Campaña de Cuaresma 2025
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El Evangelio del día, nos relata el milagro que Jesús realizó en un hombre sordo y con dificultad para hablar, un acto que no solo revela su poder sanador, sino también una profunda enseñanza sobre el uso de nuestra voz para predicar el Evangelio.
Además, nos invita a reflexionar sobre la importancia de no ser conformistas ni egoístas con nuestra fe, sino de compartir generosamente las bendiciones que Dios ha derramado en nuestras vidas, llevándolas a aquellos que más lo necesitan.
En la reflexión que el padre Giovanni hace, nos comparte más a detalle este pasaje:
¿Qué partes de tu vida necesitan ser abiertas por Jesús?
En este Evangelio, llevan a Jesús un hombre sordo y con dificultad para hablar. No puede escuchar bien, no puede comunicarse con claridad. Está aislado, atrapado en su propia limitación.
Pero Jesús no lo sana de inmediato ni con una palabra a la distancia. Lo toma aparte, lo toca, pone sus dedos en sus oídos y su saliva en su lengua, y mirando al cielo dice: "Effetá", que significa "Ábrete".
En ese instante, el milagro sucede. El hombre puede escuchar y hablar con claridad.
Este pasaje no es solo un relato de sanación física, es una enseñanza profunda sobre nuestra vida espiritual. Este hombre representa a todos aquellos que, de alguna manera, están cerrados a Dios.
Escuchamos muchas cosas: noticias, preocupaciones, redes sociales, opiniones de los demás. Pero no escuchamos lo que Dios quiere decirnos. Su Palabra nos habla, pero no la dejamos entrar.
Jesús quiere abrir nuestros oídos para que escuchemos su verdad, para que su mensaje transforme nuestra vida. Pero muchas veces nos cerramos por miedo, distracción o indiferencia.
Nos cuesta hablar de Dios. Nos da miedo compartir nuestra fe. Preferimos callar antes que dar testimonio.
Este hombre tenía la lengua atada físicamente, pero muchos hoy tienen la lengua atada espiritualmente. Callan cuando deberían hablar. Guardan silencio cuando el mundo necesita escuchar la verdad.
El problema no es solo del hombre de este pasaje. Es el problema de muchos que tienen oídos pero no escuchan, que tienen boca pero no proclaman la verdad.
Jesús quiere hacer en nosotros lo mismo que hizo con este hombre. Quiere tocar nuestras vidas y decirnos "Effetá".
Quiere abrir nuestros oídos para que escuchemos su voz, para que nos dejemos guiar por su Palabra. Quiere desatar nuestra lengua para que hablemos sin miedo, para que anunciemos su amor y verdad al mundo.
La pregunta es: ¿Estás dispuesto a dejar que Jesús toque tu vida y diga "Effetá" sobre ti?
Si hoy sientes que tu corazón está cerrado, que te cuesta escuchar a Dios, que te falta valor para hablar de tu fe, Jesús te dice: "Ábrete".


