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¿Tu hijo solamente come pasta?

CHILDREN, EATING, PASTA
EvgeniiAnd | Shutterstock
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Consejos de nutricionistas para iniciar a vuestros hijos en una alimentación sana sin llantos ni gritos.

Es importante que los niños desarrollen buenos hábitos alimentarios desde bien pequeños. No obstante, esos hábitos no se adquieren de un día para otro y los padres deben trabajar para sensibilizar a sus hijos en el “comer bien”

Las comidas solo tienen una función nutritiva. Más allá de eso, todo se reduce a una cuestión de educación en el gusto y a la cultura –sobre todo familiar– que se transmite desde la pequeña infancia. ¿Es posible que, en materia de alimentación, la clave se encuentre en lo que sucede antes de los tres años?

La relación con la alimentación es compleja, basta con escuchar a las madres jóvenes para convencerse de ello. Hay bebés que no comen nada, los hay que comen demasiado, están los que tienen dolor de tripa porque tienen hambre o porque tienen problemas de digestión…

Más tarde, a la hora de la introducir nuevos alimentos, los problemas son de otro orden: “Mi hijo solo come pasta… Todo lo que se parece a una verdura le horroriza, las comidas se transforman en una pelea”, confiesa Mathilde, desanimada.

Para muchos padres, “comer bien” es fundamental: “Cuando, en una conferencia, pregunto: ‘¿Qué es un buen padre o madre?’, la mayoría de las personas presentes me responden: ‘Unos buenos padres son los que consiguen que su hijo se coma las verduras’”, cuenta Myriam Alexis, dietista nutricionista especializada en pediatría.

Transmitir unos “buenos hábitos” alimentarios a los hijos es capital para muchos y, naturalmente, una fuente de presión.

¡Los malos hábitos a desterrar!

Los anuncios publicitarios recuerdan sin parar que “no hay que comer ni demasiada grasa, ni demasiada sal, ni demasiado azúcar” y que es importante pensar en tomar “cinco raciones frutas y verduras al día”.

La amenaza de la obesidad parece pesar mucho en los hogares… “Este mandato de adaptarse y estar saludable a veces es difícil de asumir por los padres. Sin embargo, los mismos padres no se aplican siempre a sí mismos esas reglas que quieren transmitir a sus hijos”, subraya Myriam Alexis.

Por supuesto, los malos hábitos alimentarios existen y hay que desterrarlos.

Myriam Alexis menciona también el caso de los padres que hacen sufrir a sus hijos una forma de extremismo alimentario, eliminando directamente ciertos alimentos.

Sobre este aspecto, los médicos y especialistas de la infancia insisten en recordar la importancia de ofrecer un régimen sano y variado a los pequeños. Eso se enseña desde la pequeña infancia, utilizando una técnica específica para niños menores de tres años.

Para los más mayores, convendrá recordar que no hay que comer entre comidas o atiborrarse a galletas, y que hay que probar de todo. Pero esta relación con la alimentación es diferente en los pequeños, sobre todo en quienes aún no han aprendido a hablar.

“La comida debe seguir siendo un placer”

Cuando los niños pequeños se cierran en banda, muchos profesionales recomiendan no llegar hasta la confrontación. “Es primordial no pelear nunca por la comida, porque eso es, precisamente, lo que genera los bloqueos en los niños”, señala el pediatra Philippe Grandsenne.

Por su parte, la doctora Victoire L. recuerda a los padres que si su bebé se niega a tomarse el biberón, “pueden ofrecerle un petit-suisse”.

“Es esencial desacomplejar a los padres, enseñarles a rodear el problema: la alimentación debe seguir siendo un placer”, subraya la doctora. De hecho, los niños pequeños comprenden muy pronto que la alimentación es un tema que preocupa a sus padres y, como es lógico, no dudan en explotar esta herramienta…

“¡La alimentación es un magnífico apoyo social y una fuente de conflicto! Los niños no son viciosos, pero tienen a mano un medio ideal para destacar su descontento, ¡más aún cuando no dominan el habla!”. Más allá de la función nutricional de una comida, hay que tener en cuenta los mecanismos psicológicos y afectivos que entran en juego.

Stefan Kleintjes, dietista y nutricionista especializado en pediatría, considera importante “no felicitar al niño cuando coma bien y no regañarle cuando no coma”. “Un bebé desea ser amado, así que hará –o no– lo que ve que sus padres quieren para él. Es poner demasiada presión sobre la alimentación”, explica Stefan.

Según este especialista, nada mejor que predicar con el ejemplo. De este modo, las comidas compartidas son probablemente el mejor medio de mostrar que comer es un placer. “Un bebé se desarrolla observando a los demás. Sus padres, sus hermanos y hermanas, sus compañeros de guardería… Y esto es cierto en todas las etapas del desarrollo, para hablar, caminar y, también, comer”, declara Stefan Kleintjes.

La comida en familia

Myriam Alexis insiste en el contexto favorable a la comida. “Los padres se empeñan en el contenido –qué come mi hijo–, mientras que el ambiente sonoro, las tensiones, las inquietudes son también importantes. ¡Para el niño, lo no verbal es prioritario sobre lo verbal hasta los 10-12 años!”.

Camille cuenta que su hijo de dos años dejó de comer y pataleaba en la mesa “cuando hasta entonces no tenía problemas”. “Me di cuenta de que vivía mal el hecho de que yo ordenara la cocina mientras él desayunaba. Necesitaba que me quedara a su lado, que conversara con él ¡e incluso que yo comiera como él! De un día para otro, las comidas se calmaron; tanto para él como para mí. Ahora son un momento precioso”.

Así que es fundamental repensar los momentos de comida compartida en familia para que el niño sea el centro, “pero no demasiado”, insiste Myriam Alexis. El cocinero del día también puede usar su creatividad para introducir y distribuir los alimentos en el plato.

También puedes animar a los niños a cocinar. Los niños mayores (entre 4 y 7 años) pueden meter las manos en la masa y preparar un postre de su elección. De esta manera, la cultura del gusto se transmite con suavidad y placer.

Ariane Lecointre-Cloix

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