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Para ganar en armonía… ¡improvisa!

IMPROVISATION
Ottochk - Shutterstock
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No tengas miedo a tomar decisiones fuera de los planes que previamente habías establecido. De vez en cuando, la improvisación alivia

A todos nos gusta saber que nuestra vida va sobre ruedas. Hay temporadas, o días, o momentos, en los que la vida transcurre con una cierta calma. Hay estabilidad y todo funciona según el plan establecido. Hasta que, de repente, las cosas se tuercen y aparece una dificultad, un contratiempo.

¿Qué puedo hacer cuando esto ocurre y se acaba la paz? No sé si ustedes tendrán esa sensación pero la calma viene a ser la famosa “siesta” española y el contratiempo es que le despierten a uno de golpe.

Cuando hay una novedad que nos angustia, que nos hace perder la paz, que nos descoloca, veremos que nos puede ayudar mucho: la improvisación. Saldremos del espacio de confort y descubriremos otras áreas en nuestra propia vida.

Primero distinguiremos entre adversidad y cambio de planes

  1. La adversidad es un problema, algo contrario a lo que estaba previsto, algo que dificulta el objetivo que nos proponíamos. Es una adversidad que se produzca un corte de luz y no funcionen los electrodomésticos ni el pc, por ejemplo.
  2. El cambio de planes es una situación distinta a la que nosotros esperábamos o habíamos planificado. Puede que sea positivo, no tiene por qué ser negativo siempre. Un cambio de planes podría ser que nos tocara la lotería o una herencia, por ejemplo.
MOVING
Monkey business images - Shutterstock

¿Te afecta negativamente un cambio de planes?

Quizá es que tiendes a pensar que las cosas en la vida funcionan mejor según tú las has calculado. Eso en principio es positivo porque indica que tomas las riendas de los asuntos y te gusta la previsión.

La previsión es positiva y forma parte de la prudencia. Ser previsor es muy bueno. Pero, ojo, que el ser previsor no te convierta en una persona rígida.

Planificar, de entrada, no puede ser encerrarte en una sola opción.

Si hay un cambio de planes, la persona verdaderamente inteligente (y prudente) es la que sabe adaptar el plan previsto a las nuevas circunstancias… hasta el punto de hacerlo volar por los aires y producir un cambio de 180 grados si fuera necesario.

 

KREATYWNOŚĆ
bruce mars/Unsplash | CC0

Descubrir talentos en la adversidad

Por ejemplo, una dificultad económica puede hacer que no puedas pagar el colegio que habías pensado para tus hijos. Pero esa misma adversidad es posible que te impulse a buscar becas, organizarte con otros padres para lograr recursos públicos, mejorar en tu trabajo profesional para conseguir más ingresos… Y descubrir que tenías talento para todo eso.

Los cambios de planes han obrado grandes decisiones en la Humanidad.

El revés económico o una guerra, por ejemplo, es un cambio en los planes de muchas familias, que se ven movidas a emigrar. Y, después de  todo, con el tiempo se ha visto que aquella mudanza fue muy provechosa. ¡Cuántos emprendedores que han hecho historia son hijos de emigrantes!

© Pavel L Photo and Video / Shutterstock

Improvisar es un arte

Para que la dificultad no nos paralice, hay que aceptar la existencia de un valor importante: el arte de improvisar.

Sobre la marcha, la improvisación nos ayuda a recomponer las piezas del puzzle y aplicar la inteligencia práctica. Se busca una salida airosa al problema y no se le da mayor importancia.

¿Tengo invitados en casa y me doy cuenta de que el mantel bueno está por lavar? ¿Voy a una reunión con un cliente y he olvidado los papeles en el despacho? ¿Debía usar el coche y me doy cuenta de que alguien de mi familia se lo ha llevado?

Claves

  1. No te sumerjas en la queja estéril. No te ayuda a solucionar nada.
  2. No eches la culpa a los demás. Ya analizarás las causas del problema cuando lo hayas solucionado.
  3. Sé práctico. Calcula el tiempo de qué dispones para resolver la situación.
  4. Sé humilde. Pide ayuda a los que piensas que pueden echarte un cable.
  5. Ponte manos a la obra cuanto antes.

Al tener que actuar conforme a algo no previsto, es muy posible que entres en territorios poco explorados. Áreas de conocimiento en las que no eres experto, por ejemplo. Bien. Piensa que un cambio de planes se puede tomar, al fin y al cabo, de dos formas:

  1. Una desgracia de la que no puedo (o no quiero) salir.
  2. Un reto, una prueba que incluso puede resultar excitante, a lo Indiana Jones o “Misión: Imposible”. Lo bonito de los retos es que no solo son para Hollywood, son para nuestra vida real.

Tú decides si optas por entender lo que ocurre en tu vida como una desgracia o como un reto. Porque lo que puedes tener por seguro es que cambios de planes los hay y los habrá siempre.

Improvisar nos ayuda, según el carácter y el temperamento de cada uno, a equilibrar la balanza de la vida y recuperar la armonía.

Sirve para solventar dos casos que en principio parecen opuestos:

  1. Salir de la indecisión. Ante el cambio de planes hay que tomar medidas y no puedo aplazar indefinidamente la decisión.
  2. Cambiar las decisiones iniciales en pro del bien final. Es lo que nos marca la voz del GPS cuando ha habido un error: “Recalculando ruta”. Y es que nuestra vida es eso: un recalcular la ruta hasta el mejor final posible.
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