Estamos acostumbrados a escuchar que Cristo murió en la cruz pero quizá no hemos meditado seriamente sobre la magnitud del sufrimiento que nos ganó la salvación.
Cuando nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz, había atravesado ya por indecibles sufrimientos; el momento cumbre de la crucifixión fue solamente el clímax de la Pasión, marcada con la muerte del Salvador del mundo.
¡Qué amor tan inmenso nos tuvo Jesús, qué obediencia tan perfecta! ¿Cómo nos atrevemos, entonces, a verlo con tanta serenidad, a disfrutar del arte pictórico, de las esculturas y de las representaciones que despojan de su infinito valor la entrega absoluta de Cristo a la voluntad del Padre?













