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13 místicas vieron a las almas del purgatorio: están tristes y sufren

DUCH, ZJAWA
Unsplash | CC0
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Santa Brigida, Natuzza, Santa Faustina: sus visiones tienen muchos puntos en común. Estas son las descripciones detalladas

4) Santa Francisca Romana (1384-1440)

A través de muchas visiones, Santa Francisca Romana pudo ver el paraíso, el infierno y también el purgatorio. Define este último como “Reino de los dolores” y lo describe como dividido en varias regiones: la superior, en la que se encuentran las almas que sufren la pena del daño, las que no pueden ver a Dios, y penas sensibles menos graves por culpas leves; aquí el Purgatorio consiste en una infinita nostalgia de Dios y de su visión beatífica.

En el purgatorio de en medio sufren las almas que tienen culpas más graves que expiar. La tercera región, la más baja, está muy cerca del infierno y llena de un fuego que penetra en los huesos y la médula, fuego que se distingue del del infierno sólo por su obra purificadora y santa. Cada una de estas regiones se divide en varias zonas en base a las culpas y las penas.

Según Francisca Romana, Dios acoge las intenciones de quienes ofrecen oraciones u obras de reparación o de penitencia en beneficio de un alma determinada, a menos que no haya motivos particulares para esas obras o las oraciones no le aprovechen.

5) Santa Teresa de Ávila (1515-1582)

Teresa consideró una de las gracias más grandes una visión en la que Dios le mostró el infierno y el puesto que se le habría reservado si hubiese continuado en la tibieza y superficialidad con que estaba viviendo la vida religiosa. Desde entonces sentía un fuego devorador por el infinito deseo de preservar a las almas de este abismo.

En su obra mística “El castillo interior”, describe el tormento que las almas del purgatorio deben sufrir a causa del ardiente deseo que tienen de la visión de Dios que aún no se les ha concedido. En este tiempo, escribe Stanzione hablando de la gran santa española, Dios “da al alma un conocimiento tan vivo de quien es realmente, que el tormento llega al punto de impulsarla a gritar. Ahora el alma no puede hacer otra cosa, aun estando acostumbrada a soportar con paciencia sus tremendos dolores, pues no siente dolor en el cuerpo, sino en su intimidad más profunda”.

“Las penas de las pobres almas del purgatorio justo de este tipo”, escribía Santa Teresa, “pues estando libres del cuerpo sufren mucho más de lo que se puede sufrir cuando se está aquí en la tierra”. “El alma se consume por una sed ardiente de la posesión de Dios, pero no puede alcanzar esta ‘agua’”.

6) Santa María Magdalena de’ Pazzi (1556-1607)

Carmelitana, tenía continuamente fatigosos éxtasis. Entre lo que vio sobre el purgatorio en sus experiencias y visiones, recuerda en especial la muerte de su hermano Alamanno.

Maria Magdalena, recuerda Stanzione, “estaba descansando con algunas hermanas en el jardín del monasterio. De repente cayó en éxtasis y se puso a gritar: ‘Sí, estoy dispuesta a venir”. Con estas palabras, cuyo significado no comprendieron sus hermanas, la santa comunicaba su disposición a seguir a su ángel guardián en un viaje a través del purgatorio”.

“¡Oh pobre hermano mío, cuánto debes sufrir! ¡Pero consuélate! Sabes que estas penas te abren el camino a la bienaventuranza eterna!”, dijo cuando vio el alma de su hermano difunto. Prosiguió: “’Yo veo que no estás triste, porque soportas penas, que son tremendas, ¡pero de buen grado y feliz! Cuando estabas en este mundo no quisiste escuchar cuando te advertía y te aconsejaba. Ahora, deseas que yo te escuche. ¿Qué quieres de mí?’. Él le pidió un determinado número de misas y santas comuniones”.

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