con el «corazón cerrado», totalmente sordo a Cristo, es más, «de acuerdo» con exterminar a sus secuaces hasta el punto de hacerse autorizar a encadenar a quienes vivían en Damasco.

Todo sucede precisamente a lo largo del camino que lo lleva a esta meta y la de Pablo, afirmó el Papa, se convierte en la «historia de un hombre que deja que Dios le cambie el corazón». Pablo es envuelto por una luz potente, oye una voz que lo llama, cae y se vuelve ciego momentáneamente. «Saulo el fuerte, el seguro, estaba por el suelo», comentó Francisco. Y en esa condición, «comprende su verdad, que no es un hombre como Dios quería, porque Dios nos ha creado a todos nosotros para estar de pie, con la cabeza alta». Sin embargo, la voz del cielo no dice sólo: «¿Por qué me persigues?», sino que invita a Pablo a levantarse.

«‘Levántate y te será dicho’. Tú debes aprender aún. Y cuando comenzó a levantarse —explicó el Pontífice— no podía, porque se dio cuenta de que estaba ciego: en aquel momento había perdido la vista. ‘Y se dejó guiar’: comenzó, el corazón, a abrirse. Así, guiándolo de la mano, los hombres que estaban con él lo condujeron a Damasco y durante tres días permaneció ciego y no tomó alimento ni bebida. Este hombre estaba por el suelo, pero entendió inmediatamente que debía aceptar esta humillación. Precisamente el camino para abrir el corazón es la humillación. Cuando el Señor nos envía humillaciones o permite que vengan las humillaciones es precisamente para esto: para que el corazón se abra, sea dócil, [para que] el corazón se convierta al Señor Jesús».

El corazón de Pablo se ablanda. En aquellos días de soledad y ceguera, cambia su vista interior. Después Dios le envía a Ananías, que le impone las manos y los ojos de Saulo vuelven a ver. Pero hay un aspecto en esta dinámica que – afirmó Francisco–, se debe tener muy en cuenta.

«Recordemos que el protagonista de estas historias —indicó— no son ni los doctores de la ley, ni Esteban, ni Felipe, ni el eunuco, ni Saulo… Es el Espíritu Santo. Protagonista de la Iglesia es el Espíritu Santo que conduce al pueblo de Dios. E inmediatamente se le cayeron de los ojos como dos escamas y recuperó la vista. Se levantó y fue bautizado. La dureza del corazón de Pablo – Saulo, Pablo – llega a ser docilidad al Espíritu Santo».

«Es bello –dijo el Papa al concluir– ver cómo el Señor es capaz de cambiar los corazones», y hacer que «un corazón duro, terco, se transforme en un corazón dócil al Espíritu»:
«Todos nosotros tenemos durezas en el corazón: todos nosotros. Si alguno de ustedes no las tiene, levante la mano, por favor. Todos nosotros. Pidamos al Señor que nos haga ver que estas durezas nos echan al piso. Que nos envíe la gracia y también  – si fuera necesario – las humillaciones para que no permanezcamos en el piso y levantarnos, con la dignidad con la que nos ha creado Dios, es decir, la gracia de un corazón abierto y dócil al Espíritu Santo». 

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