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Mamá, ¿y si este verano pruebas a darle al botón de «reset» con la familia?

© Shutterstock

Aleteia Inglés - publicado el 01/08/17

El trabajo, las actividades extraescolares, la rutina… Hay muchas cosas que pueden alejarnos de nuestros hijos. Así que, ¿y si aprovecháramos las vacaciones para renovar los profundos vínculos en nuestra familia? Nuestra colega estadounidense nos explica cómo ella se regala una semana con sus hijos lejos de las obligaciones del día a día…

A mi pequeño le encanta olvidarse los zapatos. Allá donde vayamos  —y por lo general cuando no tenemos un minuto que perder— me pregunta: “¿Hace falta que me ponga los zapatos?”. La respuesta es invariablemente ‘sí’, pero eso no le impide salir hacia el coche con los pies descalzos y solo nos damos cuenta del posible problema cuando ya estamos lejos de casa.

Una de esas tardes en las que hubo que volver a casa porque en el coche había menos zapatos que pies, yo estaba especialmente irritable. ¿Conocen ese estado de ánimo en que hablas y te mueves a toda velocidad y respondes mal a la mínima de cambio porque no te has tomado el tiempo para respirar hondo y centrarte en lo que estás haciendo? Bueno, pues yo estaba en ese estado. Y si hubiera estado más centrada en el presente, probablemente habría notado que cierto muchachito no llevaba puestos los zapatos y que ladrar órdenes no estaba ayudando a nadie a salir a tiempo por la puerta de casa.

¿Para cuándo una Semana de Mamá?

Mientras lanzaba un par de zapatos en el coche y enfilaba hacia la autopista por enésima vez en el día, mi hijo me hizo una pregunta que me devolvió a mi centro de inmediato: “¿Cuando ya no haya entrenamiento de fútbol habrá otra vez Semana de Mamá?”.

Qué hacer cuando no hay nada especial que hacer

La primera edición de la Semana de Mamá había tenido lugar el verano pasado. Con el año escolar terminado y mi marido todavía desbordado de trabajo, me llevé a los niños a la casa de campo de mis padres. Salimos solos los cinco, mis cuatro hijos y yo. Temía un poco el trayecto en coche a solas con ellos y con el deber de entretener a cuatro personitas exigentes durante cinco días.

No había motivo para tanta inquietud. Los niños se portaron bien durante la mayor parte del trayecto (al menos, así lo recuerdo un año más tarde) y pasamos los días paseando y jugando a todos los juegos de mesa que teníamos. Se me quemó la comida y disfrutamos de unas buenas carcajadas; nos quedamos atrapados en el barro en una salida en kayak y reímos de lo lindo.

Un día calculé tremendamente mal el tiempo necesario para dar un paseo alrededor del lago y la vuelta se convirtió en una dramática travesía de senderismo, con las niñas quejándose y los chicos haciéndolas reír fingiendo que veían un espejismo de tienda de dulces con todos los artículos gratuitos.

Hubo muchas meteduras de pata de mamá aquella semana, pero la verdad es que lo pasé bien. Todos disfrutamos. Sin la necesidad de ir corriendo a ningún sitio ni de recordar dónde están los zapatos, mis hijos y yo conectamos de una forma que añoro cuando vuelvo la vista atrás en esta ajetreada época del año.

Eso es lo que quieren

No había previsto que la Semana de Mamá fuera a convertirse en una tradición, pero sin duda mis hijos sí. Les encantan sus deportes, sus juegos y sus cursos de música, pero les gusta igual, si no más, jugar a juegos de mesa, tener mañanas perezosas y que su madre no viva constantemente pendiente del calendario.

Ahora que ha comenzado el verano y que veo a todas las familias de nuestro entorno con una planificación detalladísima de su verano, dudo de si debería cancelar la mayoría de nuestras actividades. ¿Mis hijos necesitan estar tan ocupados? ¿Quedarán rezagados con respecto a los demás en sus actividades favoritas si dejan de practicar durante el verano? ¿Nos moriremos de aburrimiento y nos subiremos por las paredes si no planificamos nuestros días?

Pero cuando empiezo a tener esas dudas, recuerdo a mi hijo que, mientras trata de ponerse sus zapatitos olvidados y yo arranco el coche, pide más de mí, incluso teniéndome justo al lado.

A menudo escuchamos hablar sobre lo importante que es pulsar el botón de ‘RESET’ de vez en cuando. Y tengo la sensación de que es algo tan importante para nuestros hijos como para nosotros. En el libro The Happy Kid Handbook [Manual del niño feliz], la psiquiatra infantil Katie Hurley escribe: “Los niños necesitan ser niños: jugar, escribir, dibujar, cantar, bailar y divertirse”. Y luego añade: “Aunque a los niños les encanten las actividades deportivas en equipo y las clases artísticas, es esencial ofrecerles abundante tiempo sin ocupar para que simplemente puedan explorar el mundo que les rodea”.

Más para leer:¡3 buenas razones para dejar que nuestros hijos se aburran!

El tiempo libre permite restablecer las conexiones que a menudo se resienten durante el año escolar

Cuando reiniciamos nuestros móviles o juguetes o televisores, a menudo aparece un mensaje que nos recuerda que el dispositivo recuperará sus parámetros originales de fábrica. Me gusta pensar que nosotros hacemos lo mismo durante el verano. Como madre de unos niños que ya están lejos de ser bebés, recuerdo aquel periodo con ternura y nostalgia. Siempre estábamos acurrucados juntos, ya estuviera cantándoles una nana o rezando por que estuvieran tranquilos el tiempo suficiente como para poder darme una ducha, y había una conexión entre nosotros que se va estirando y tensando a medida que crecen.

Siempre he pensado que mi deseo de verles recuperar sus “parámetros de fábrica” era cosa mía, pero quizás ellos lo quieran también. Quizás lo mejor que pueda ofrecerles este verano no sea un calendario repleto de actividades, sino un esfuerzo real de dedicarles más de mí. Ya sea con la forma de una Semana de Mamá en algún sitio o simplemente preguntándoles cómo les gustaría pasar sus días de verano, tengo intención de “resetearnos” a todos este verano. Y no tengo ninguna preocupación con lo de apretar ese botón, es más, lo estoy deseando.

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