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Ante una oportunidad no muy ética pero conveniente, ¿qué hacer?

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Alberto Andrei Rosu | Shutterstock

Puede pasar que mis principios sean válidos sólo hasta que la realidad me confronte y tenga que elegir

Carlos Padilla Esteban - publicado el 21/02/22

Cuando empiece a dejar a un lado mis creencias y principios eligiendo lo fácil, no lo bueno, me iré relajando

En la vida es difícil permanecer fiel a mis creencias, a mis principios. Tengo mis normas dentro del corazón. Sé lo que quiero y lo que no quiero.

Tengo claro lo que amo y lo que detesto. He ido construyendo con el paso de los años mis principios, en los que creo.

Se los transmito a los míos. Les muestro lo que es importante en esta vida, al menos aquello en lo que yo creo.

Pero no siempre es tan fácil permanecer fiel a aquello en lo que creo. No siempre estará bien visto y me juzgarán por ello.

No siempre seré capaz de mantenerme fiel a aquello en lo que creo cuando esa fidelidad me perjudique y haga daño.

La realidad cuestiona

Podría enumerar mis principios. Quisiera que fueran una roca sobre la que construir mi vida.

Pero en ocasiones me veo transando, contemporizando, dejando a un lado mi fe para hacer frente a la realidad, tiene tanta fuerza…

Una persona defiende la vida atacando el aborto. Súbitamente su hija se queda embarazada. Deciden mantenerse fieles a sus principios.

Una persona cree que la vida es un don que nunca se puede quitar. Hasta que un ser querido se encuentra ante el dilema de la eutanasia. Opta por la vida.

Una persona no puede quedarse embarazada. Y no quiere usar cualquier método para tener un hijo. Un hijo siempre es un don, algo gratuito.

Elecciones difíciles

Puede pasar que mis principios sean válidos sólo hasta que la realidad me confronte y tenga que elegir.

Entonces ¿elijo lo que me conviene o aquello en lo que realmente creo? ¿Opto por lo que es más fácil?

La elección difícil implica mucho sacrificio. ¿Seré fuerte?

Ser fiel a mis creencias, a mis principios, no parece tan fácil. El mundo en el que vivo me cuestiona.

Y siento que podría renunciar a algunos de esos principios y seguir siendo feliz. ¿Es eso lo que quiero?

Es difícil ser fiel…

No es tan sencillo ser fiel a mí mismo y fiel a aquello que Dios ha sembrado en mi corazón. Fiel a mi fe en un mundo que me cuestiona, donde me siento atacado a menudo.

¿Estoy dispuesto a poner la honestidad como principio en mi vida?

Puede surgir una oportunidad no muy ética, pero que me conviene. ¿Qué hago?

No quiero ser como el resto, pero me asemejo demasiado. Tengo las mismas tentaciones, me resulta igual de agradable el bien que se me ofrece.

Sólo tengo que dar un paso, dejar a un lado algunos de mis principios. Me conviene.

La lección de David en la Biblia

Como al rey David. La Biblia relata que podía librarse de su enemigo Saúl, de ese rey que quería matarlo. Y así el mismo ser coronado como rey sin más dilación.

¿Es eso lo que David quería? Le conviene, pero no lo elige. Opta por la honestidad, por la verdad, por lo que es justo. Aunque algunos me tienten como a David sus amigos:

«Abisay dijo a David: – Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada; no hará falta repetir el golpe. Pero David replicó: – ¡No lo mates!, que no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor».

Lo que pasa cuando cedo

Me tientan con el camino fácil. ¿Por qué son tan importantes mis creencias, mis principios?

Creo que cuando empiece a dejar a un lado mis creencias y principios eligiendo lo fácil, no lo bueno, me iré relajando.

Me importará cada vez menos dar nuevos pasos. Iré poco a poco dejándome llevar por la comodidad, por lo fácil.

Elegiré lo que me conviene, no lo que es justo. Haré lo que me beneficia, aunque perjudique a otros.

Mis principios dejarán de ser los que manden. Ya no elegiré yo, elegirán otros por mí y me iré haciendo inmune al bien, a la misericordia, a la justicia, a la honestidad.

Ya no tendré principios sólidos sobre los que asentar mi vida. No seré una personalidad recia como decía el padre José Kentenich:

«Nuestros jefes han de ser hombres de ideas firmes. Una forma puede cambiar, ser en el presente de una manera y en el futuro de otra. Si ya no hay hombres que puedan distinguir entre forma e idea, cuando las formas se disuelvan se acabará por abandonar fácilmente todo».

J. Kentenich, Kentenich Reader Tomo II

Hay cosas que no deben cambiar

Las formas son el cauce de la idea. Podrán cambiar las formas, pero la idea se mantiene firme dentro del alma.

El principio fundamenta mi vida. La creencia les da estabilidad a mis aguas. ¿Cómo es de sólida mi fe? ¿Cómo son de sólidos mis principios?

Quiero ser fiel a aquello en lo que creo. Las circunstancias podrán cambiar. Cambiaré también yo con el paso de los años.

Pero no quiero perder mi pasión por aquello en lo que creo. No quiero olvidarme lo fundamental.

No quiero dejar de creer en aquello que me ha permitido ser de una determinada manera.

Aunque esa fidelidad me perjudique, deje de ganar lo que yo deseo, o tenga que quedarme solo o ser incomprendido.

No dejarme llevar por la masa es más difícil que seguir el camino que todos señalan como bueno.

¿Cómo ha cimentado Dios dentro de mí esas creencias y principios que me constituyen?

Es Él el que me ha hecho de esta manera y ha sembrado dentro de mí ese anhelo de santidad y de seguir siempre sus pasos.

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