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El dragón enterrado bajo una iglesia medieval en Roma

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Mataba a todos los que se acercaban donde vivía, pero el Papa Silvestre I lo «convirtió» en un animal manso

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No hay lugar en Roma que no esconda alguna leyenda, mito, historia, o curiosidad. El relato que les contaré ahora es una de las leyenda más antiguas de la “ciudad eterna” y tiene que ver con un santo y un dragón.

Dicen que en siglo IV d.C. vivía en una caverna del monte Palatino, un terrible dragón que con su aliento fétido, mataba y se alimentaba de cualquier persona que pasaba cerca del lugar. Cansados los lugareños decidieron pedir ayuda al papa Silvestre I, que ya antes se había encargado de una bestia similar en Poggio Catino.

Viendo el santo pontífice que esta era una ardua tarea, decidió pedir consejos a los santos Pedro y Pablo. Con los consejos de los santos se dirigió a la guarida del monstruo totalmente desarmado, sólo con un crucifijo en mano invocando la ayuda a la Virgen María

El dragón inmediatamente a la vista de todos se volvió tan manso, hasta el punto que el papa pudo atarlo con un hilo de su túnica y lo llevó en presencia de sus fieles, que pusieron fin con su vida.

Muchos de los sacerdotes paganos impactados por el evento, se convirtieron al cristianismo.

Luego, el enorme cuerpo fue arrastrado al Foro Romano hasta el templo de Cástor y Pólux, de los cuales aún quedan tres elegantes columnas estriadas corintias y fue enterrado allí.

Según la tradición, el pontífice habría ordenado construir, para agradecer a la Virgen que lo había protegido, una iglesia aprovechando algunos ambientes de un edificio imperial de la época de Domiciano.

Lamentablemente en el pontificado de León IV (847-855), la iglesia fue abandonada después de los daños sufridos por un terrible terremoto. Por esta razón, el León IV mandó construir, no muy lejos, la iglesia de Santa María Nova (actual Basílica de Santa Francesca Romana) , utilizando parte de las ruinas del Templo de Venus y Roma, y donde se encontraba una capilla que conmemoraba la caída de Simón el Mago.

Más tarde en el área de Santa Maria Antiqua se construyó otra iglesia llamada Santa María Liberadora o “Sancta Maria libera nos a poenis inferni”.

Santa Maria Antiqua es llamada la Capilla Sixtina del Palatino, siendo uno de los lugares de culto católicos y bizantinos más antiguos dedicados a la Virgen.

Con el tiempo vinieron a la luz importantes obras en los restos de muros, por ejemplo: la representación de María Reina en el trono con el Niño Jesús, con el estilo de una emperatriz de Bizancio. A su lado se encuentra una extraordinaria figura de un ángel, denominado Ángel Bello, por su hermosura y de la cuál Giotto, lo tomará como modelo en sus obras.

Además, la iglesia posee la más antigua representación de la Virgen María como Reina de los Cielos, datada hacia el siglo VI.

Desde el 2016 puede ser visitada, gracias a un laborioso programa de restauración entre la Superintendencia italiana para el Patrimonio Histórico y la World Monuments Fund. Disfrutando de la riqueza de sus frescos que han permitido conocer las primeras etapas del arte medieval.

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