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¿Dormir o hacer ejercicio? Un dilema para los que les falta tiempo

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Shutterstock
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El dilema es que tu cuerpo necesita dormir para poder hacer ejercicio de forma productiva, pero también necesita hacer ejercicio para dormir bien.

Todos hemos pasado por ahí. La alarma suena a las 5 a.m. y golpeas el botón de “cinco minutos más”, muy consciente de las zapatillas de correr que preparaste la noche anterior anticipando una buena noche de sueño antes de un entrenamiento madrugador.

Ya durmieras poco por los llantos de un bebé, por unos correos electrónicos de ultimísima hora o por un nada recomendable atracón de Netflix, te enfrentas al mismo dilema: ¿dormir o hacer ejercicio?

Sin embargo, el doctor experto en sueño Charles Czeisler indica en The New York Times que esa es una elección terrible.

El experto señaló que dormir es importante para las rutinas de ejercicio, para reducir el riesgo de lesiones y para permitirle a los músculos recuperarse del esfuerzo.

La falta de sueño debilita el sistema inmunitario, lo que aumenta la probabilidad de que la gente se enferme; esto significaría perderse algunas sesiones de ejercicio.

Sacrificar el sueño también se relaciona con el aumento de peso, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, entre otros problemas de salud. Por supuesto, hacer ejercicio con regularidad también trae muchos beneficios, como un sueño más reparador.

Por supuesto, resulta evidente pensar que el sueño es la mejor opción. Sin embargo, para quienes padecen insomnio o síndrome de las piernas inquietas, a veces preferir el sueño al ejercicio termina siendo también contraproducente.

Cuando paso unos cuantos días sin hacer ejercicio, mi sueño es lo primero que se resiente. Tengo problemas para dormir y me despierto con frecuencia, lo cual me hace estar más cansada durante el día e incluso menos motivada para entrenar. Lo único que me ayuda a resetear mi sistema y garantizarme una buena noche de sueño es un entrenamiento largo y duro.

Sin embargo, el doctor Czeisler señala que levantarse después de seis horas de sueño para entrenar es doblemente contraproducente. No solo privas a tu cuerpo del descanso que necesita para recuperarse, sino que también fuerzas a tus músculos a entrenar durante su noche biológica.

En efecto, resulta que tus células musculares también tienen ritmos circadianos, según investigaciones de la Universidad Northwestern, en Evanston (Illinois). El momento del día que escoges para entrenar determina la eficiencia energética de tus músculos y la respuesta metabólica, lo cual implica que madrugar para hacer ejercicio prácticamente garantiza un entrenamiento deslucido y una recuperación pobre.

Pero, cuando tienes el horario muy ajustado, como nos pasa a la mayoría, ¿cuál es el mejor medio para conseguir el sueño y el ejercicio que necesita el cuerpo?

Irse a dormir temprano es la opción más obvia, pero no siempre es factible. Las mañanas en que entrenar implica una pérdida de sueño, la mejor opción es dar preferencia a dormir… aunque eso no supone que debas renunciar del todo al ejercicio.

Incluso si tienes el día hasta arriba, puedes encajar alguna actividad aeróbica entre cita y cita.

Correr escaleras arriba en vez de usar el ascensor es una forma rápida y sencilla de aumentar el ritmo cardiaco, como lo es también hacer una pausa para levantarte de su escritorio y hacer una serie rápida de “burpees”.

Te sorprendería lo que 5 “burpees (ejercicios breves y de alta intensidad)rápidos cada hora pueden aumentar tanto tu fortaleza como tu resistencia.

También puedes saltarte las copitas de después del trabajo para ir al gimnasio media hora antes de ir a casa, aunque si tus hijos están esperando para cenar y para que les ayudes con los deberes, ponte la ropa del gimnasio antes de salir de la oficina y realiza el entrenamiento de 7 minutos, comprobado científicamente, en cuanto llegues a casa.

No tener que cambiarte elimina un montón de complicaciones y distracciones; además, puedes escuchar música que te cargue de energía durante el camino a casa para ponerte en buena sintonía mental y así darlo todo en esos 7 minutos.

Hagas lo que hagas, no sacrifiques el sueño para hacer ejercicio. Encuentra una forma de incluir ambos en tu vida diaria, no importa lo apretados que estén los días: ¡tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán!

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