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Conoce al médico que salva a madres y bebés en África

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Courtesy of Maternal Life International

Dr. George Mulcaire-Jones

Theresa Civantos Barber - publicado el 20/04/24

Un viaje en misión médica inspiró a este doctor de Montana para dedicarse a salvar las vidas de madres y bebés necesitados

Cuando el Dr. George Mulcaire-Jones y su esposa Mary viajaron a Camerún en misión médica en 1989, sus vidas cambiaron para siempre.

Presenciar la muerte de una madre durante el parto a causa de una preeclampsia no tratada atormentó al médico. Lo recuerda en una entrevista con Aleteia:

Justo después de medianoche, me llamaron a la sala de partos para evaluar a una mujer embarazada que había sido traída de un pueblo lejano tras múltiples convulsiones. No respondía al dolor ni al tacto. Su tensión arterial era de 190 sobre 118, tenía la cara y las piernas hinchadas y su abdomen de embarazada estaba mudo. Tenía muerte cerebral por toxemia no reconocida ni tratada. El bebé que llevaba en su vientre también estaba muerto. En ese momento no se podía hacer absolutamente nada. Observamos en silencio. Las enfermeras camerunesas le limpiaban periódicamente la frente. Su respiración se volvió más irregular y al cabo de dos horas expiró, y empezaron los lamentos de su familia.

Un suceso tan desgarrador es terriblemente frecuente en algunas partes de África. En una época que debería ser alegre, las madres corren un gran riesgo al dar a luz.

Sin asistencia cualificada en el parto, el riesgo de que una mujer muera por complicaciones del parto en África puede llegar a ser de uno por cada 38, dijo, frente a uno por cada 7 mil 500 en Estados Unidos; o incluso las 25.8 por cada 100 mil en México.

El Dr. Mulcaire-Jones y su esposa regresaron a su hogar en Butte, Montana, y se dedicaron a criar a sus cinco hijos. Pero una carta les recordó años más tarde la gran necesidad de mejorar la atención obstétrica en África.

Describió el momento que le inspiró a dedicar su vida a llevar atención médica a madres y bebés en zonas desatendidas:

Un día recibí una carta de la hermana Bernadette, la matrona de un remoto centro de salud materna de Djottin, Camerún, donde yo solía ir a ver pacientes periódicamente. Su carta empezaba así: “Querido Dr. George, el mes de febrero fue muy triste. Dos mujeres murieron al dar a luz”. Los recuerdos se agitaron; las lágrimas fluyeron. Lo había olvidado. La carta fue la génesis de Maternal Life International, “Construir un mundo mejor a través de partos seguros y familias seguras”.

Hoy, la labor que inició en 1997 ha crecido y prosperado. Maternal Life International (MLI) es una poderosa fuerza de bien en seis países: Nigeria, Kenia, Tanzania, Uganda, Ruanda y Haití.

“Nuestro programa Safe Passages proporciona formación obstétrica de urgencia en equipo y equipos que salvan vidas, desde ecografías para identificar embarazos de alto riesgo hasta prendas antishock que estabilizan a las mujeres con hemorragia posparto”, explica la Dra. Mulcaire-Jones. “Safe Passages también ofrece formación y adiestramiento en el respeto a la vida y la dignidad de todas las personas, nacidas y no nacidas: una cultura médica de la vida”.

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Salvar vidas en acción

Si tienes curiosidad por saber qué tipo de diferencia marca Maternal Life International, aquí tienes un relato del Dr. Patrick Lumumba, que participó en una reciente formación sobre Safe Passages en Gulu, Uganda, en 2023:

Una madre embarazada a término acudió al centro con su marido. Estaba de parto latente. Pude ver la alegría que tenían en los ojos por dar la bienvenida a su primer hijo. Todo fue bien hasta que dio a luz a una niña de 4,3 kg. La llevaron a la sala de control postnatal. Por supuesto, nos alegramos mucho de su éxito.

Sin embargo, dos horas más tarde, nuestra alegría se convirtió en llanto cuando oímos la voz de nuestra enfermera pidiendo ayuda. Cuando entramos, vimos que la mujer estaba inconsciente. Intentaba hablar, pero no oíamos nada.

Había perdido mucha sangre, y el equipo pudo utilizar herramientas proporcionadas por MLI para evaluar su estado y empezar a administrarle líquidos por vía intravenosa. Pero no tenían recursos para operarla.

La siguiente opción era derivarla a un centro que disponía de más recursos, pero que estaba a unos 16 kilómetros de nuestras instalaciones. Era un gran riesgo trasladar a una madre en estas condiciones, pero por suerte MLI había proporcionado gratuitamente un dispositivo que marcó la diferencia.

Nos preocupaba que muriera por el camino, pero la prenda antichoque no neumática (proporcionada por MLI) hizo maravillas y casi redujo la hemorragia a cero. La derivaron sin problemas a otro centro y recibió tratamiento.

La última vez que la vi fue hace dos semanas, cuando trajo al bebé para vacunarlo. Ambos están bien.

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Dr. Mulcaire-Jones joins a Safe Passages workshop with Maternal Life International.

Impulsado por la fe

La fe católica del Dr. Mulcaire-Jones le ayuda a seguir adelante en esta enorme y difícil labor. Dice:

En última instancia, [mi trabajo] tiene que ver con Dios. Como dijo san Juan Pablo II: “Cuando se eclipsa el sentido de Dios se eclipsa el sentido del hombre”. En este eclipse nos convertimos en nuestro yo inferior. África se aferra al sentido de Dios y nos muestra un camino hacia el auténtico desarrollo humano: a través de la fe en Jesús y la sabiduría moral de la Iglesia. En MLI, abrazamos eso y unimos nuestras manos a las de nuestros hermanos y hermanas de África, que tienen a la vez grandes necesidades y hermosos tesoros que compartir con nosotros.

De hecho, como él mismo describe, MLI es una verdadera asociación entre personas de EE.UU. y de África. Además de 2 empleados en EE.UU., MLI cuenta con 10 facilitadores en África: 2 parejas en Uganda, 2 en Kenia y 1 pareja en Tanzania.

La casa fiel

Otro encuentro desgarrador e inolvidable añadió una nueva dimensión al trabajo de MLI hace algunos años. Recuerda:

Once años después de que terminara la misión de mi familia en Camerún, volví y visité de nuevo Djottin. Todo seguía igual, los caminos de tierra, la dedicación de las Hermanas, el pabellón pediátrico repleto de casos de malaria y neumonía. A pocos pasos del pabellón pediátrico, surgió otra realidad. La primera paciente de la sala femenina era una mujer de 28 años con tres hijos y su madre a su lado. Su piel morena colgaba sobre su cuerpo esquelético. Tenía un tinte morado salpicado en la boca. Mientras hablaba con ella, sus suaves ojos marrones se desviaron hacia el techo. Había garabateado su nombre con tinta en el antebrazo. Se llamaba Inmaculada. Inmaculada se estaba muriendo de SIDA, en un rincón remoto y desconocido del universo, sin medicamentos, sin cuidados paliativos y sin comprender lo que le estaba ocurriendo. Solo pude ofrecerle la palabra en inglés pidgin, “Asha”, que significa “Veo que llevas una pesada carga”. Asha, Inmaculada, Asha. . . desde lo más profundo de mi corazón, Asha.

Había miles y miles de “Inmaculadas”. Las vi en las salas de los hospitales de Suazilandia, Malawi, Uganda y Nigeria. En el punto álgido de la epidemia de VIH, cada día morían 9 mil personas de sida; sin embargo, cada día se producían 14 mil nuevas infecciones, el 50% de ellas en parejas casadas. La única vacuna disponible para detener el VIH no era biológica, sino social y relacional: el cambio de comportamiento a través de la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad dentro del matrimonio. En terminología de salud pública, “reducir las múltiples parejas simultáneas”.

En respuesta, junto con su equipo de liderazgo en Uganda y una asociación con Catholic Relief Services, MLI desarrolló un programa llamado “La Casa Fiel”

La Casa Fiel utiliza la metáfora de la construcción de una sencilla casa africana para construir el matrimonio: unos cimientos en Dios, cuatro pilares de amor, fidelidad, respeto y comunicación, las paredes de valores debidamente ordenados, las ventanas del perdón, el tejado de la conciencia y la razón. La Casa Fiel ha sido transformadora. El término “pareja de la Casa Fiel” ha surgido en comunidades y parroquias, marcando a una pareja que está trabajando junta, caminando de la mano, compartiendo tareas domésticas, mejorando su seguridad alimentaria y la crianza de los hijos y, como dijo un participante, “ahuyentando la pobreza de nuestros hogares”.

La Casa Fiel ha llegado a más de 250 mil parejas y su efecto transformador puede verse en sus resultados documentados:

  • Antes de la formación, el 63% de los participantes afirmaba que la mujer era la responsable de las tareas domésticas. Después, el 94% dijo que ambos eran responsables.
  • Antes de la formación en TFH, el 12% de los participantes afirmaba que tanto el marido como la mujer eran responsables de decidir si mantener o no relaciones sexuales. Después, el 94% dijo que ambos eran responsables.
  • A los 6 meses, la infidelidad disminuyó cinco veces en el grupo de TFH, mientras que casi se duplicó en el grupo de control.
  • La violencia doméstica se redujo, pasando del 61% al 36%.

TFH sigue creciendo en múltiples países de África y se ha convertido en la plataforma de otros programas que MLI ha desarrollado para mejorar la salud y el bienestar familiar.

Estos programas incluyen un método simplificado de Planificación Familiar Natural hecho a medida para África, llamado “El Método de la Cuenta de Pareja”, y “El Viaje de los Mil Días”, que proporciona educación y apoyo para la época más crítica del desarrollo humano, desde la concepción hasta los dos primeros años de vida.

Si desea colaborar con su labor, puede encontrar información sobre cómo hacerlo en su sitio web.

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