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¿Por qué las redes sociales amaron a Benedicto XVI y aman a Francisco?

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Analisis del impacto del Papado en el continente digital

Apenas hace cuatro años, en diciembre de 2012, el Papa Benedicto XVI, con su primer tuit, inauguró lo que él mismo había pedido a los internautas: evangelizar el continente digital.

Los tuits del Papa Benedicto XVI fueron compartidos; los de Francisco se han convertido en un “trending topic” mundial, y el retuiteo de los mismos supera a verdaderos fenómenos de las redes sociales como el mismísimo presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Hoy mismo, un tuit del Papa Francisco genera diez mil respuestas, mientras que uno de Obama genera mil.

Este modelo de acción –pasar de la teoría a los hechos—demuestra que los pontífices han sabido enseñar, también en este tema, a los católicos las bondades de las redes sociales (que muchos satanizan como si fueran la presencia del mal en la telaraña digital).

Justamente, de eso se trata, dice Fabrizio Piciarelli en un artículo reproducido por el servicio Family and Media, de “saber utilizar correctamente las redes sociales, ser capaces de hacer de ellas un buen uso para difundir valores, ideas, esperanzas y emociones”.

Un decálogo para los días que corren

A continuación, Piciarelli recoge un decálogo que puede funcionar para todos los usuarios de redes sociales (que en el mundo rondan ya los 1,300 millones de seres humanos) y, especialmente, para los católicos preocupados de tomar lo mejor de este fenómeno que está transformando la vida productiva, social y subjetiva de los seres humanos.

El decálogo pertenece a Eduardo Arriagada, profesor de Periodismo y Convergencia Digital en la Universidad Católica de Santiago de Chile, y es, subraya Piciarelli, “una señal para reflexionar sobre cómo poder usar mejor las redes sociales, para crear y difundir valores, dialogar, comunicar ideas y proyectos, y compartir esperanzas y alegrías. De esta forma ha nacido un decálogo de uso de las redes sociales”.

La propuesta de Arriagada está cimentada, justamente, en “el éxito” de los dos últimos Papas en las redes sociales, sobre todo el fenómeno popular de Francisco:

1. Las redes sociales son un espacio para conversar y compartir. Por lo tanto deben fomentar el diálogo y la conversación.

2. En las redes sociales las personas quieren conversar entre ellas y no con las instituciones. Conversar con una institución le quita sentido al intercambio. El mensaje parecería creado por una autoridad, una caja vacía sin nombre y sin corazón.

3. En el flujo comunicativo, la inmediatez adquiere una grande importancia. Aún más cuando se quiere difundir una buena idea a través de las redes sociales y construir un debate abierto y fecundo.

4. Una conversación en las redes sociales funciona si somos capaces de escuchar a nuestro interlocutor. De hecho, bien pensado, escuchar al prójimo es la esencia misma de las redes sociales.

5. El objetivo principal de las redes sociales es involucrar a la comunidad. Es decir, crear participación, cambiar ideas, establecer lazos, suscitar emociones y aprobaciones, trasformar los seguidores en usuarios ocupados y activos.

6. El éxito de una “comunidad” depende de los contenidos publicados. La mejor forma para obtener seguidores en las redes sociales es ofrecer siempre contenidos con un valor añadido.

7. Hay que circunscribir el tema de la conversación. La llave del éxito de las redes sociales es encontrar el tema idóneo que genere una conversación. Pero el tema tiene que ser siempre específico.

8. En las redes sociales la sencillez es fundamental. La sencillez paga. En la vida, como en las redes sociales, el uso de términos complejos, abstrusos, aleja a las personas. Hay que ser sencillos al expresar una idea.

9. En las redes sociales la artificiosidad tampoco funciona La naturalidad nos acerca a los otros y nos ayuda a ser comprensibles.

10. Las redes sociales son un lugar para dejarse ver. Pero este lugar exige sobre todo el respeto de quien nos escucha, ser auténticos, trasparentes, verdaderos respecto a los sentimientos y las emociones.

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