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Los niños necesitan ser felices en el aula, no perfectos

SCHOOL
Wavebreakmedia - Shutterstock
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Buscar la calidad y la excelencia en la educación no ha de olvidar lo más importante: queremos que los niños sean personas buenas.

¿Qué prefieren los padres cuando piensan en la educación de los hijos? Todos buscan la mejor escuela, la que se adapta a sus objetivos en la vida, la que sigue sus mismos criterios.

¿Qué es lo mejor para los hijos?

Los padres quieren siempre lo mejor para los hijos. ¿Ese “mejor” significa que han de ser perfectos, que han de sacar un 10 en todas las materias?

Obsesionarse con las notas académicas y solo fijarse en ese aspecto de la educación en el colegio puede llevar a que olvidemos aspectos mucho más importantes.

ALBERT EINSTEIN
Wikipedia PD
Albert Einstein. Cuando era niño, sus profesores llegaron a pensar que este genio científico era mentalmente discapacitado y más tarde incluso suspendió sus exámenes de ingreso a la universidad. Luego ganó el Premio Nobel de Física y desarrolló teorías que cambiarían nuestra comprensión del mundo.

El caso de Albert Einstein es de libro. Le gustaba reflexionar pero le costaba mucho aprender los datos de memoria. Y no le gustaba el deporte, algo que lo apartaba de los compañeros. Es conocida la frase de un profesor suyo: “Este muchacho nunca llegará a nada”. Craso error.

Atender al niño en todas sus facetas

Maria Montessori, una de las grandes pedagogas de la Historia, promovía la idea de que la educación es un todo, que atiende al niño en todas sus facetas y sirve para formar a los ciudadanos del mañana.

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Se refería a contemplar al niño en todos sus aspectos. Por eso las notas no lo son todo. Es posible que en el aula un niño sea brillante pero ese no es el cometido principal del profesor. Lo que pretende el profesor es que cada uno de sus alumnos llegue a ser el máximo de lo que pueda ser con respecto a sí mismo, no en relación a los demás.

Por eso la buena escuela no fomenta la competitividad para que unos alumnos pisoteen a los otros, sino la competitividad para que cada alumno se rete a sí mismo y se supere a diario. Y, algo muy importante, que lo haga con alegría.

El profesor, explicaba Montessori, no ha de intervenir cuando ve que el niño detecta que puede lograr un triunfo. Que lo haga él solo, es buen paso para que crezca y madure.

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El niño que va contento a la escuela

El aula ha de mostrarse al niño como un lugar feliz, en el que aprende, se desarrolla y se sabe querido. El aula ha de ser una extensión de los valores de la familia, que le permite ponerlos en práctica en relación con otros alumnos y con los maestros. Así va creciendo en autoestima y se despierta en él la motivación trascendental: hacia el resto de la sociedad y hacia Dios.

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Shutterstock

Así, también pasa a ser importante dar los buenos días, acompañar a otro niño, jugar respetando las reglas o dejar el material que se usa en buen estado para que otros puedan emplearlo después.

Calidad y excelencia bien entendidas

La educación de calidad es algo que nos importa a todos.

Hablar de excelencia en la educación es adecuado cuando se trata de “excelencia” en cuanto a la consideración del niño en su globalidad. No es positivo hablar de “excelencia” si solo se refiere a fomentar la rivalidad y a prepararse para una sociedad agresiva fomentando la agresividad en los planteamientos educativos.

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Pressmaster - Shutterstock

La excelencia no ha de entenderse como un “cumplimiento absoluto del deber”. En la educación, el deber es solo una parte, pero también hay otros ámbitos a cultivar. Sin olvidar que el propio deber se hace más fácil de cumplir cuando se entiende su sentido. Un niño cumple más sus obligaciones cuando se lo exige alguien que lo quiere y cuando se le explica -de forma adecuada a cada edad- por qué razón hay que cumplir una norma.

Cada uno a su nivel

Aspirar a ser el alumno 10 es peligroso si hace que el niño vea a los demás como rivales. Es mucho mejor educar al niño para que se motive a sacar su propio 10: a que conozca sus talentos y los haga rendir al máximo (dentro de sus posibilidades) sabiendo que eso lo lleva a la plenitud como persona. Eso pasa por cultivar en él los valores: la lealtad, la alegría, la reciedumbre, la puntualidad, el espíritu de servicio, la generosidad, la sinceridad… 

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Shutterstock | DGLimages

Las calificaciones tienen un peso importante, porque con ellas el niño podrá acceder a la Universidad o tendrá una valoración para determinado trabajo. Pero no podemos olvidar que en el “currículum” personal cada uno de nosotros lleva muchos otros aspectos. Son esenciales para la sociedad: el carácter, la inteligencia emocional, las habilidades sociales… Y por encima de eso, los valores por lo que uno se rige en la vida.

La función de los padres está en que el niño vea que no solo valoran las notas sino mucho más. Decía al respecto Montessori:

“La alegría, sentir la propia valía, ser apreciado y amado por otros, sentirse útil y capaz de producir, son factores de gran valor para el alma humana”.

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