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Aceites esenciales: ¿tan buenos como parecen?

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Bien usados, pueden tener muchos beneficios; pero tampoco son tan milagrosos como algunos los quieren hacer ver

Hace siglos que los aceites extraídos de las plantas existen en el mundo. Incluso, podemos encontrar buenas referencias de ellos en la Biblia, ya que eran sumamente preciados en la antigüedad (por algo el regalo de uno de los reyes magos a Jesús fue la mirra). Quizá el problema de la actualidad es que se han convertido en un negocio tipo piramidal y, en esa búsqueda de la ganancia, se le han atribuido falsas promesas y se han caído en recomendaciones que pueden ser hasta contraproducentes para la salud.

Existe una falsa creencia que siempre lo natural es bueno o mejor. Como todo, hay excepciones, y en una planta también puede haber sustancias tóxicas, irritantes y hasta mortales. En el caso de los aceites esenciales, la mayor consideración es que se trata de altas concentraciones de los extractos de las plantas, por lo que la mayoría de ellos deben ser diluidos y hay que prestar atención a las cantidades y a la forma de uso.

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Asimismo, tampoco hay evidencias científicas de la mayoría de los atributos médicos que se les adjudican (quizá a algunos les funciona como efecto placebo). Generalmente los aceites esenciales son terapias complementarias y, aunque sí pueden brindarte muchos beneficios (derivados de la aromaterapia, principalmente), tampoco es que son mágicos, y es peligroso que se deje de acudir en ciertos casos a un especialista por creer que se va a encontrar la cura de un padecimiento en estos frasquitos.

 

La mayor prueba de ello en estos tiempos, lamentablemente, es la gente que se aprovecha de la pandemia para afirmar que los aceites cítricos, por ejemplo, te van a prevenir que te dé Covid-19.

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Shutterstock | Madeleine-Steinbach

Beneficios y consideraciones


La aromaterapia ha sido ampliamente estudiada y, en efecto, puede ayudar a contrarrestar ciertos síntomas, mejorar los estados de ánimo y ayudarte con ciertos problemas de salud. Dependiendo del tipo de aceite (que no sea irritante para las mucosas) puedes olerlo directamente del frasco; no obstante, lo mejor es diluirlo y usar un difusor en un espacio ventilado y de forma intermitente.


El de limón es muy bueno para la congestión nasal; el de bergamota y el de lavanda son recomendables para disminuir el estrés y fomentar una mejor calidad de sueño respectivamente; el de menta y el de eucalipto pueden ser peligrosos para los niños (especialmente bebés) porque contienen fenol, un irritante de las vías respiratorias (igualmente la mayoría de los médicos coinciden que ni niños ni mujeres embarazadas, sobre todo las que están en su primer trimestre, deben usar aceites esenciales); el de árbol de té, aunque puede ser muy bueno para tratar puntualmente brotes de acné por sus propiedades antibacterianas, debe ser diluido antes en otro aceite o conductor para no irritar la piel; y recientes estudios (el primero fue publicado por el New England Journal of Medicine en el 2007) aseguran que el aceite de lavanda y el de árbol de té interfiere con el desarrollo hormonal de los niños, ocasionándoles ginecomastia (agrandamiento de una o ambas glándulas mamarias).

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Shutterstock | Africa-Studio


Otras consideraciones que debes tomar en cuenta es que nunca los almacenes cerca de objetos inflamables (cocina, velas y chimeneas) y jamás los apliques cerca de tus ojos, oídos o partes íntimas. ¿Ingerirlos? La mayoría de los especialistas de la salud dicen que no, porque el cuerpo los absorbe aún más, así que hasta una pequeña dosis mal llevada puede ser mortal.

No es que a nivel tópico o en aromaterapia mal usados no tengan efectos negativos (pueden causar alergias o irritaciones severas, por lo que también se recomienda hacer antes una pequeña prueba en un brazo), pero son mucho más fáciles que tratar que una intoxicación o envenenamiento.

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Shutterstock | Africa-Studio


Además, puedes beneficiarte de los aceites esenciales de otras formas más seguras (sobre todo cuando estás empezando a instruirte): puedes usar un par de gotas en tu lavadora para tu ropa o sábanas (de nuevo, cuidando las cantidades y que el aceite usado no sea contraproducente bajo la luz del sol o en la piel), agregar gotas a una botella de vinagre para un limpiador casero o hacer hasta tu propia vela aromática.

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7 preguntas que debes hacerte antes de usar cualquier aceite esencial

Los aceites esenciales están exentos de la mayoría de las regulaciones médicas, así que por eso es muy importante que, antes de usarlos, investigues y/o consultes con tu médico, te asesores con un verdadero profesional certificado en la materia y siempre te hagas estos interrogantes:

  1. ¿Cómo debo diluir este aceite?
  2. ¿Qué método es el más apropiado? (difusor, solución tópica, etc)
  3.  ¿Sé cuántas veces al día lo puedo usar? ¿Es fotosensible?
  4. ¿Sospecho que puedo estar embarazada?
  5. ¿Este aceite tiene alguna contraindicación con algún medicamento que estoy tomando o condición médica previa?
  6.  ¿Alguna de las personas o mascotas que me rodean pueden verse afectadas negativamente?
  7.  ¿Me consta que este aceite es completamente natural y no es de dudosa procedencia?
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Sin duda, es lamentable que haya gente que distorsione las propiedades y efectividad de los aceites esenciales (incluso, la FDA en los Estados Unidos ya ha tenido que enviar varias advertencias a dos de estas famosas compañías por querer mercadear sus productos como medicinas); primero, por las consecuencias médicas que esto puede tener para quienes crean fielmente en estos vendedores que brindan falsas promesas o, peor aún, ni siquiera están preparados; y segundo, porque hacen que otro grupo de personas ya vean con escepticismo todo lo que tenga que ver con aceites esenciales por considerarlo un negocio y no disfruten de sus comprobados beneficios.

Si bien están lejos de ser un elixir milagroso y todavía hay muchos estudios por hacer, la verdad es que detrás de su auge, además de compañías en búsqueda de dinero con un mercadeo constante, hay personas buscando bienestar físico y mental, y es allí donde debemos centrar nuestra atención y cuidados.

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