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Las chicharras: Renacimiento y resurrección

CHICHARRA

Shutterstock | Jonathan Chancasana

Macky Arenas - publicado el 08/08/20

Su “escándalo” es más bien arrullo pero traen un mensaje: viene agua

Si se busca el significado del nombre de este animalito alado, encontraremos que se llama así a «una persona muy habladora, especialmente si resulta molesta». Y es que el ruido que hacen las chicharras puede ser un dulce susurro pero también puede montar hasta un monótono chillido bastante ensordecedor.

En la promoción de un libro de Carlos Izquierdo, editado en Venezuela  y titulado “De chicharras y hormigas”, se lee:

“Habla la fábula contada por los griegos y más tarde por el famoso fabulista francés La Fontaine, y por el también famoso español Samaniego, habla la fábula de la cigarra o chicharra como insecto holgazán que se aprovecha de la laboriosa hormiga. Pero las fábulas, con toda la sabiduría que muchas veces encierran, en ocasiones falsean la realidad y en el caso de la chicharra el error está presente aunque de tanto repetirlo muchos lo tomen como afirmación veraz”.

Lo indudable es que las chicharras y su canto hasta reventar –porque así es la cosa- es un sonido con el cual crecimos los caraqueños. Suena familiar y se extraña cuando ya no se escucha. Hace tiempo que no están. Aparentemente les molesta el exceso de urbanización. Tampoco es que están prodigándose sin medida pues desaparecen y aparecen con prolongadas pausas de por medio. En Estados Unidos, por ejemplo, el 2013 invadieron el este de ese país después de 17 años de ausencia. En Caracas, las escuchamos de tanto en tanto y sentir a una de ellas por allí es rememorar tarde-noches plácidas y hogareñas.

Reventar como chicharra

Los niños solían coleccionar las chicharras ya muertas. Chillan hasta que estallan y se secan. Era común, cuando los bichitos no faltaban en Caracas y su canto era tan frecuente como el de las guacamayas, oír decir para calmar alguno furioso: “Te vas a reventar como una chicharra”.

Frecuentemente, su canto es señal de que lloverá. Recordamos a las madres y abuelas: “Oye las chicharras, los niños que vengan dentro de la casa”. El canto rechinante, según National Geographic, “se multiplica hasta convertirse en un zumbido abrumador cuando es producido a la vez por cientos de estos insectos”.  Pero hay expertos quienes aseguran que, si bien la aparición de las chicharras suele ser en simultáneo con el clima lluvioso, la única relación es que el insecto necesita de la humedad del aire para empezar su metamorfosis.

CHICHARRA
pxfuel.com

Su entretenida monotonía

Son millones de chicharras –que en algunas latitudes prefieren llamar cigarras- las que salen de sus guaridas subterráneas. Anuncian su llegada plagando el terreno de pequeños huecos. Viven bajo la superficie y se alimentan de la savia que tienen los árboles. Los machos salen primero y esperan galantemente a sus doncellas. Se aparean en rituales que duran entre 4 y 6 semanas y ese es el tiempo que viven las hembras pues al poner sus huevos, ya mueren.

Son los machos los que cantan valiéndose de las membranas que tienen  en su abdomen a las que llaman timbales pues actúan como caja de resonancia y cuya vibración puede llegar a los 86 Hz. Ése es el secreto que produce sus diferentes tonalidades aunque siempre parezca un sonido repetitivo. Y no sólo hay una especie de chicharra, se ha registrado casi 3.000.

Ellos no cantan, suenan y tienen sus ratos de preferencia para entonar su concierto de verano. Calor y chicharra parece un binomio inseparable. Y, según los entendidos, eso que llamamos comúnmente canto se llama “estridular”. Y lo más sorprendente es que se trata de un sonido emitido por los machos que puede ser captado por las hembras a más de un kilómetro de distancia, según comentaba José Luis Gallego (del blog EcoGallego).  Pero algo es claro: las chicharras “cantan” gracias a un mecanismo de producción sonora que solo ellas poseen y que no está presente en ningún otro insecto.

Anuncian la lluvia

Muy probablemente, siendo estos grandes insectos -algunos ejemplares pueden llegar a superar los seis centímetros de longitud- de tierra caliente, es en temporadas cálidas cuando se les oye. Las temperaturas que suelen subir previo a un aguacero que viene, precisamente, a refrescar el ambiente. Tal vez por ello es que su sonido se relaciona con la inminencia de lluvias.  Aunque hay quienes sostienen que el ruido que solemos escuchar, ese sonido característico que nos mantiene despiertos algunas noches de abril, tan solo es la canción de cortejo de las chicharras macho.

No son destructivas como las langostas y respetan a los “viejos” como no lo hacen otras especies y menos los humanos. Las árboles jóvenes sufren considerablemente cuando cientos de chicharras desovan en sus ramas, pero los viejos no sufren daños graves.

Se caracterizan por desarrollar cuerpos robustos, sus cabezas son anchas y las alas son transparentes membranas. Esas alas y unos grandes ojos compuestos son quizá su sello distintivo más peculiar.

“Orina como chicharra”

Otra de las curiosidades que estos animalitos orinan. Más de una vez nos ha ocurrido que ciertas gotitas nos “bañan” en el jardín. Y es que estas cantantes hacen pipí y es lógico pues se alimentan sólo del líquido lleno de azúcares nutrientes que succionan de los árboles. Beben sus jugos lo cual deben expulsar en algún momento.

Así que, cuando una persona suele ir mucho al baño, se le dice: “Orinas cual chicharra”. Algunas, al volar, muestran una especie de cola sedosa que oscila con el viento. El entomólogo German Vega, del Museo Nacional (Argentina), explicó que estos son aceites del árbol que la cigarra también ha excretado y que se endurecen con el aire.

Hay una creencia popular criolla que dice que hay árboles que lloran sangre conmemorando la crucifixión de Jesús. «Mejor guarde el crucifijo y saque la sombrilla: lo más probable es que aquello sean orines de chicharra que se alimentan de un árbol de savia rojiza», advierte un experto.

Vida pública, corta y escandalosa

Las fascinantes costumbres de estos insectos han sido motivo de asombro desde épocas antiguas. Muchas culturas, como la china, las consideraba como un poderoso símbolo de renacimiento.

La realidad es que se trata de un insecto con una vida pública corta y escandalosa, al que también llaman “bichos del sol” debido su preferencia por pulular entre los calores de la Semana Santa. Tal vez a ello deban que se les relacione con la Resurrección.

La cantautora Mercedes Sosa entonaba: “Cantando al Sol como la cigarra / después de un año bajo la tierra”…


insects

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FRANZ KAFKA

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Caracasvenezuela
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