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(VIDEO) Meditación del primer domingo de Adviento: san José

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Redacción de Aleteia - publicado el 03/12/23

Comenzamos el Adviento, tiempo de espera y preparación al nacimiento de nuestro Salvador. En este primer domingo meditamos, de la mano del padre Cruz Aranda Pulido, sobre la figura de san José

El tiempo de Adviento es una espera gozosa del nacimiento del Hijo de Dios. Un momento que nos prepara para acoger al Señor, que viene a nuestro encuentro:

«El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, también para verificar nuestro deseo de Dios, para mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo. Él regresará a nosotros en la fiesta de Navidad, cuando haremos memoria de su venida histórica en la humildad de la condición humana; pero Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos ‘para juzgar a los vivos y a los muertos'»

Papa Francisco, Ángelus 3 de diciembre de 2017

San José, hombre justo y fiel

En este primer domingo de Adviento, nos centramos en la respuesta de san Jose.

El Evangelio de Mateo nos narra lo siguiente:

«Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.

Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: ‘La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel’, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’.

Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús».

(Mt 1, 18-25)

San José no se fue por el camino de la rabia, del coraje o la venganza. No buscó dañar a María ni dejó que sus emociones o impulsos dominaran sus acciones; sino que, en silencio y prudencia pidió a Dios que le mostrara qué debía hacer.

Este ejemplo de abandono en Dios nos debe mover a preguntarnos a nosotros mismos:

¿Qué hago yo ante la adversidad?

Ante la prueba, el miedo, la incertidumbre, ¿qué hago yo?

Cuando mis planes se frustran y obtengo un resultado distinto al esperado, ¿qué hago yo?

Ante aquellas cosas que no puedo controlar, ¿qué hago yo?

A la enfermedad, la injusticia, las pérdidas, el dolor que llega inesperadamente, ¿qué hago yo?

Silencio y prudencia

Imitando el silencio y la prudencia de san José ante las pruebas lograremos mantener un corazón libre de los sentimientos negativos que, ante la adversidad, pueden anidar en nosotros. Sentimientos que solo darán frutos que dañen a los demás, a nosotros mismos y, principalmente, a nuestra relación de amor con Dios.

El padre Cruz nos invita a imitar a san José para que en nuestras vidas reine la paz, la fidelidad, la prudencia y el silencio; y nos pide que, en casa, nos preguntemos lo siguiente:

¿Qué debo hacer para guardar la prudencia en casa?

¿Qué debo hacer para guardar silencio ante ese momento de adversidad?

La invitación del primer domingo

Primer domingo de adviento

Para fijar la mirada en Dios que viene a nosotros y disponer nuestro hogar y corazón para recibirlo, durante este primer domingo de adviento podemos:

Reflexionar con las preguntas anteriores y determinar acciones que nos permitan trabajar juntos, como familia, para que la virtud de la prudencia, el silencio y la fidelidad reinen en el hogar.

Y para hacer vida esta virtud conviene conocer la definición que ofrece el Catecismo de la Iglesia católica:

«La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo (…) Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar».

(CIC n. 1806)

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