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La importancia del optismismo

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La actitud ante la vida y la manera de interpretar lo que nos pasa afectan el éxito personal

La vida está llena de situaciones y decisiones que en muchas ocasiones cada uno de nosotros podemos controlar. Pero además de controlar esas múltiples decisiones, también podemos modificar nuestra percepción de esas “cosas que nos pasan”. La vida es también nuestro sentimiento personal de las cosas que nos pasan, estando éstas supeditadas a nuestras actitudes y decisiones. Esas actitudes, esas decisiones y esos sentimientos hacia las cosas que nos pasan forjarán nuestro éxito en la vida.

Actitud positiva

Partimos de la base de que uno de los objetivos básicos de todo ser humano debería ser construir una vida con sentido y que le permita gozar de ella. Uno de los instrumentos más importantes en esta búsqueda lo ofrece la psicología. Muchos psicólogos y filósofos han estudiado ese problema desde los tiempos más arcaicos.

En nuestros días, el psicólogo Daniel Goleman ha recogido muchos de esos estudios y les ha dado un empuje global muy interesante. Su libro “Inteligencia Emocional (1995) se ha convertido en una magnífica guía para conseguir éxito en la vida, en el sentido de felicidad. No hablamos aquí por lo tanto de éxito económico, aunque sus propuestas han sido utilizadas también por empresas y diversos contextos.

La importancia del optimismo ha sido demostrada, por ejemplo, a partir de pruebas efectuadas por el psicólogo C.R. Snyder de la Universidad de Kansas, entre alumnos universitarios de Estados Unidos. En ese estudio se concluyó que el rendimiento académico universitario de un alumno depende más de la actitud de éste que de su Coeficiente Intelectual (C.I.).

Así, vieron que unos buenos resultados académicos eran obtenidos más por alumnos con una actitud positiva y optimista (evaluados a través de test especiales) que por alumnos con una buena nota en el S.A.T. (Scholastic Aptitude Test), un test con una elevada correlación con el Coeficiente Intelectual.

Goleman añade que el optimismo y la esperanza impiden caer en la apatía, la desesperación o la depresión frente a las adversidades.

Los pesimistas consideran que los contratiempos constituyen algo irremediable y reaccionan ante la adversidad asumiendo que no hay nada que ellos puedan hacer para que las cosas salgan mejor y, por tanto, no hacen nada para cambiar el problema. Por esto mismo debemos siempre estar dispuestos a mejorarnos a nosotros mismos.

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Kseniia Vorobeva - Shutterstock

Goleman lo sintetiza de la siguiente forma: “Es la combinación entre talento razonable y la capacidad de perseverar ante el fracaso lo que conduce al éxito”.

Esta última actitud es básica en lo que llama “inteligencia emocional” que, resumiendo, la define como la “capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último –pero no, por ello menos importante–, la capacidad de empatizar y confiar en los demás”.

Goleman alude la educación como algo fundamental en la formación de la inteligencia emocional indicando que “si nos tomamos la molestia de educar a los hijos, pueden aprender a desarrollar habilidades emocionales fundamentales”.

Cada vez está resultando más evidente que el optimismo y el buen humor tienen efectos positivos sobre la salud en general y sobre nuestra felicidad.

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