Estamos a pocas semanas de celebrar la Pascua y surge la duda: ¿tengo obligación de comulgar y confesarme para ello? Esta es la respuesta
En pocas semanas celebraremos la Pascua y la Iglesia nos manda comulgar. Alguien dirá: "¿tengo que confesarme también?"
Una expresión de amor
Recordemos que para orientar su vida de fe los cristianos tienen los diez mandamientos de la ley de Dios y también los preceptos o los mandamientos de la Iglesia.
"Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella.
El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo".
(CEC 2041)
La conciencia es la gran brújula, pero la Iglesia también ofrece unas orientaciones generales, los mandamientos que respetar y cumplir.
Es algo que hay que hacer porque es necesario, porque es imprescindible, porque es algo inherente a una realidad, algo que ha de ser consecuencia lógica de un ser y un existir.
Incluso el cumplimiento de una obligación debe verse como una expresión de amor: amor a Dios, amor al prójimo, amor a la patria, amor a uno mismo, etcétera.
Si uno ama verdaderamente, se obliga a algo.
Mandamientos de Dios y de la Iglesia
Habiendo hecho esta aclaración o acotación entremos en materia. Todos estos mandamientos tienen una finalidad ineludible.
Pero también hay que tenerlos en cuenta a la hora de hacer el examen de conciencia como condición indispensable para hacer una buena confesión.
Los mandamientos de la ley de Dios son más o menos conocidos, pero los mandamientos de la Iglesia no lo son tanto, incluso son muy ignorados. Recordémoslos:
1.- Oír misa entera los domingos y demás fiestas de precepto y no realizar trabajos serviles.
2.- Confesar los pecados al menos una vez al año, o en peligro de muerte o si se ha de comulgar estando en situación de pecado grave.
3.- Recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua.
4.- Abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia.
5.- Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.
Confesión previa
En relación con el segundo mandamiento de la Iglesia, todo cristiano, si quiere ser fiel a Jesucristo en la práctica constante, está obligado a confesarse, como mínimo, una vez al año.
"Todo fiel que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar fielmente sus pecados graves al menos una vez al año".

Este segundo mandamiento de la Iglesia está en línea con la actitud de conversión para mantener vigentes las promesas del Bautismo.
¿Por qué o para qué confesarse? El sacramento de la confesión es el sacramento que nos resucita y/o nos mantiene resucitados.
Es decir, la confesión nos permite recuperar la vida sobrenatural o incrementarla y así poder estar en comunión con el Señor resucitado.
Preparar la Comunión
La confesión prepara a la persona para concretar esa comunión comulgando debidamente, es decir comulgar en estado de gracia.
La confesión asegura la debida preparación para la Eucaristía.

¿Cuándo cumplir con este mandamiento de confesarse al menos una vez al año? El católico se debe confesar, ya sea durante la Cuaresma, ya sea durante la Semana Santa, todo de cara a cumplir con el tercer mandamiento de la Iglesia: comulgar por Pascua de resurrección.
Comulgar al menos el domingo de pascua o durante el tiempo pascual es una disposición recogida en el Canon de Derecho Canónico (920, 2) y proclamada en el IV Concilio ecuménico de Letrán.
En relación con este tercer mandamiento de la Iglesia, es necesario recordar que "todo fiel, después de la primera comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año" (Canon de derecho canónico, 920).
Por qué en Pascua
El centro de la vida de la Iglesia es la Eucaristía, la presencia real de Jesús, el Cristo, vivo, resucitado.
La Iglesia une, por ello, las dos realidades centrales de nuestra fe: Eucaristía y resurrección; y por esto promulga este tercer mandamiento que asocia estas realidades.
El tercer mandamiento de la Iglesia garantiza una mínima apertura de la persona a recibir a Jesucristo en relación directa con el tiempo de Pascua, porque se recibe a Jesucristo resucitado.
Por esto el tiempo de Pascua es fuente y eje principal de la liturgia cristiana.
La Iglesia con este tercer mandamiento recalca el infinito valor que tiene la Eucaristía para la vida cristiana.
En efecto, la Eucaristía es "culmen y fuente de todo el culto y de toda la vida cristiana" (Canon de Derecho Canónico, 897).
Es por esto que la Iglesia, como Madre y Maestra que es, quiere que al menos comulguemos en la solemnidad de la Pascua de resurrección o en el tiempo pascual .
Más allá de los mínimos
El hecho de que la Iglesia diga que la confesión sea obligatoria una vez al año o que la comunión eucarística también sea obligatoria una vez al año no significa que los fieles no se deban confesar más veces, las veces que haga falta.
Y ojalá se pueda comulgar igualmente más veces. Lo uno y lo otro es expresión de amor a Dios y de amor a la salvación.
Es muy recomendable la comunión frecuente como un medio seguro para crecer en la amistad con Jesucristo y en la santidad.
Florecer

El tiempo de Pascua es llamado también pascua florida, expresión utilizada por el antiguo catecismo. ¿Y por qué se llamaba así?
Porque la Pascua, en los países donde existen las cuatro estaciones climáticas, coincide con la estación llamada primavera, estación en la que, tras el letargo invernal, la naturaleza se despierta con todo su esplendor de forma repentina.
Así también debe pasar en la vida de todo cristiano: despertar o resucitar con Jesucristo, florecer con Él; que en el cristiano haya esa ‘explosión’ de vida, de luz, de alegría.
De manera pues que hay una feliz coincidencia y una relación directa entre la experiencia de la naturaleza en la primavera y la pascua; la naturaleza muestra lo que debe acontecer en la vida del creyente.












