Iñigo podría haberse abatido, ceder ante el peso abrumador de la desdicha. Y ahí habría acabado su triste historia. Pero no es así como ocurrió.
La historia cuenta que el reino de Navarra estaba en poder de Castilla desde 1512. Corría el año 1521, hace ahora medio siglo, cuando tropas franco-navarras intentaron expulsar a los castellanos.
Se rebelaron varias ciudades. Entre ellas Pamplona, en cuyo interior se encontraba el guipuzcoano Iñigo López, de Loyola, luchando a favor de las tropas castellanas. El 20 de mayo de aquel año lo alcanzó una bala de cañón. La pierna izquierda queda herida; la derecha se ha quebrado por varios sitios. Tres días después cae el castillo.












