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«Si no reconozco las llamadas de atención del Papa, lo único que demuestro es mi vanidad y mi orgullo»

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El filósofo mexicano Rodrigo Guerra habla sobre el clericalismo y un polémico editorial en una publicación católica

Rodrigo Guerra es colaborador constante de Aleteia y El Observador, profesor del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV), miembro de academias pontificias y un laico con un profundo amor a la Iglesia, no exento, como quiere el Papa Francisco, de una mirada crítica y un análisis punzante de su realidad actual.

Ha sabido conjuntar la reflexión con el servicio a la Iglesia universal y, como miembro del equipo de reflexión del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), a la Iglesia del “continente de la esperanza”. Ha seguido el pensamiento de Karol Wojtyla-San Juan Pablo II, quizá como el especialista más connotado de habla española, en especial, el papel que juega el laico (tras la encíclica Christifideles laica) en la conformación de un nuevo rostro de la Iglesia.

– Rodrigo, usted sabe muy bien que el Papa Francisco ha denunciado, y lo hizo de nuevo en su reciente viaje a México, el clericalismo como uno de los vicios más fuertes que existen en la Iglesia Desde su posición de experto en estos temas, ¿de qué se trata, cuál es el fondo de esto que usted también ha calificado como “el feo vicio del clericalismo? Déjeme preguntarle de otra forma más explícita: ¿Cuáles son las causas de este fenómeno?

Por una parte muchos pastores aunque a nivel teórico repiten la doctrina más ortodoxa aún tienen miedo de formar laicos adultos en la fe. Esto significa, desde un punto de vista laical, cristianos a título pleno, libres, autónomos en nuestras decisiones al interior de las estructuras del mundo. Por ello, necesitamos una nueva generación de pastores que amen verdaderamente la libertad de los fieles laicos y que no tengan miedo de que en un cierto momento emprendamos bajo nuestra propia responsabilidad proyectos de transformación social, cultural y eventualmente política. Sin nuevos pastores no habrá nuevos laicos.

– Para este y otros temas, la conversión de los pastores es muy necesario escuchar al Papa Francisco. Sin embargo, recientemente el editorial (¡el editorial!) del periódico “Desde la Fe” de la Arquidiócesis de México acusó al Papa de estar “mal aconsejado” cuando invitó a la conversión y a la unidad de los obispos el pasado 13 de febrero en la Catedral de la Ciudad de México. El tema tiene que ver con lo que usted está diciendo y a Aleteia le interesa mucho saber su opinión al respecto…

El juicio que realiza este periódico afirmando que las palabras del Papa demeritan el trabajo de los obispos y que esto se debe a una “mano de la discordia” que influye en los diagnósticos y valoraciones del Santo Padre es sumamente irresponsable. Una suspicacia de esta naturaleza es gravísima y más cuando el autor del texto oculta su nombre y no da la cara.

– El Papa en el discurso del 13 de febrero en Catedral Metropolitana de la Ciudad de México (discurso de “la buena revolcada”, como lo calificó el obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi) subrayó: “No le tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar”… 

… lo que Francisco nos enseña a los laicos y a los pastores es, precisamente, reconocer nuestra verdad, nuestra limitación, nuestra miseria, para desde ahí redescubrir cuánto necesitamos ser purificados por la gracia. Si yo en “primera persona” no me reconozco en las llamadas de atención que realiza el Papa, lo único que hago visible es mi profunda vanidad y orgullo. Francisco nos está educando a todos.

-¿Dónde está, pues, “la mano de la discordia”?

La “mano de la discordia” está más bien en esa pluma anónima que no logra entender que todos en la Iglesia necesitamos de conversión, es decir, de reforma. El discurso de Francisco en la Catedral es una llamada a la conversión. Sería patético que alguno no se sintiera interpelado en lo profundo de su conciencia. Y primero que nada uno mismo, en primerísima persona.

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