Aleteia

De las protestas a la oportunidad de cambiar el corazón de Estados Unidos

CHARLOTTESVILLE
Comparte

Protestas raciales, esperanzas y un himno que une en EE UU

Los medios de comunicación en Estados Unidos han cubierto profusamente –y se ha difundido en todo el mundo—las protestas contra el racismo y la letalidad policiaca derivada del asesinato del afroamericano George Floyd en la ciudad de Minneapolis (Minnesota).

Las notas a favor y en contra se han sucedido rápidamente, sobre todo en el contexto de la batalla electoral en la cual están confrontados los demócratas y los republicanos, los unos para recuperar y los otros para retener la presidencia en juego el próximo mes de noviembre.

En pocas ocasiones, casi en ninguna, se han escuchado voces que vean en este movimiento –en donde se han dado cita excesos y oportunismos, pero, también, hartazgos y reivindicaciones—una oportunidad de enderezar el rumbo de una nación hecha de inmigrantes y del crisol de las razas de todo el mundo.

En este universo, para algunos tan sombrío como el que está dejando el país del norte la pandemia del coronavirus, destaca la figura del afroamericano de mayor rango en la Iglesia católica de Estados Unidos, el arzobispo de Washington DC, Wilton Gregory.

ARCHBISHOP GREGORY
Washarchdiocese | Twitter

En declaraciones de Gregory durante una teleconferencia de la AJC, una organización sin fines de lucro de defensa judía mundial, recogidas por sitio de noticias WTOP, Gregory confesó que “las emociones” que le dejan en su corazón los actuales tumultos raciales en su país son de “dolor y esperanza”.

«Estos tiempos llenan mi corazón de una profunda pena por el sufrimiento de las personas a la luz de la pandemia, a la luz de las repercusiones económicas, y también a la luz del asesinato obviamente cruel e injusto de personas inocentes», explicó el arzobispo Gregory en su intervención.

Y añadió: «Pero también llena mi corazón de esperanza porque, como hemos visto, muchas de las protestas han sido una maravillosa asamblea de estadounidenses con diferentes afiliaciones culturales, raciales, de edad, regionales y religiosas».

Más adelante, el arzobispo de Washington señaló que “tiene la esperanza” de que Estados Unidos haya alcanzado las condiciones necesarias para “trabajar juntos” y abordar algunas de las cosas que han sido puntos críticos y causaron tanta ansiedad y angustia en el país.

«Creo que este momento también nos ofrece la posibilidad de cambiar los corazones». A diferencia del pasado, el llamado al cambio “aún no está menguando” y los medios de comunicación “están cubriendo el movimiento a un nivel de intensidad que no recuerda del pasado”, expresó el prelado afroamericano en su intervención por zoom.

Un himno que comienza a cantarse en todos lados

La visión de esperanza del arzobispo Gregory se ve fundamentada en el creciente anhelo de cantar en las manifestaciones y en las concentraciones derivadas del movimiento contra el racismo del himno nacional de los afroamericanos, “Lift Every Voice and Sing” (Levanta toda voz y canta).

Este himno, que tiene más de un siglo de existencia, ha vuelto a escucharse en las últimas semanas, en varios puntos de Estados Unidos (Washington DC, Seattle…), uniendo a manifestantes de muy diversas razas, levantando los brazos con los puños cerrados y marchando contra la brutalidad policiaca en contra de afroamericanos desarmados.

El himno ha logrado apaciguar a unas manifestaciones –no a todas, por supuesto, muchas han supuesto actos de vandalismo y de rapiña—con su mensaje compartido de fidelidad, libertad e igualdad entre los hombres y las razas, tal y como lo reconoce la Constitución de los Estados Unidos de América.

“Vi a los blancos cantando esa canción diciendo ‘No hay justicia, no hay paz’ y ‘Black Lives Matter’. Es algo que no vi al principio de mi carrera o incluso hace quince años”, dijo a AP el reverendo Al Sharpton, refiriéndose a los manifestantes en Minneapolis después de la muerte de Floyd. “Tienes que ver a otras personas además de nosotros que aprecian nuestra canción, nuestro himno. Esto no es solo un momento. Este es un movimiento real», recalcó Sharpton.

El himno fue escrito como poema por James Weldon Johnson antes de que su hermano, J. Rosamond, lo convirtiera en música. La canción fue interpretada por primera vez en 1900, poco después de haber sido escrita. A partir de 1919 se convirtió en el himno nacional de los afroamericanos, diez años antes de que se adoptó para todo el país el actual himno nacional de los Estados Unidos.

En Dallas, cientos acudieron a la plaza donde le dispararon a John F. Kennedy en 1963 para marchar antes de tomarse un momento para cantar el himno. Los manifestantes cantaron la canción el mes pasado en el histórico Lincoln Memorial en Washington, DC. Lo mismo sucedió en Los Ángeles, Chicago, Baltimore y Minneapolis.

Para muchos, este himno es más “aplicable” que el himno actual de Estados Unidos, “The Star-Spangled Banner» (La bandera llena de estrellas). El reverendo Sharpton dijo a AP que la canción debería interpretarse en grandes lugares, para eventos deportivos y más allá.

«Debería, porque reconoce la herencia y la verdadera y auténtica lucha de Estados Unidos. Siempre ha habido la controversia sobre la raza involucrada en el himno nacional. Aquí hay un himno auténtico que surge de la experiencia estadounidense que no denigra al país, sino que también eleva la lucha y la afirmación de las personas que han sido parte de este país», terminó diciendo Sharpton.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.