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Mirar a María y descansar

tradycyjna przydrożna kapliczka z Maryją stojąca pośród pól, Polska

Mateusz Kuca | Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 26/05/22

Así es la Madre que me ama y espera mi amor siempre y me llena de paz

Miro a María en este mes de mayo, en su mes. La miro a Ella que viene a visitarme, como hizo un día con Isabel.

Sube la montaña y entra en mi casa amurallada. Para que yo la vea dentro, donde no miro con frecuencia. Porque ando esparcido por los caminos buscando rutas, destinos, metas.

Y siento que me pierdo sin encontrarme, y vago sin rumbo hasta que sale a mi encuentro.

Esa imagen que me muestra su rostro y me ayuda a descansar. Miro a María, la miro callado, cansado.

El alma inquieta, salvaje. Perdida en bosques impenetrables, cansada en medio de desiertos ingobernables.

Contemplar en silencio

Quisiera mirar a María y descansar un rato. Que se apacigüe la voz que no deja de abrirse paso por mi cuerpo.

Quiero mirar en silencio, contemplar sin saber nada, sin decir nada, sin comprender nada.

Miro a María en este mes en el que la luz del sol me recuerda que estoy hecho para la vida.

Cuando florecen las primeras flores y la naturaleza se muestra agradecida con unas gotas de agua.

María me está mirando

El cielo parece esquivo en mandar agua en abundancia. María mira mi corazón en sequía. Mira mis miedos y mis rencores, mi soledad y mi llanto, mis risas y alegrías.

Creía que era yo quien la miraba a Ella. También, agradecido. Pero es Ella más bien la que me espera y sale a buscarme. La que me convoca en el monte y me invita a bajar al llano.

Ella la que hace morada en mí y me muestra una morada dentro de Ella. Es un camino de ida y vuelta, de marcha y de descanso, de abrazo y bienvenida.

Es ella la que canta dentro de mí para que yo cante. O la que guarda silencio para que escuche.

La que sonríe para que me calme. Y la que llora conmigo para que no me sienta solo.

Es Ella la que amanece en medio de mis noches. Y se torna calma en mis tempestades. Es Ella la que vuelve a comenzar cuando yo creo haber acabado.

La que susurra mi nombre cuando no me encuentro porque estoy perdido.

Jardín de María

Es Ella, María la que me llama desde lejos y desde lo más hondo de mi alma. Ella la que quiere echar raíces en una tierra nueva. Decía el padre José Kentenich:

«Ella quiere ser un jardín para ellos. ¿Qué significa esto? Que ella los ofrecerá a Dios, los hará capaces de ser también un jardín de Dios, un jardín de María».

Kentenich Reader Tomo I: Encuentro con el Padre Fundador, de Peter Locher, Jonathan Niehaus

En este tiempo de sequía, de desierto, Ella quiere sembrar un jardín lleno de vida, de flores, de agua, de árboles.

Y quiere que sea yo un jardín para tantos que buscan paz y solaz para el alma.

Consuelo, alimento, perdón

Al mismo tiempo Ella se sienta agradecida a contemplar las vistas desde su monte, mirando cómo subo por los senderos.

Es Ella, mi Madre, la más hermosa. Mi niña madre. Mi Madre que es niña. Es Ella la que me sostiene cuando estoy cansado, la que vela mi cama cuando me siento enfermo.

La que acaricia mis heridas cuando se las descubro. La que me alimenta cuando estoy desfallecido.

La que me dice cuánto valgo cuando siento que no valgo nada. La que perdona todos mis pecados después de haber intentado ocultarlos. Sólo por miedo.

Es Ella quien me espera y quien camina a mi lado. Sale a mi encuentro y corre a mi lado.

Es la que sabe todo lo que me conviene e ignora todas mis caídas. No me recrimina y no me echa nada en cara.

Sólo desea que cambie porque me hará feliz ser capaz de seguir sus caminos.

Amor cálido y gratuito

Quiere que me quede cada tarde mirando su mirada. Sin decir nada, sin querer tiempos útiles. Sin buscar resultados.

El silencio me incomoda y la ausencia de frutos me enferma. Pero sólo quiere estar conmigo, perder la tarde a mi lado.

No le tengo miedo a su mirada expectante. Me mira bien, conmovida y eso me da alegría.

Y yo quisiera amarla más…

No quiero mentirle cuando le digo que la amo. En ocasiones siento que es mentira. Amo más mi vida y mis sueños. Pero a Ella no la cuido tanto como debería.

Me da vergüenza reconocer que no soy tan buen amante. No soy un enamorado de esos que hacen locuras por su mujer amada.

Yo me reservo, me escondo y no creo que pueda amarla tanto como para darle la vida. Me da miedo ser infiel y por eso no prometo nada.

Pero Ella lo quiere todo de mí y al mismo tiempo me lo da todo. Quiere que esté lleno de alegría, de paz, de esperanza. Que mi corazón se llene de vida.

Quiere que mi desierto dé flores de amor. Quiere que pueda cuidar otros jardines. Con su mirada, con su abrazo.

Mi Madre

Es mi Madre, María, que nunca se cansa de abrazar, de acoger, de sostener. La Madre que sabe todo lo que me pasa, conoce mis miedos y pesares y ha estado ya conmigo sufriendo mis cruces.

Me emociona mirar a María en este mes consagrado a Ella. Me alegra decirle que lo voy a intentar siempre de nuevo.

Quiero trepar a las alturas, quiero seguirla por todos los senderos. Quiero escuchar su voz en medio de mis prisas. Y lograr que su risa calme mis llantos.

Quiero trabajar la tierra seca de mi alma. Para que un día con su lluvia pueda ser un jardín. Acabar con esos rencores y tristezas que no me dejan amar con libertad.

Quiero mirar su rostro para sentirme libre y no necesitar que nadie me dé migajas de amor para sentirme completo. Su mirada me sostiene y levanta. Dejo de tener miedo.

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