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Diálogos de consultorio: «Me estoy quedando sin amigos»

BEZRADNOŚĆ
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Acude al consultorio de Aleteia una paciente con un problema psicológico y otro social. Así le intentamos ayudar.

En el consultorio, la paciente argumentaba que, como sufría un problema nervioso, actuaba de forma grosera pero involuntaria con amigos y familiares. Por eso, empezaban a distanciarse de ella. 

Me estoy quedando sin amigos. Estoy preocupada. Lo cierto es que no es mi intención ofenderles. afirmó.

¿Considera usted que actúa de forma inconsciente?le preguntó.

Sí, ya que lo dice… así es contestó con titubeo.

¿Me permite contarle con un caso real que puede ayudarnos a aclarar algo muy importante respecto de lo que considera su verdad? — le solicité. Como accedió, proseguí. Un acusado de robo fue defendido por un abogado que argumentó que su cliente no era totalmente responsable de sus actos, ya que se le había diagnosticado cleptomanía, un trastorno psicológico por el que se padece un impulso incontrolable por sustraer lo ajeno.

Durante el juicio, todo indicaba que lograría su exoneración, más de pronto, antes de que se cerrase el caso, el inculpado acepto por propia iniciativa, que había actuado de forma consciente. Ya en la cárcel, declaró que, a pesar de estar tras las rejas, por primera vez en su vida se sentía verdaderamente libre, pues había sido capaz de actuar al aceptar la más profunda verdad de sí mismo, y que repararía en lo posible los daños que hubiese causado.

¿Qué trata de decirme? preguntó la paciente un poco tensa.

Que existe una libertad que se manifiesta no solos en los actos externos, como al decidir entre hacer una cosa o la otra, sino también en los actos más internos de la persona, como en el caso del ladrón, que decidió a asumir la responsabilidad de sus acciones con todas sus consecuencias.   

Era un hecho que tenía un problema psiquiátrico, pero también es un hecho que era consciente de sus acciones. La cuestión es la importancia de ejercer una libertad que tenga en cuenta la verdad de uno mismo, no la que nos interesa ya sea por impulsos sentimentales o capricho de la voluntad, lo cual, por supuesto, no es su caso.

Entiendo lo que debo hacer para que las personas, sobre todo las que más me interesan, no eviten mi trato— dijo mi consultante arrugando su entrecejo.

Bueno. el enfoque es que, al margen de las condiciones de su enfermedad, usted, y solo usted, puede saber, si en su interior existe aún ese reducto de libertad para tomar decisiones verdaderamente personales entre lo que está bien y lo que está mal.

Por supuesto que tengo cierta conciencia. ¡Padezco una enfermedad nerviosa, pero no estoy loca!fue su firme respuesta.

Tanto la tiene que le duele y le preocupan sus relaciones — le confirmé. — Le propongo que analice qué actos se producen de forma inconsciente, es decir sin el uso de nuestra voluntad, como romper algo por accidente. Otra muy distinta es cuando conscientemente cometemos malas acciones, por las que, además de reparar, debemos pedir perdón. Y entre unos actos y otros, muchas veces existe una delgada línea marcada por la conciencia, que solo nosotros la podemos reconocer.

Bueno yo considero que, en mi caso, lo que procede, no es pedir perdón sino disculparme — intervino volviendo a titubear.

Tiene razón, más aún cuando sabe que existen consecuencias de sus actitudes, por las que es conveniente hacerlo desde esa intima libertad que usted reconoció tener, para elegir entre lo que es su verdad, y lo que no lo es. De esa manera evitará que su enfermedad tome el control de su vida artificiosamente, y termine separándola, no solo de sus amistades, sino de su propia familia. Dicho de otra forma, no permita que su enfermedad encierre su libertad en una cárcel, impidiendo que pueda manifestarse positivamente en el trato con los demás.

Si no lo permite, entonces la suya será una vida esperanzadora, mientras vence su enfermedad.  Dicho de otra manera, se trata de establecer una diferencia entre la influencia de su enfermedad, y su capacidad para tomar control de sus acciones, para de una forma u otra hacerse responsable y conservar sus vínculos afectivos.  En su mano quedará ratificar esta verdad en su vida.

Mi consultante siguió su tratamiento médico pero ahora, con una actitud distinta, al esforzarse en reconocer esa delgada línea entre su verdad más íntima y la de su problema nervioso, podrá intentar reconstruir su relación con sus seres queridos. 

Por Orfa Astorga de Lira

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org

 

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