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Guatemala: un panorama desolador

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La geografía del desastre natural tiende a coincidir con la geografía de la pobreza

No obstante Guatemala esté situada en el “Anillo de Fuego”, un área de intensa actividad sísmica que se extiende desde el límite de la Placa del Pacífico y las placas más pequeñas como la Placa del Mar de Filipinas hasta las placas de Cocos y Nazca que bordean el Océano Pacífico, y no obstante el Volcán de Fuego (que alcanza una altitud de 3.763 metros sobre el nivel del mar en su punto más alto) sea uno de los más activos de América Central, la cultura de la prevención en ese país, como en muchos otros de Latinoamérica, no es que sea deficiente: brilla por su ausencia.

La geografía del desastre natural tiende a coincidir con la geografía de la pobreza. La población en condiciones precarias que habita en las faldas del Volcán de Fuego fue, este domingo tres de junio alrededor de las tres de la tarde (hora local), la principal afectada por las erupciones. Habituados a la actividad del Volcán de Fuego, las aldeas de El Rodeo, La Reina, La Libertad y San Miguel Los Lotes, continuaron con su vida cotidiana, pese a que a las seis de la mañana el volcán ya había dado su primer aviso.

La humilde población que vivía en los alrededores continuó sin moverse. Nadie le había dado el aviso de lo que habría de abatirse sobre sus comunidades. La tragedia sobrevino cuando una de las barrancas o pasillos por donde habitualmente cae la lava del Volcán de Fuego se saturó y comenzó a expandirse sobre las viviendas de las cuatro aldeas, tomando a su paso a los pobladores y causando enorme mortandad.

Hasta el momento de cerrar esta edición, el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) de Guatemala había contabilizado 65 personas muertas. Por su parte, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala (Conred), dijo que hay –al menos– 46 personas heridas, entre ellas varios niños, algunos de ellos con quemaduras de tercer grado.

En total son 1.7 millones las personas afectadas. Más de 4.000 personas fueron evacuadas y aún se ignora el número de personas desaparecidas. Apenas si comienza el recuento en las comunidades afectadas y entre las familias que alcanzaron a huir o a burlar el río de lava que se abatió sobre sus viviendas, calles y plazas. El Gobierno de Guatemala aprobó ayer lunes el Estado de Calamidad Pública en los departamentos de Chimaltenango, Escuintla y Sacatepéquez, los más afectados por la erupción del Volcán de Fuego.

Fotos cortesía CORED bomberos voluntarios via @isnardobravo

Según se ha podido ver en las diversas fotografías que retratan la tragedia, la comunidad de El Rodeo fue una de las más perjudicadas por la erupción, ya que terminó enterrada por la lava y las cenizas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), se trató de la explosión más fuerte que se haya registrado en el cráter del Volcán de Fuego desde 1974; la erupción del domingo arrojó un río de lava candente y produjo espesas nubes de humo de casi 9.6 kilómetros en el aire.

La erupción –dijo el Insivumeh– está llegando a su fin con 14.763 pies de ceniza y explosiones de débiles a moderadas. La dependencia advirtió que podría haber nuevas erupciones y que los residentes en las áreas circundantes deberían estar alerta sobre deslizamientos de lodo que contiene material volcánico. La ceniza volcánica se había extendido en un radio de 19 kilómetros y los vientos podrían llevar la nube aún más lejos, dijeron las autoridades.

La Conred ha abierto 13 albergues, 12 de ellos en el Departamento de Escuintla (diez en el propio Municipio de Escuintla, uno en Santa Lucía y otro más en el Municipio de Cotzumalguapa) y uno en el Departamento de Sacatepéquez (en el Municipio de Alotenango). Ayer por la noche había un total de 1.877 personas albergadas, aunque se esperaban más en el transcurso de la madrugada de hoy martes.

En los últimos cincuenta años la erupción más potente del mundo fue la del Pinatubo (isla de Luzón, Filipinas), que en 1991 alcanzó un seis en la escala de O a 8 que mide las actividad volcánica. Más atrás en el tiempo, la del Krakatoa (Indonesia) en 1883 llegó también a ese mismo nivel y la del Tambora (también en Indonesia), en 1815, a siete. Los datos proceden de la base Global Volcanism Program, del Instituto Smithsoniano. Sobre esta erupción, el Instituto todavía no emite todavía informe alguno.

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