Comer y compartir juntos los fines de semana en familia, intentar cenar siempre juntos, incluso desayunar, son momentos familiares de vital importancia. En la cultura latina, a este intercambio que se da con la familia al momento de comer se le llama "sobre mesa".
En estas reuniones, sentados alrededor de la mesa, se fijan ideas, conductas, se escucha y se habla, se solucionan problemas y se resuelven dudas. Son reuniones informales en las que se transmiten muchos conocimientos. Consecuentemente, son reuniones en sentido fuerte: la familia se reúne para comer y hablar.
Han de ser momentos llenos de gozo en el placer de comer, verse, charlar, reírse juntos y esa satisfacción da sentido a la cohesión familiar.
Encontrar propósito en cada comida

No hay un orden del día, pero mentalmente los padres deberían tenerlo en su cabeza. Sin embargo, apuntemos a su vertiente festiva: han de ser momentos llenos de gozo en el placer de comer, verse, charlar y reírse juntos y esa satisfacción da sentido a la cohesión familiar.
El enemigo es la dispersión y el caos del horario que supone picar en la nevera cada uno a su aire y andar comiendo cada uno en su habitación en silencio, leyendo, hablando por teléfono o focalizado en una pantalla cualquiera. "¡Es que así, si ceno y estudio a la vez, puedo preparar mejor mis exámenes durante más tiempo, mamá!". Respuesta de la madre: "Organízate mejor y cenemos juntos: que si no, no nos vemos en todo el día".
Requisitos
Esta cena ha de ser una reunión sin prisas y con unas condiciones básicas. Hay que otorgarle una cierta solemnidad y un buen menú. Las pantallas, como es lógico, apagadas. Ni la televisión compartida por todos ni algunos móviles dispuestos encima de la mesa con sus notificaciones. "Ahora estamos la familia y nosotros mismos, y nada ni nadie nos interrumpe pues hemos de contarnos muchas cosas": este es el espíritu.
"Ahora estamos la familia y nosotros mismos, y nada ni nadie nos interrumpe pues hemos de contarnos muchas cosas": este es el espíritu.
Comer bien y sano
El sobrepeso y la obesidad infantil están creciendo aceleradamente. La respuesta desde el hogar es una mejor organización familiar de horarios y rutinas racionales añadidas a la mejor dieta posible. Calibrar las mejores porciones y la presencia de frutas y verduras.
A partir de una edad es bueno que ellos se aventuren a guisar. Este es un capítulo propio de los tranquilos fines de semana que puede convertirse en un tiempo familiar muy divertido y a la vez educativo. Evitando la comida rápida.
Beneficios de las comidas compartidas en familia
1Previenen conductas de riesgo
Nos vamos a poner un poco serios: la investigación señala que la cohesión familiar, el modelo paterno, genera dinámicas que impiden, o atenúan mucho, las conductas de riesgo como el tabaquismo, el consumo de alcohol, de drogas, la ansiedad, la depresión, etc.
2Mejor y mayor integración escolar

En positivo, se alcanza mayor integración escolar pues la mesa es además un ensayo del mejor ambiente en el aula. El niño en el aula aprende a escuchar, a esperar y así logra aprender. Y también a practicar el respeto, la apertura, y la capacidad de preguntar al profesor aquello que no entiende. Si los tiempos de comidas son caóticos nada se resuelve y equilibra.
3Un crecimiento en comunidad
Y a la inversa: los mejores y prolongados tiempos de comida equilibran y ofrecen bienestar a todos: unidad. Y si estas mesas funcionan luego todo facilita un ilimitado ocio familiar compartido que vuelve a ser un predictor de éxito en muchos planos.












