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¿Por qué los alumnos de hoy tienen más estrés que los de hace 20 años?

SCHOOL
Pascal Deloche / GODONG
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La influencia de las redes sociales, el recrudecimiento del ciberacoso y la amenaza del terrorismo son fuentes de estrés para la generación más joven, que se está preparando para volver a la escuela. Debido a que el mundo escolar ha cambiado a lo largo de los años, el regreso de nuestros hijos a la escuela no se parece en nada a lo que nosotros vivíamos hace unas décadas. Aquí hay algunas maneras de prepararnos para ello, y sobre todo, para apoyar a los hijos.

¿Recuerdas tus preocupaciones cuando se acercaba la vuelta al colegio después del verano? Si te pondrías el jersey de pico o de cuello redondo con el pantalón vaquero o con falda, si habías elegido bien el color de tu mochila Eastpack y de tu estuche, si haría buen tiempo para llevar tus zapatos nuevos y encerados y si podría camuflar bien los granos con algo de maquillaje.

Tu mayor tesoro tecnológico era un tamagochi. Hoy es un IPhone 8. Rezabas para estar en la misma clase que tu mejor amiga, para no tener dos horas seguidas de matemáticas y para que hubieran terminado las obras en el patio y poder retomar los entrenamientos de voleibol.

Hoy en día, los niños y adolescentes se enfrentan a problemas mucho más estresantes y de importantes repercusiones.

De ahí la necesidad de estar preparados, de establecer un diálogo con los hijos y de ofrecer un acompañamiento atento y benévolo.

Las redes sociales o la exigencia de la perfección

En el pasado, las actrices o modelos que desfilaban en las pasarelas eran la imagen misma de la perfección física, pero nadie en el colegio se parecía a ellas.

Hoy, por medio de filtros, maquillaje o retoques digitales, las fotos de algunas adolescentes publicadas en Instagram parecen proceder directamente de revistas femeninas.

Esto puede crear en los niños un fuerte sentimiento de insuficiencia, inferioridad, y resultar en un malestar real.

La búsqueda de la aprobación social, de la perfección física, de la popularidad, crea una emulación malsana que puede llegar a ser fatal si no animamos a los niños a ver las cosas con una mejor perspectiva.

Porque pronto llegará el día en que tu hijo o hija se cree su perfil de Facebook, una cuenta de Snapchat o de Instagram.

Adviérteles de que las imágenes no reflejan la realidad. Son solo un momento en la vida de alguien. Están modificadas, retocadas.

No subestimes las redes sociales como si fueran un pasatiempo virtual banal. No se trata de una cuestión exclusivamente virtual: las interacciones en la Red tienen consecuencias en la vida real.

De ahí la necesidad de prestar atención al comportamiento de los hijos, de estar vigilantes con el tiempo que pasan en los medios sociales, con su grado de adicción, con las cuentas en las que están inscritos.

Hazles preguntas, interésate por lo que leen o publican. Así acompañarás a tu hijo o hija con más seguridad por los recovecos de la red.

El ciberacoso o la amenaza perpetua

Desde siempre ha habido intimidación, insultos y burlas en las escuelas. Sin embargo, paraban una vez que el estudiante regresaba a su casa.

Con el acoso cibernético, que hostiga a la persona a través del móvil o los medios sociales, la presión se vuelve permanente.

Fotos humillantes, difusión de rumores, robo de identidad digital, difamación colectiva, amenazas físicas, contactos insistentes, sexting… son medios perversos que pueden destruir profundamente a un estudiante, quizás con más eficacia que una extorsión en la calle o incluso una paliza.

Debido a su persistencia en el tiempo, el ciberacoso logra involucrar a la comunidad y no ofrece ningún respiro a la víctima, aunque se encierre a cal y canto en su habitación.

Porque está avergonzado y no quiere hablar de ello, el niño no siempre se atreve a confiar sus problemas a sus padres. Sobre todo si considera que sus padres no entienden el mundo de las herramientas digitales.

Uno de los factores de la soledad en los adolescentes es que por primera vez en la historia de la humanidad, la generación más joven posee un conocimiento y dominio, en términos de herramientas digitales, superior a la generación que se supone que debe enseñarles su uso.

La clave: formarse, informarse, utilizar las nuevas tecnologías para entender a qué se enfrenta tu hijo y poder ser un interlocutor relevante y creíble. De este modo, podrás detectar mejor las premisas del ciberacoso y reaccionar a tiempo.

Al mismo tiempo, es necesario estar atento a las señales de alerta: menor rendimiento escolar o abandono, molestia estomacal, dolor de cabeza, pérdida de autoestima, malestar profundo…

El terrorismo o el advenimiento de una nueva forma de vida

¡Quedan ya lejos los tiempos en los que se tomaban a la ligera las alertas de incendio! En Francia, ya desde el jardín de infancia, los niños realizan ejercicios de seguridad anti-intrusión, en caso de que algún individuo malintencionado acceda a la escuela.

Mientras que nosotros bajábamos alegremente las escaleras del centro, felicísimos de escapar de los últimos minutos de la clase de biología, los niños de hoy aprenden a atrincherarse en las aulas usando mesas y sillas, a tumbarse en el suelo o a escapar en absoluto silencio.

Es inútil mentir a los hijos. Con el tema de los atentados, es importante conversar con los hijos sobre el terrorismo y las medidas adoptadas en las escuelas para prepararlos para ello. Si los padres no lo hacen, los compañeros de escuela tendrán vía libre para informarles a su manera.

Bernadette Lemoine y Véronique Lemoine-Cordier, psicólogas y psicoterapeutas, involucran a los padres “para dar a los niños un sentido de la realidad, a la vez que protegen su sensibilidad y su incapacidad para comprender temas grandes y complejos”.

Por supuesto, el discurso difiere según la edad del niño, pero en todos los casos, “el hecho de explicarles unas líneas generales, sin entrar en detalles, permitirá a los niños plantear preguntas y a los padres dar las respuestas, si se les pide una aclaración. Es necesario decir la verdad, de manera global y, según los caracteres y las inteligencias, ya vendrán las preguntas”.

Esto pone en tela de juicio toda una forma de vida: continuar la vida sabiendo que una tragedia puede ocurrir en un momento u otro.

¿Cómo transmitir un mínimo de serenidad a tus hijos en estas condiciones? Sin duda, apagando la televisión, pero sobre todo apoyándoos en la fe.

Bernadette Lemoine y Véronique Lemoine-Cordier afirman con vehemencia: “¡El creyente está listo! Al irradiar amor, al continuar teniendo confianza y recordando que la meta final es la vida eterna y no estar en su comodidad y tranquilidad en la tierra”.

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