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5 actitudes para convertir un conflicto familiar en una ocasión para amarse más

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Convivir y cambiar, y sentir que no fracasamos en el intento, son objetivos que requieren algo de esfuerzo

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A veces el cariño no es suficiente. Abordar las diferencias del día a día, los puntos de vista diversos, los desacuerdos… Todo ello forma parte del camino, al igual que las emociones y los sentimientos que están detrás, en ocasiones, ocultos.

Necesitamos pequeñas herramientas que nos ayuden en ese proceso. (Ver galería) A veces las utilizamos sin darnos cuenta, y otras veces nos empeñamos en no utilizarlas aunque las conozcamos perfectamente.

 

La relación se negocia en cada instante. En cada palabra, en cada silencio, en cada gesto hay un mensaje sobre la relación que queremos, un mensaje que el otro recibe y contesta.

La respuesta, haya o no acuerdo, siempre forma parte de la relación. Darnos cuenta de ello puede ayudarnos a entender las negociaciones en las que participamos cotidianamente.

Estamos juntos. Convivimos con personas a las que queremos. Nos comunicamos. Con cada persona hemos aprendido a decir las cosas de una manera.

Desde que conocemos a nuestra pareja hemos ido pactando un estilo de comunicarnos.

Y lo seguimos haciendo cada día. Desde que somos hijos, desde que somos padres hemos ensayado una forma de transmitir el afecto, el enfado, la tristeza a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros hijos.

Esas personas a las que queremos se sienten bien cuando se sienten escuchados, cuando nos ponemos en su lugar, cuando sentimos como ellos (empatía), cuando elogiamos o apoyamos sus logros, cuando decimos las cosas (las que nos gustan y las que no) con mensajes claros y congruentes, cuando buscamos maneras de solucionar los problemas.

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