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Recepción de «Amoris laetitia», fermento creativo de una Iglesia en diálogo

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Las diferentes reacciones a «Amoris laetitia» de Papa Francisco atestiguan un «fermento creativo» que caracteriza a esa Iglesia «en diálogo» que había planteado Pablo VI y que ahora está haciendo un «camino de búsqueda honesta y responsable en relación con la verdad moral para todas las nuevas situaciones en las que la comunidad cristiana vive hoy su fe». Lo subrayó el padre Humberto Miguel Yáñez, director del Departamento de Teología moral de la Pontificia Universidad Gregoriana, durante un «forum sobre la familia», que se llevó a cabo en estos días en el mismo ateneo romano de los jesuitas (del 7 al 8 de octubre pasados), para reflexionar sobre los temas que afronta la exhortación apostólica.

La publicación del documento papal, en marzo del año pasado tras el doble Sínodo sobre la familia (2014 – 2015), llevó a los profesores e investigadores que orbital alrededor del diplomado de Teología Práctica para la Pastoral familiar de la Gregoriana a «ofrecer una ocasión para profundizar e identificar perspectivas de investigación y aplicaciones pastorales para salir al encuentro de las familias de hoy», en sintonía con esa «Iglesia en salida» que también la exhortación apostólica «confirma como tarea urgente de todos los creyentes», explicó el teólogo argentino.

La publicación de la «Amoris laetitia», relevó el padre Yáñez, «no pasó inadvertida. El documento, como en general el magisterio de Papa Francisco, suscitó diferentes reacciones, a veces contrarias, a veces de plena adhesión, a veces de desorientación.

Todo esto —subrayó el jesuita que fue alumno de Jorge Mario Bergoglio— atestigua un fermento creativo que, seguramente, es parte de los efectos del estilo de este Pontificado. De una Iglesia de diálogo, así como la planteó Pablo VI en “Ecclesiam suma”, se espera un camino de búsqueda honesta y responsable sobre la verdad moral para todas las nuevas situaciones en las que la comunidad cristiana vive hoy su fe».

La exhortación apostólica publicada por Francisco en marzo del año pasado, en particular, pretende «integrar doctrina y pastoral, tal y como indican el Concilio II Vaticano y los magisterios posteriores. Doctrina y pastoral son instancias que desde los orígenes de la Iglesia se encuentran en un tejido fecundo: el mensaje evangélico está dirigido a interlocutores ubicados en su cultura y en su tiempo», y la doctrina «se revela fruto de una tradición viva que se renueva en el contacto con la fuente saludable de la Sagrada Escritura y se actualiza —subrayó Yáñez— en la confrontación con los interlocutores de cualquier cultura y tiempo».

Esta era la intención de san Juan XXIII al convocar a un Concilio «pastoral», volviendo a descubrir y a instaurar la vocación apostólica de la gran Tradición de la Iglesia, es decir su vocación evangelizadora de los seres humanos «en sus contextos histórico-culturales».  Esto fue lo que impulsó a los «padres conciliares a buscar un nuevo lenguaje y a reformular la doctrina asumiendo lo que se estaba consolidando en las nuevas corrientes de teología».
 

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