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13 místicas vieron a las almas del purgatorio: están tristes y sufren

DUCH, ZJAWA
Unsplash | CC0
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Santa Brigida, Natuzza, Santa Faustina: sus visiones tienen muchos puntos en común. Estas son las descripciones detalladas

7) Santa Margarita María Alacoque (1647-1690)

“Mientras estaba ante el Santísimo el día del Corpus Domini – se lee en sus escritos  – de repente se me presentó delante una persona envuelta en llamas, cuyos ardores penetraron tan fuertemente que me parecía arder con ella. El piadoso estado en el que me hizo ver que se hallaba en el purgatorio, me hizo derramar muchas lágrimas. Me dijo que era ese religioso benedictino que una vez escuchó mi confesión y me ordenó que comulgara; para compensarlo por tan útil consejo, Dios le permitió dirigirse a mi, para que le aliviase sus penas, pidiéndome durante tres meses estar en todo lo que hiciera o sufriera”.

“Me sería difícil contar cuánto sufrí en esos tres meses. No me dejaba nunca, y me parecía tener el lado en que él estaba, envuelto en una llama de fuego, con dolores tan agudos que yo gemía y lloraba casi continuamente”. “Al final de los tres meses volví a verlo bien distinto: lleno de alegría y rodeado de gloria, se iba a gozar la felicidad eterna; dándome las gracias, me dijo que me protegería ante Dios. Yo estaba enferma. pero como mi enfermedad desapareció con la suya, sané en seguida”.

8) Santa Francisca Cabrini (1850-1917)

La santa tenía un afecto particular por las almas de los fieles en purgatorio. En las apariciones de las almas purgantes hubo también testimonios de reconocimiento y de devolución de favores por parte de ellas. Tras la muerte de un monseñor, al acercarse un día la santa a la comunión en sufragio suyo: lo vio delante diciéndole: “Esta santa Comunión la harás por mí”. Durante un mes se repitió en sus oídos la misma petición, y al final del mes lo vio sonriente y le escuchó decir: “Ahora basta, te doy las gracias; hasta ahora me has ayudado, a partir de ahora te ayudaré yo”.

9) Santa Faustina Kowalska (1905-1938)

Durante la convalecencia de una enfermedad, Santa Faustina recuerda haber pedido a Jesús: “¿Por quién tengo que rezar?”. “Jesús me respondió que me lo diría la noche siguiente. Vi al Ángel de la Guarda, que me ordenó seguirle. En un momento me encontré en un lugar nublado, lleno de fuego, y en él una muchedumbre enorme de almas sufrientes. Estas almas rezan con gran fervor, pero sin eficacia para sí mismas: sólo nosotros podemos ayudarlas. (…) Pregunté a esas almas cuál era su mayor tormento. Y unánimemente me respondieron que su mayor tormento es el ardiente deseo de Dios”. “Vi a la Virgen que visitaba a las almas del purgatorio. Las almas llaman a María ‘Estrella del Mar’. Ella les da alivio”. “Oí dentro de mi una voz que decía: ‘Mi Misericordia no quiere esto, pero lo exige la justicia’. Desde entonces estoy más cerca de las almas sufrientes del purgatorio”.

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