Seguramente en más de alguna ocasión has tenido ese sentimiento de extrañar un lugar, tu platillo favorito que te preparaba tu mamá o incluso a una persona a la que amas mucho
Ante la ausencia o pérdida de algo o alguien, surge el deseo de añoranza, donde comenzamos a extrañar. Esto es gracias a que nuestro cerebro tiene la gran capacidad de almacenar y recordar sonidos, imágenes, así como sabores y por supuesto aromas.
Basta con que percibamos un aroma para que nos transporte a un momento exacto. La neurociencia y un estudio encabezado por la psicóloga Silvia Álava, detectaron que el cerebro humano puede registrar hasta 10 mil aromas.













