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¿Has visto la nueva evidencia científica sobre el más allá?

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Benjamin Haas | Shutterstock
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La vida futura después de la muerte, un tema inevitable que es una enorme apertura nueva para compartir la fe

El siglo XXI ha ofrecido de forma inesperada a los católicos una oportunidad de oro para compartir su fe en relación a un tema que a prácticamente todo el mundo le parece curioso.

Es un tema que abre la mente de las personas a lo sobrenatural y cambia el comportamiento de quienes se lo toman seriamente. Es un tema tan antiguo como la humanidad, pero “territorio inexplorado” para todos los seres humanos: la muerte.

A pesar de la generalizada secularización, la creencia en el más allá está aumentando.

Citando una encuesta que indicaba que el 81 % de los estadounidenses creen en el paraíso, un artículo de la revista MacLeans ahondaba en 2013 en la pregunta “por qué tantísimas personas —incluyendo científicos— creen de repente en el más allá”.

Una razón es que, ahora, tenemos una sorprendente evidencia científica.

Uno de los casos más impactantes fue documentado por Kimberly Clark, que entrevistó a una paciente que había sufrido insuficiencia cardíaca y había sido resucitada. La paciente declaró que sobrevoló por encima de su cuerpo y luego salió atravesando la pared del hospital, donde vio una zapatilla deportiva en una cornisa. Siguiendo sus instrucciones, el personal del hospital encontró un zapato que respondía a su detallada descripción.

“La única manera en que podría haber tenido una perspectiva así”, afirmó Clark, “era si hubiera estado flotando justo afuera y a una distancia muy corta de la zapatilla de tenis”.

El padre Robert Spitzer cita este y otros análisis revisados por colegas de “experiencias cercanas a la muerte” en su obra Evidence of Our Transphysical Soul [Evidencia sobre nuestra alma transfísica].

Si tenemos una consciencia que trasciende nuestro cuerpo, ¿no es posible una existencia después de la muerte?

Sí lo es, así lo ha decidido la cultura popular, en obras que lo cubren todo desde Un hombre llamado Ove hasta Dog, el cazarrecompensas.

Un hombre llamado Ove es una novela superventas internacional del autor sueco Frederik Backman que cuenta la historia de un anciano malhumorado que intenta matarse en repetidas ocasiones. En la historia se da por supuesto que, al hacerlo, se reunirá con su difunta esposa.

Duane “Dog” Chapman, una estrella popular de la televisión estadounidense, describió esta misma creencia en una entrevista después del fallecimiento de su mujer, Beth.

Y afirma Duane: “Tengo la sensación de que si me hiciera algo ahora mismo y muriera suicida y fuera al cielo [Beth me diría], ‘Vaya, estás aquí’. Y yo respondería, ‘Claro que estoy aquí. Te fuiste. Estoy aquí’. Así que, ¿estoy obligado a hacerlo?”.

También imagina que Beth se enfadaría con él por cometer suicidio. En el mejor de los casos, la creencia en una vida benigna después de la muerte sigue forzando a la gente a tomarse la muerte en serio.

“La muerte es algo extraño”, escribe Backman en Ove. Las personas viven toda la vida como si no existiera y, aun así, a menudo es una de las mayores motivaciones para vivir. Algunos de nosotros, con el tiempo, nos hacemos tan conscientes de ella que vivimos más intensamente, con más terquedad, más furia. Algunos necesitan su presencia constante para ser siquiera conscientes” de ella.

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Esta necesidad de confrontar la muerte ha engendrado nuevos mecanismos de superación por todo el mundo.

Más de 25.000 personas en Corea del Sur han participado en “funerales vivientes”, unos servicios que, desde 2012, introducen a personas en ataúdes y recopilan mensajes sobre sus vidas de parte de seres queridos, según informa Reuters.

“Una vez tomas consciencia de la muerte y la experimentas, asumes una nueva perspectiva de la vida”, afirma un participante.

La emisora de radio estadounidense Spokane Public Radio informó sobre nuevas formas que tienen los estadounidenses de lidiar con la muerte, incluyendo la elaboración de ataúdes ecológicos tejidos con mimbre y la asistencia a encuentros en cafeterías o restaurantes donde se charla sobre la muerte.

“Ya que han tomado el control de muchas otras cosas a lo largo de sus vidas”, comenta la profesional de cuidados terminales Nicole Pelly, los baby boomers están “tomando el control ahora del proceso del final de su vida y sienten el deseo de conversar sobre ello”.

Falta algo…

Sin embargo, el entendimiento cultural sobre la muerte tiene un defecto fatal: está libre de juicio.

Las actitudes modernas hacia la muerte señalan, sin llegar a acertar, hacia las “cuatro últimas cosas” que se enseña a los católicos a afrontar.

Ven la muerte y la temen; esperan el cielo pero lo malinterpretan; imaginan un infierno —solamente para pecadores monstruosos— y rechazan de pleno el juicio.

Los católicos creen que “cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre” (CIC 1022).

Este juicio final “sobre el amor” ha impulsado la forma en que generaciones enteras de personas han vivido la vida. La nueva forma de entender la muerte, sin riesgos, también guía la conducta.

Las “muertes por desesperación” —cuando las personas responden a la angustia emocional poniendo fin a sus vidas bien directamente, a través del suicidio, o bien lentamente a través del suicidio lento de la adicción al alcohol o las drogas— han aumentado más del doble en lo que va de siglo XXI en Estados Unidos.

Podría parecer un desarrollo inofensivo o incluso positivo el que las personas hayan hecho las paces con la muerte. No lo es. La muerte es una destrucción de nuestra identidad de alma y cuerpo que nos empuja a una situación en la que nuestro compromiso o rechazo vital de Dios queda fijo en la eternidad.

Así que, hablen de la muerte. La gente está lista para escuchar y los católicos saben cosas sobre ella que pueden cambiar la vida de las personas… para siempre.

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