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¿Te has preguntado qué siente un sacerdote al confesar?

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Zoe Romanovsky - publicado el 11/12/14 - actualizado el 27/03/24

Un sacerdote responde, en una entrevista, qué es lo que siente al escuchar los pecados de los penitentes, algo que quizá nunca te habías preguntado

Se ha escrito mucho sobre el sacramento de la reconciliación -la teología subyacente, su evidencia escritural, su poder y sus beneficios para los penitentes- pero ¿cómo es, a nivel de experiencia, para un sacerdote confesar a los demás y escuchar sus pecados semana tras semana, mes tras mes? ¿Puede ser un peso? ¿Influye en la vida espiritual de un presbítero?

Aleteia le preguntó a monseñor Charles Pope cómo es escuchar confesiones desde hace más de 30 años.

La primera confesión

confesión

Monseñor cuenta cómo fue la primera vez que escuchó una confesión:

“Me acuerdo. Quizá alguien me pidió que escuchara su confesión antes de que yo llegara a la parroquia, pero sentarme en el confesionario por primera vez fue inolvidableporque había un problema con el confesionario” comenta el sacerdote.

“Ya estaba un poco nervioso cuando alguien entró y se arrodilló, y entonces la rejilla se cayó de repente y había una persona mirándome fijamente. La señora estaba avergonzada, porque se esperaba una confesión anónima, y yo me puse a hurgar alrededor buscando la fórmula de la absolución, aunque la había memorizado, así que definitivamente fue una experiencia inolvidable”, menciona.

Agrega que tenía apenas 27 años cuando sucedió, y algunas de las cosas que escuchaba durante las confesiones del sábado eran más bien complicadas. “Quiero decir, ¿qué sabio consejo podía dar a un setentón con problemas matrimoniales?”, para él, “es sorprendente la confianza que la gente coloca en los sacerdotes cuando acude a ellos. Nosotros debemos tener confianza en el hecho de que Dios actúe a través de nosotros”.

El tiempo cambia las cosas

Desde sus inicios hasta el momento actual, las cosas han cambiado. “Lo principal es que he aprendido a animar a las personas a profundizar en su confesión”, dice convencido. “Lo que sucede en general es que la gente dice lo que ha hecho y no ha hecho, y esto está bien, pero el tema más profundo es el por qué. ¿Cuáles son los impulsos más profundos?”

Añade que “ahora soy más capaz de escuchar las cosas que la gente me dice y entender cómo están vinculadas”.

El padre dice que hay una larga lista de cosas sobre las que anima a las personas a reflexionar cuando se preparan para la confesión, y después, los siete pecados capitales, las actitudes, la arrogancia, la rabia.

“Hacer esto ayuda a reavivar las confesiones. Muchos se frustran porque confiesan siempre las mismas cosas… la clave es ir más allá”

La naturaleza humana y el pecado

Escuchar pecados día tras día le ha enseñado a tener paciencia con la condición humana. “Todos nosotros tenemos nuestras manías, nuestras luchas”, reflexiona el presbítero.

Destaca que “se invita a tomar el pecado seriamente, pero en la mayor parte de las confesiones la gente lidia con sus propias luchas, y he descubierto que las luchas de las personas y sus puntos fuertes están estrechamente unidos”.

Todos nosotros tenemos nuestras manías, nuestras luchas”

Comenta que “quizá una persona es muy buena en las relaciones con las personas pero no con las cosas, por ejemplo; o es muy apasionada pero lucha con la castidad. Nuestras luchas y nuestros puntos fuertes están a menudo unidos”.

Y comparte: “Me acuerdo que un confesor me dijo:‘Independientemente de cómo resuelvas esto, no destruyas en este proceso a Charles Pope’. Me he tomado muy en serio este consejo. A menudo podríamos resolver nuestros pecados de una manera que nos haría renunciar a nuestros puntos fuertes, pero el Señor quiere que superemos este aspecto”.

La influencia a nivel emocional y psicológico

Monseñor comparte que, en cuanto a la influencia emocional y psicológica, “la primera sensación que tengo cuando alguien viene a confesarse es alivio. Ha escuchado el Evangelio y esto lo ha llevado al arrepentimiento, pero también a la esperanza y a la gracia. Me hace muy feliz que esté ahí y es el momento de ser amable y de escuchar”.

Explica que, como sacerdotes, “hemos oído de todo y puede existir la tendencia a poner el piloto automático. Debemos combatir esta tentación. En ese momento debemos intentar estar con esa persona. Puede ser la confesión número 30 del día, pero no lo es para la persona que está delante”.

Por eso comenta que es importante buscar “estar” en la situación. “Yo busco ‘estar‘ recordando a san Juan María Vianney, que decía que había que ser duros en el púlpito y amables en el confesionario”.

Prepararse para escuchar y olvidar

El sacerdote indica cómo se prepara:

“Me confieso cada semana. Los sacerdotes deberían confesarse a menudo, de otro modo no pueden ser confesores eficaces. Considero que es una preparación importante”.

El resto es principalmente la llamada preparación “remota”. Generalmente, leo algún libro en un momento determinado y hago una Hora Santa cada día. Hay momentos muertos en el confesionario, y aprovecho para agradecer por la misericordia de Dios. Cuando la gente me pregunta cómo estoy, me gusta responder: “Soy bendecido por ser un pecador”.

Agrega algo interesante: “pienso que todos los sacerdotes experimentan este hecho, pero cuando fui ordenado, Dios me bendijo con muy poca memoria. Como sacerdote, oyes tantas cosas que es muy difícil recordar qué te ha dicho la gente, y hay muchas cosas que se tienen que mantener de manera reservada: los consejos que das, la ayuda a las personas en crisis…”

Además, después de algunos años de sacerdocio, generalmente al final del día no es posible acordarse lo que se escuchó en confesión. “La falta de memoria es una gracia que nos ofrece Dios”, puntualiza.

Cuando fui ordenado, Dios me bendijo con muy poca memoria”.

Cambio en su vida espiritual

Su vida espiritual ha cambiado mucho. Refiere el padre: “Para mí es un don inmenso. La palabra que me viene a la mente es humildad. Es notable el hecho que yo esté ahí sentado obrando lo que san Pablo llamaba el ‘ministerio de la reconciliación'”.

El sacerdote declara que “en realidad no soy yo quien actúa, sino el Señor“. “Jesús nos asume y nos usa. Esto me hace preguntarme qué hay en mí para haber sido escogido para hacer esto. En el fondo existe una humildad casi impresionante”.

El poder de la escucha

Algo maravilloso para Monseñor es la escucha, por lo que revela “soy consciente de la belleza de tener a alguien que me escucha. Hay algo poderoso en la escucha, le permite a la persona desahogarse”.

Advierte que “lo que digo como confesor es una pequeña parte. He aprendido también como director espiritual. Al dejar hablar a la persona, se produce una curación. Espero poder transmitir mi alegría por el hecho de que la persona esté ahí. Quisiera que se sintiera cómoda al hablar”.

Opina que lo que hace a un gran confesor es la capacidad de escuchar. “Digo a los jóvenes sacerdotes con los que trabajo que el 90% es la escucha: no se debe dar un sabio consejo en cada momento, este no es el objetivo de la confesión. Al final del día, el don de haber escuchado con misericordia es suficiente”, concluye Monseñor Charles Pope.

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