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Corea del Sur: el “mea culpa” de la Iglesia y el gobierno de Park

JUNG YEON-JE
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"Que la justicia fluya como un torrente perenne", mensaje de los obispos sudcoreanos

“La atmósfera es tensa y la población sudcoreana espera con ansias la renuncia de la presidente Park Geun-hye. Cada sábado se llevan a cabo las manifestaciones pacíficas en Seúl y en las demás grandes ciudades. El pueblo se siente traicionado, ya no se siente representado y quiere tener vela en el entierro. Se le reprocha a Park haber actuado según su interés y no según el interés de la nación: una evidente falta de compromiso por el bien común”. De esta manera Serena Him Hae-Kyung, teóloga y escritora católica de Seúl, describe a Vatican Insider la atmósfera en la que vive Corea del Sur, arrollada por el escándalo en el que se ha visto involucrada la presidenta Park Geun-hye.

Se le acusa de haberse dejado manipular por una «chamana» y de haber abusado de sus poderes, por lo que ahora el Parlamento coreano ha autorizado el «impeachment» de Park: debe responder a las acusaciones de extorsión, abuso de poder y corrupción, en flagrante violación de la Carta constitucional.

Durante la primera audiencia, Park rechazó las acusaciones, diciendo que había desempeñado con respeto y fidelidad su labor. Después de las acusaciones, la Corte constitucional deberá decidir antes de que pasen seis meses si destituir a la presidenta y llamar a nuevas elecciones.

En las imponentes manifestaciones populares que se han llevado a cabo constantemente desde el mes de octubre del año pasado hasta la fecha, recordó Serena Kim Hae-Kyung (que tiene un doctorado en Misiología y que collabora con la Conferencia Episcopal católica sudcoreana), ha habido una participación absoluta de la comunidad católica, que en Corea del Sur representa al 12% de la población: «He visto por las calles a monjas, sacerdotes, estandartes de escuelas, universidades, comunidades y asociaciones eclesiales. Se han celebrado misas para pedir a Dios justicia y paz. Entre los bautizados sudcoreanos hay un fuerte sentimiento de justicia y la participación ha sido activa desde que comenzaron las protestas».

Después de las declaraciones que el obispo Peter Kang dio a Vatican Insider, la Iglesia católica sudcoreana hizo oficial su postura, sumándose a la petición de la renuncia de Park e invocando los principios de la justicia y del bien común, fundamentos de la doctrina social católica.

En un mensaje titulado «Que la justicia fluya como un torrente perenne», los obispos sudcoreanos insistieron en el compromiso de «proteger y desarrollar la democracia de manera pacífica y madura», y por ello ofrecen el propio discernimiento con una «actitud profética, para interpretar los signos de los tiempos». «Deseamos que la paz y la justicia fluyan como un río y oramos por la bendición de Dios», se lee en el texto.

En el documento, que durante la época navideña ha circulado por todas las comunidades eclesiales y que ha sido objeto de homilías y comentarios, la Iglesia se dice «profundamente preocupada por la situación», debido a la violación de la soberanía nacional y de los principios del estado de derecho, por lo que pidió explícitamente la renuncia de Park e invitó al Parlamento a actuar por el bien común de la población. Incluso porque, indicaron los obispos, la caída del gobierno nacional podría llevar al país a una paralizante crisis económica, con evidentes y dañinas consecuencias para todos.

La Conferencia Episcopal invitó a la clase política a «derramar lágrimas de penitencia» y a «restablecer la confianza y la esperanza de la gente», que ha expresado amargura e indignación frente a un caso definido, en su conjunto, como «vergonzoso».

Sin embargo, la Iglesia sudcoreana, en este histórico momento, ofrece también una especie de valiente «mea culpa»: en el escándalo en el que se han visto involucrados la presidenta y su equipo están implicados, de hecho, diferentes coreanos de religión cristiana y católica que no resistieron a la tentación de la corrupción. La misma presidenta Park (que sigue diciendo no pertenecer a ninguna religión) estudió en escuelas católicas y se formó en la prestigiosa universidad Sogang de los jesuitas.

Lo que ahora la Iglesia puede reprocharse es no haber sido capaz de «formar una recta conciencia», puesto que los principios del Evangelio no parecen haber influido en las decisiones de carácter moral. Por ello, como insistió el obispo Ignio Kim Hee-jong, presidente de la Conferencia Episcopal, la comunidad católica comenzará en todas las diócesis un recorrido capilar de reflexión y de formación, que se concentrará en la doctrina social de la Iglesia. El objetivo es el de favorecer «el pasaje del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio», para que los bautizados tomen, en la sociedad y en la política, decisiones coherentes con los valores cristianos.

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