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Alex fue drogadicto y hoy es un “recuperapersonas”

EINES
Associació Eines
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Cayó en el alcohol pero con ayuda pudo remontar. Hoy Álex es terapeuta y dirige un centro de atención a drogodependientes: quiere evitar a otros el sufrimiento que padeció e hizo padecer.

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

“Mi papá es un recuperapersonas“. Es lo que dijo recientemente Pedro, su hijo, cuando le preguntaron qué profesión tenía su padre. Álex Florensa dirige hoy el centro de atención a drogodependientes Eines, en Sant Cugat del Vallès (Barcelona, España).

“No quiero que mis padres vuelvan a sufrir”

Ha llegado hasta aquí porque conoce bien esa situación: “Soy exdrogadicto, porque el alcohol es también una adicción, y entiendo que ahora mi misión es ayudar a que otras personas no sufran por culpa de la adicción: ni ellas ni sus familias”. Álex repite como mantras:

“No quiero que mis padres vuelvan a sufrir todo lo que les hice sufrir”.

“Solo con que una persona salga de la droga, ya habrá valido la pena mi trabajo de ahora”.

No son una. Ya son 13 personas rehabilitadas desde que empezó, y este año “si todo va bien, daremos el alta a otras 7”.

Un chico de la zona alta de Barcelona

La historia de la adicción de Álex comienza de una forma casi imperceptible. Es un chico del barrio de Sarriá, en la zona alta de Barcelona. Sus padres tienen un restaurante muy conocido, El Vell Sarrià, él va a un colegio privado religioso y asiste a las actividades de un grupo juvenil. Tiene dos hermanas.

“Me hice alcohólico de fin de semana”

Comencé a consumir a los 15 años. Me daba cuenta de que salía con mis amigos y ellos bebían un par de cervezas y paraban, mientras que yo seguía y me tomaba una litrona“. Trabajaba en el negocio familiar “y yo me presentaba borracho. No tenía control. Así me hice alcohólico de fin de semana sin llamarme alcohólico, por supuesto”.

En el servicio militar, a los 18 años, probó la cocaína. “Era alpinista en Jaca, en el Pirineo aragonés, y un día que había bebido, alguien me ofreció cocaína para estar despierto cuando pasaran revista. La coca me funcionó y en vez de pensar que eso era mil veces más potente y me hacía daño, mi cerebro me dijo que había encontrado un aliado para sacarme de apuros”.

“Te vuelves un enfermo mental”

“Eso -explica hoy Álex- es la gran mentira de la adicción: tú te vuelves un enfermo mental y tu cerebro no razona bien sino que te engaña y te da argumentos falsos para justificarte”.

“Yo no aceptaba que tenía un problema”, se lamenta. “La adicción es una enfermedad mental, por mucho que duela decir ese nombre”.

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Álex Florensa da conferencias sobre las adicciones.

Acabada la mili, estudia y trabaja, y es capaz de tolerar 4 cubatas de golpe: “Me sentía orgulloso de ello”.

Un casino en el sur de Francia

El padre de Álex le ofrece entonces la posibilidad de ir a vivir al sur de Francia, donde abrirán un casino en Aix-les-Thermes, cerca de Pas de la Casa. Él trabaja allí de mecánico de máquinas tragaperras, entre los 23 y los 28 años. El ambiente de la noche, una vez más, lo engulle. Bebe sin control. “En Francia, además, es común hacer el aperitivo con un Pastis, y yo de buena mañana ya iba cargado“.

Hizo de barman, de croupier, de relaciones públicas, de profesor de bailes de salón… Era simpático. “A los 25 años tenía muchas cosas, pero era un idiota. Perdí los valores de mis padres. Gané dinero pero nada más. Perdí la novia”.

“Huí regresando a Barcelona”

A los 28, recuerda, “no era feliz y quise huir de todo aquello. Así que huí regresando a Barcelona”. Ya es un adicto al alcohol pero él cree que “controla” la situación: “El primer mes no bebí, me apunté a una liguilla de fútbol, encontré otra novia… todo parecía encauzado, hasta que a los 9 meses me ofrecieron trabajo en una radio“.

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En la Transeines, con pacientes, voluntarios y familiares.

En la radio, de nuevo la vida social y el alcohol

El programa se llamaba “Más se perdió en Cuba” y era de humor. Lo pasaba en grande, pero eso me llevó de nuevo a la vida social y a la noche. Necesitaba consumir cada día y me di a la cerveza“.

Aquel regreso a Barcelona fue más amargo para su familia y sus amigos que la etapa anterior.

Lo peor de dejar las drogas

“¿Sabes qué es lo peor de dejar las drogas?”, me pregunta Álex en un momento de la entrevista. “Los recuerdos de todas las cosas malas que has hecho”.

“No se me podía decir nada. Mi novia me dejó. Con la familia buscaba la excusa para dar el portazo y salir a consumir. Se lo he hecho pasar muy mal a mis padres y a mis hermanas“.

“A mí nadie me dice lo que debo hacer”

El camino al infierno de la adicción se hizo cada vez más veloz: “Tenía dinero pero robaba botellas en el restaurante de mis padres, debía dinero a los bancos, mentía, manipulaba. Dejé de salir con chicas o solo salía con las que bebían. Mi pensamiento era ‘a mí nadie me dice lo que debo hacer’“.

“Realmente no era yo. La adicción altera la conducta y hace que el adicto se mueva por impulsos. Yo era un enfermo mental, porque la adicción es una enfermedad mental”.

Llegó un punto en que el deterioro físico y mental era absoluto: “Tomaba 20 cañas de cerveza, bebía, dormía, vomitaba sangre… No controlaba mi vida en absoluto”.

Le quitaron el carné de conducir dos veces, estuvo detenido pero salía y recaía al instante, “me dejé caducar el carné, la ropa se pudría dentro de la lavadora, pinché el cable de la electricidad a un vecino, estuve 4 meses sin ducharme… y dejé de comer”.

Al borde de la muerte

Según comentó un médico después, el estado de Álex en aquel momento era tan lamentable que, de no haber hecho nada para remediarlo, habría muerto en dos semanas. “La adicción -dice él- es capaz de hacerte perder todo, hasta la vida”.

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Dirigiendo una terapia de grupo en la sede de Eines.

“Déjate ayudar”

“Pero un día se presentaron en casa dos amigos y mis padres. Me suplicaron: ‘déjate ayudar’. Y me encontré atrapado, así que dije sí”.

Tres meses y medio de encierro

Fueron necesarios entonces 4 años de tratamiento, primero en el centro Hipócrates de Seva. Lejos de todo. “Estuve 3 meses y medio encerrado, en los que tuve que aprender a escribir, a hacer caligrafía, a leer cada día, a reaprenderlo todo. El deporte me ayudó mucho”.

Volvió a casa consciente de la enfermedad mental que padecía y “me tuve que dedicar a saber quién era yo”.

Álex, que era hijo de empresario, que lo había tenido todo, tenía que empezar de cero, con el añadido de que padecía una enfermedad que iba a amenazarle toda la vida. Hay que ser muy valiente y muy fuerte para reconstruirse. Y hay que dejarse ayudar y dejarse querer: “La llamada del veterano es importante cuando te entran ganas de beber, por ejemplo”.

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El deporte es clave en la terapia de rehabilitación que emplea Álex Florensa.

Hay que seguir adelante: la segunda vida de Álex

El 25 de enero de 2011 Álex recibió el alta médica y desde entonces “soy un drogadicto rehabilitado”, dice. De eso hace ya 9 años.

En cuanto al amor, no se sentía digno de ser amado ni de amar a nadie. “¿Qué podía dar yo a una mujer? ¿Qué familia podría sostener?”, se decía. Pero se puso a trabajar como vigilante de comedor y de patio en un colegio de su barrio de siempre. Y allí apareció Marta, una profesora de ciclos formativos para adultos. Se conocían de años atrás. “Marta confió en mí, y se negó a hacer caso de mis miedos”.

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Decidió entonces formarse como preparador personal, y después estudió un máster en Drogodependencias y un segundo máster en Psicología Clínica.

De su proceso de rehabilitación recuerda una frase que se le grabó: “Florensa, utiliza las herramientas”. Y de ahí que hoy Álex tenga en marcha un centro de ayuda a drogodependientes que se llama Eines, “herramientas” en catalán.

Aplica el método de terapia cognitivo-conductual y el deporte para reflotar a adictos a las drogas y al alcohol (también droga). En Eines hoy hay 25 pacientes, de los que 10 acuden al centro de día y viven en sus respectivas casas.

Eines está junto a la montaña de Collserola y el deporte tanto puede hacerse en el gimnasio del centro como al aire libre en ese entorno natural, a pocos kilómetros de Barcelona.

Los pacientes tienen terapia grupal, hacen puzzles, maquetas, juegan al ajedrez, leen… y se saben atendidos por profesionales y por alguien que conoce bien su situación porque la ha vivido en primera persona. El ejemplo de Álex les aporta fuerza para luchar.

Una ruta a pie con sus pacientes

Álex quiere que su experiencia de superación pueda dar esperanza a personas y familias que se enfrentan a la adicción. Desde 2018, cada verano pone en marcha la ruta Transeines. Con ella, durante un mes los pacientes recorren cada día a pie un tramo de la geografía catalana. En muchos pueblos por donde pasan, da conferencias sobre las adicciones. Ya hay fechas para la Transeines 2020: del 21 de agosto al 21 de septiembre.

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Algunos pacientes, amigos y equipo de la asociación en la Transeines.

Para Álex es un modo de contribuir eficazmente a la lucha contra las drogas y el alcoholismo, “sin olvidar los pueblos pequeños, donde no hay diversión y los jóvenes se ven abocados a la bebida y al consumo de drogas. Lo vi al vivir en Francia y lo tengo muy presente”.

La rehabilitación ha devuelto la felicidad a Álex, que hoy tiene una familia con Marta y con los pequeños Jana y Pedro.

“Soy rico”, se dice a sí mismo cada mañana. “Al salir de casa, cuando voy por la calle, pienso que han pintado las calles para mí”. Ser “recuperapersonas” le hace grande.

 

 

 

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