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La valentía de un obispo con depresión

CONLEY
Facebook-Catholic Diocese of Lincoln
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La enfermedad silenciosa del siglo XXI y la ausencia del obispo de Lincoln

Uno los supone de hierro. Pero son seres humanos y, como tales, están expuestos a las presiones y enfermedades de la cultura actual. Una de ellas, la depresión. La que ha sido llamada, no sin razón, “la enfermedad silenciosa del siglo XXI”.

Exhausto, el obispo de Lincoln (Nebraska, Estados Unidos), James Conley (1955) ha pedido un período de ausencia para ser tratado tras un diagnóstico complejo: depresión, aunada a ansiedad, insomnio y una enfermedad del oído llamada tinitus.

Consagrado como obispo en 2008 en Denver (Colorado), Conley es el noveno obispo de Lincoln (97.000 católicos, 134 parroquias y 31 escuelas católicas) y está al frente de la diócesis desde 2012.

“Mis doctores me han pedido que tome un tiempo de ausencia para llevar un tratamiento médico y psicológico, y que tome un largo descanso totalmente necesario”, expresó el prelado estadounidense en una carta inusual dirigida a sus feligreses.

Una decisión valiente

La decisión de aceptar la necesidad médica de ausentarse de su ministerio –que muestra la transparencia de los nuevos tiempos en la Iglesia católica de Estados Unidos—fue tomada por el obispo Conley tras un largo período de oración y de consultar a su director espiritual, a los obispos cercanos y a su familia.

De hecho, el obispo Conley ya se encuentra fuera de Lincoln y el Papa Francisco ha nombrado al obispo de Omaha (también en Nebraska), George Lucas, para que lleve a cabo las tareas administrativas de la diócesis mientras dura la ausencia del titular.

Conley, de 64 años, planea retornar, según la carta que, al hacerse pública ha sido tendencia en redes sociales católicas de medio mundo, después de llevar “el mejor tratamiento médico y psicológico a mi alcance”. El retiro del obispo y su tratamiento se llevará a cabo en Phoenix (Arizona).

En la carta a los fieles de Lincoln, Conley dijo que venía batallando con temas médicos y psicológicos desde hacia meses sin otra ayuda más que la oración, el consejo y la dirección espiritual. Pero eso llegó a su fin: el agotamiento era físicamente insostenible y la enfermedad requería un tratamiento profesional.

“Ha sido difícil para mí aceptar que los problemas de salud mental son, realmente, problemas de salud y no solamente un defecto de mi carácter, especialmente durante un año de dificultades para nuestra diócesis”, subrayó el obispo Conley, quien también ha hecho esta confesión pública “para ayudar, de alguna manera, a quitar el estigma” que todavía flota sobre los problemas de salud mental.

Un año difícil

Hay que recordar que a principios de 2019, Conley tuvo que enfrentar el escándalo de nueve antiguos sacerdotes de la diócesis de Nebraska que fueron creíblemente acusados de haber cometido abusos sexuales en contra de menores de edad.

De hecho, la fiscalía del Estado de Nebraska (que cuenta con 350 templos católicos) se encuentra investigando denuncias de abuso sexual tanto en la diócesis de Lincoln como en la diócesis de Omaha. Ambas diócesis han anunciado, recientemente, nuevas políticas para enfrentar el abuso sexual de miembros del clero.

En un tuit publicado el 13 de diciembre, Conley dejó en claro el por qué ha querido hacer pública su enfermedad y su ausencia: “He querido compartir con ustedes alguna información acerca de mi salud por la amistad que tengo con muchos de ustedes y porque no quiero inquietarlos innecesariamente, y para evitar cualquier especulación por mi ausencia”.

Finalmente, el obispo Conley dejó este mensaje: “Jesucristo es el Médico Divino quien ofrece la gracia de sanarnos. Me confío al poder de sanar de Cristo y a la intercesión de la Santísima Virgen María. Estoy dichoso de ser su obispo; amo a la diócesis de Lincoln. Será difícil estar lejos. Por favor, recen por mí al igual que yo rezo por ustedes”.

Se calcula que 17.3 millones de adultos en Estados Unidos han tenido al menos un episodio mayor de depresión en el transcurso de su vida. Este número representa 7.1 por ciento de todos los adultos que viven en la Unión Americana.

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