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Papa Francisco: Lo pequeño es hermoso

KURCZAK WIELKANOCNY
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Homilía hoy en Casa Santa Marta: «Las cosas de Dios empiezan germinando, de una semilla, pequeñas»

“La liturgia de hoy – exhorta el Papa Francisco en la homilía de la Misa en Casa Santa Marta – habla de las cosas pequeñas, de lo que es pequeño, podemos decir que hoy es la jornada de lo pequeño”.

La primera lectura esta tomada del libro del Profeta Isaías, donde se anuncia: “En aquel día, un germen brotará del tronco de Jesé, un retoño germinará de sus raíces. Sobre él se posará el espíritu del Señor…”.

“La Palabra de Dios hace el elogio de lo pequeño”, dice el Papa, y hace una promesa, la promesa de un retoño que brotará, y ¿qué hay más pequeño que un retoño? Pero “sobre él se posará el Espíritu del Señor”.

La redención, la revelación, la presencia de Dios en el mundo empieza así y siempre así. La revelación de Dios se hace en la pequeñez. Pequeñez, sea humildad… muchas cosas, pero en la pequeñez. Los grandes se presentan poderosos, pensemos en la tentación de Jesús en el desierto, como Satanás se muestra poderoso, dueño de todo el mundo: “Yo te doy todo, si tú…”. En cambio, las cosas de Dios empiezan germinando, de una semilla, pequeñas. Y Jesús habla de esta pequeñez en el Evangelio”.

Hacerse pequeños para que brote el Reino de Dios

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Jesús goza y da gracias al Padre porque se ha revelado no a los poderosos, sino a los pequeños, y el Papa recuerda que en Navidad “iremos todos al nacimiento, donde está la pequeñez de Dios”.

En una comunidad cristiana donde los fieles, los sacerdotes, los obispos, no toman este camino de la pequeñez, no hay futuro, se derrumbará. Lo hemos visto en los grandes proyectos de la historia: cristianos que intentaban imponerse, con la fuerza, la grandeza, las conquistas… Pero el Reino de Dios brota en lo pequeño, siempre en lo pequeño, la semilla pequeña, la semilla de vida. Pero la semilla por sí sola no puede. Hay otra cosa que ayuda y que le da la fuerza: “En aquel día, un germen brotará del tronco de Jesé, un retoño de sus raíces. Sobre él se posará el espíritu del Señor”.

El Espíritu no puede entrar en un corazón soberbio

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“El Espíritu elige siempre lo pequeño, siempre”, subraya Francisco, porque “no puede entrar en lo grande, en lo soberbio, en lo autosuficiente”. Es en el corazón pequeño donde tiene lugar la revelación del Señor.

El Papa habla de los expertos en teología para subrayar que los teólogos “no son los que saben mucho de teología”, estos se podrían llamar «enciclopedistas» de la teología.

“Lo saben todo – prosigue el Papa – pero no son capaces de hacer teología porque la teología se hace de rodillas, haciéndose pequeños”.

Por tanto, subraya, “el verdadero pastor, sea sacerdote, obispo, papa, cardenal, sea quien sea, si no se hace pequeño, no es pastor”. Más bien es un jefe de empresa.

Y esto vale para todos. “Desde el que tiene un cargo que parece el más importante en la Iglesia, a la pobre viejecita que hace obras de caridad a escondidas”.

La pequeñez cristiana no es pusilanimidad

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Papa Francisco rebate la duda que podría surgir sobre si el camino de la pequeñez lleve a la pusilanimidad, a la cerrazón en uno mismo, al miedo.

Y dice que al contrario, “la pequeñez es grande”, es capacidad de arriesgar “porque no tiene nada que perder”.

Explica que precisamente, la pequeñez lleva a la magnanimidad, porque nos hace capaces de ir más allá de nosotros mismos, sabiendo que la grandeza la da Dios.

Y cita una frase de Tomás de Aquino, contenida en la Summa teologica, que explica cómo un cristiano debe comportarse como pequeño, ante los retos del mundo, para no vivir como un cobarde.

Santo Tomás dice así: “No asustarse de las cosas grandes – hoy nos lo muestra también san Francisco Javier – no asustarse, ir adelante; pero al mismo tiempo, tener en cuenta las cosas más pequeñas, esto es divino”. Un cristiano parte siempre de la pequeñez. Si yo en mi oración me siento pequeño, con mis límites, mis pecados, como el publicano que rezaba en el fondo de la iglesia, avergonzado: “Ten piedad de mi que soy un pecador”, avanzaré. Pero si creo que soy un buen cristiano, rezaré como el fariseo que no salió justificado: “Te doy gracias, Dios, porque soy grande”. No, demos gracias a Dios por ser pequeños.

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