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Cuando sufres infertilidad: 10 consejos que pueden ayudar

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Elizabeth Kirk - publicado el 01/07/14

Cuando cada mes la naturaleza te da una triste noticia...

A pesar de estar en boga una sobreexposición de los detalles más íntimos de la vida de las personas, la infertilidad sigue siendo un sufrimiento silencioso. Pero no es algo que deba ser ignorado.

El dolor de la infertilidad es diferente de otros sufrimientos: como nuestros cuerpos llevan en sí el potencial de la maternidad y de la paternidad, la infertilidad hiere la propia concepción de femineidad o de masculinidad.

La mujer infértil tiene útero, pero ninguna criatura anida en él. Tiene senos, pero estos no amamantarán a un hijo. La esterilidad del hombre puede llevarle a sentirse inseguro en su masculinidad y a sufrir profundamente por la imposibilidad de engendrar una familia.

Y como los niños son el signo visible del amor conyugal que literalmente vuelve a marido y mujer un solo cuerpo, la infertilidad puede herir el núcleo del matrimonio. Y como hombres y mujeres no se comunican de la misma forma: sus diferentes formas de lidiar con el sufrimiento pueden forzar el matrimonio hasta el punto de romperlo.

¿Cómo enfrentar la infertilidad sin recurrir a la Fecundación in Vitro (FIV)?

¿O qué hacer si ya recurrió usted a la FIV, pero, por causa del bajo índice de éxito de esta técnica, aún así no consigue tener hijos?

Yo no soy médico. Yo sólo he sufrido este mismo sufrimiento y humildemente comparto algunos consejos que realmente me ayudaron a mi y a mi marido.

1) Siga un buen tratamiento médico

Muchas veces, la infertilidad puede ser signo de un problema general. Siempre vale la pena acudir al médico que nos puede revelar problemas de salud de forma más rigurosa que el examen típico para la FIV puede no identificar.

Yo busqué tratamiento a través de la Naprotecnología y de la inmunología reproductiva. Identifiqué condiciones subyacentes que afectan a mi estado general de salud y no simplemente mi fertilidad: son condiciones tratables y controlables.

Pregunta a tu médico: «¿Cómo puede ayudarme a ser una persona saludable, independientemente de que conciba o no un bebé?». Si el médico no estuviera interesado en prestar este tipo de cuidados, busque otro.




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2) Cuídate

Es fácil dejarse envolver por una visión médica focalizada solamente en la infertilidad y descuidarse. Apuesta por una vida saludable: coma alimentos nutritivos; toma suplementos adecuados; haz ejercicio y duerme.

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3) Ama a tu esposo o esposa

La infertilidad presiona intensamente al matrimonio y su intimidad. Así como la contracepción y la pornografía reducen al cónyuge a un objeto de placer, el foco exagerado en la fertilidad reduce al cónyuge a un mero medio para tener hijos.

No descuiden su matrimonio por causa de un intenso deseo de tener hijos. Antes, haga de la infertilidad una ocasión para aceptar del cónyuge con todas sus fragilidades y franquezas. Ámense. Concéntrense en sus intereses comunes y en su “amistad conyugal”. Protejan su intimidad.

4) Compartan su carga pesada

La infertilidad es silenciosa y solitaria e impone cargas diferentes a hombres y mujeres. Busque consejo profesional, psicológico, espiritual, de grupos de apoyo o de amigos próximos: no tenga miedo de buscar apoyo externo. Al mismo tiempo, den apoyo a los demás, que agradecerán su compañía y se pueden beneficiar con las lecciones que usted aprendió a lo largo del camino.

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5) Protejan su corazón

La infertilidad puede ser dolorosamente recordada en situaciones cotidianas. Escuchar a mujeres que se quejan de estar embarazadas, por ejemplo, puede evocar cruelmente la experiencia que tal vez nunca tengamos. O escuchar a un  amigo planear el próximo hijo, como si quedarse embarazada fuese fácil para todas; o a una amiga declarando que está «agotada» por el trabajo que dan los hijos, cuando usted no tiene la oportunidad de comenzar…

Puede ser difícil asistir a baños de bebés o incluso acercarse a niños pequeños. Descubre tus límites y protege tu corazón con antelación. Puede ser necesario evitar a ciertas personas o situaciones, especialmente en los momentos más difíciles del día.
6) Educa a los demás

Puede ser útil compartir su situación y ayudar a las personas a ser más sensibles a este sufrimiento y a que apoyen a quien lo sufre. Puedes, por ejemplo, compartir parte de tu sufrimiento con amigos íntimos con quien compartes el día a día; también hablar con el médico sobre las razones por las que ustedes no quieren optar por la FIV o pedir a su párroco que realice una intención de la liturgia por quienes sufren la infertilidad…

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7) Reza

Aún deseando mucho el don de un hijo, yo dudaba, en el fondo, en implorar de Dios esa gracia. Tenía tantas bendiciones en otras áreas de la vida, como el matrimonio y la familia, que creía egoísta pedir gracias adicionales.

En cierto momento crítico, tuve la felicidad de conversar con un obispo sabio sobre nuestra lucha. De forma muy suave y paternal, él me alertó contra la desesperación y aconsejó: «Nunca deje de pedir a Dios cualquier cosa que necesite. Él no le rechazará».

El obispo tenía razón. Dios no me negó los dones que yo más necesitaba: aceptación, paz y alegría.

También encontré consuelo al meditar las Escrituras, especialmente los pasajes sobre las mujeres estériles de la Biblia y sobre el testimonio de perseverancia en la oración. Leer la vida de algunos santos también me fue útil.

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8) Valora el papel del sufrimiento

Es muy fácil que la infertilidad le transforme en una persona amarga y triste, contagiando su matrimonio y su fe. Yo tomé la decisión de no ser infeliz y tuve la gracia de entender que Dios no quería eso para mí. Yo quería un matrimonio feliz.

Quería mirar a los niños con alegría, no con resentimiento o envidia. Medité sobre el papel del sufrimiento en nuestra vida y sobre cómo lidiar con él, fuese en forma de infertilidad, fuese en forma de cualquier otra cosa (¡y siempre hay alguna cosa!).

Reconocí que, en vez de huir del sufrimiento o dejar que éste defina mi vida, yo necesitaba practicar la gratitud y el amor altruista. En su encíclica sobre la esperanza, “Spe salvi”, el papa emérito Benedicto XVI resumió: «No es evitando el sufrimiento o huyendo de él como nos curamos, sino aceptándolo, madurando a través de él y encontrando sentido a través de la unión con Cristo, que sufrió con infinito amor».

9) Ten esperanza

Es un desafío particular cuando los ciclos menstruales se transforman en ciclos continuos de esperanza y decepción, todos los meses…

Josef Pieper nos recuerda que la esperanza no es la «presuntuosa anticipación de una realización», sino «el poder de aceptar pacientemente un ‘aún no’». Benedicto XVI, también en la “Spe salvi”, dice: «Es esperanza, pero no cumplimiento; la esperanza nos da el valor de ponernos del lado del bien, incluso en situaciones aparentemente sin esperanza…».

Yo aprendí, además, que al esperar un bien que puede no venir, yo estoy abierta a bienes que nunca podría imaginar que vinieran. ¡Déjese sorprender por la esperanza!
10) Ábrase a otras maneras de ser «fértil»

Todos los matrimonios están llamados a ser fecundos, aunque esto no sea posible en el sentido biológico. La infertilidad es una ocasión para descubrir en nosotros otros modos de realizar el deseo de cuidar de los demás.

Las formas no son iguales para todos. Usted puede adoptar o ayudar en un orfanato. Hay quien descubre otras vocaciones, como cuidar de personas mayores, pobres o enfermas, o realizar trabajos misioneros.

Son vocaciones que pueden ser incompatibles con la educación de hijos propios. En nuestro caso, optamos por la adopción. De ella hablaremos en otro artículo, pero adelanto: al descubrir nuestra vocación de padres adoptivos, mi marido y yo acabamos estando agradecidos por nuestra infertilidad biológica.


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La Fecundación in vitro no es la solución

Nada cura completamente el dolor de la infertilidad. La fertilización in vitro (FIV) se presenta como una esperanza para los cónyuges que padecen ese dolor pero el profundo dolor de la infertilidad y el deseo bueno y natural de tener hijos no legitiman el uso de cualquier medio para curar ese dolor y satisfacer ese deseo.

Esta fue la dolorosa verdad escrita en mi primer artículo: algunos recursos como la FIV provocan daños colaterales demasiado altos. Las reacciones al texto fueron variadas. Muchos lectores me escribieron agradeciendo por las aclaraciones sobre los desafíos morales implicados en la FIV. Otros escribieron sorprendidos, diciendo que no conocían algunos de los aspectos más problemáticos de la FIV.

Algunos preguntaron si esta práctica sería aceptable si prescindiese del diagnóstico genético preimplantatorio, de la reducción selectiva y de la conservación de embriones sobrantes: esto eliminaría algunas de las objeciones más graves, pero quedarían otras también muy serias.

En medio de todo eso, vemos a la industria multimillonaria del aborto y de la eugenesia, entre cuyas consecuencias están las centenas de miles de pequeñas vidas almacenadas en congeladores como si fueran “cosas”.

Algunos lectores me escribieron indignados, o incluso con rabia, a causa de mi crítica a un procedimiento que a ellos les trajo esperanza y que, en algunos casos, terminó en el nacimiento del tan esperado y deseado hijo.

Parece imposible, al final, decir que alguien comete un error al recurrir a la FIV por desear profundamente un hijo. Pero criticar la fertilización in vitro no equivale, en absoluto, a sugerir que los niños concebidos a través de esa técnica no sean «hijos de Dios» o no tengan dignidad humana.

Ellos son deseados y queridos por encima de toda medida, como todos los niños deben serlo. La historia humana está repleta de situaciones cuestionables de concepción: la dignidad del niño nunca disminuye por causa de esto. Pero las situaciones cuestionables son, precisamente, cuestionables. Y este hecho debe reconocerse.

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