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Papa Francisco: ¿Por qué la Iglesia se parece (debería parecerse) a una viuda?

M. MIGLIORATO/CPP/CIRIC
Pope Francis walks in St. Peter's Square at the end of the weekly general audience, in Vatican, Italy.
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

La Iglesia es fiel si su único tesoro y su único interés es Jesús, pero es tibia y mediocre si busca su seguridad en las cosas del mundo: es lo que ha dicho Papa Francisco en la Misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta.

El Evangelio del día habla de la pobre viuda que deposita en el tesoro del templo dos monedas mientras los ricos hacen alarde de sus grandes ofertas. Jesús afirma que “esta viuda ha entregado más que todos”, porque los demás dan de lo que les sobra mientras que ella, en su pobreza, “ha dado todo lo que tenía para vivir”.

En la biblia, comenta Papa francisco: “la viuda es una mujer que está sola, que no tiene un marido que la cuide: la mujer tiene que arreglárselas como puede, vive de la caridad pública. La viuda de esta cita del Evangelio “era una viuda que había puesto su esperanza solo en el Señor”. “A mi me gusta ver en las viudas del Evangelio, afirma, la imagen de la ‘viudez’ de la Iglesia que espera el retorno de Jesús”.

“La Iglesia es esposa de Jesús, pero su Señor se ha ido y Él es su único tesoro. Y la Iglesia, cuando es fiel, deja todo en espera de su Señor. Sin embargo, cuando la Iglesia no es fiel o no demasiado o no tiene fe en el amor de su Señor, trata de apañarse con otras cosas, con otras seguridades, más del mundo que de Dios”.

Una Iglesia que llora y que lucha por sus hijos

“Las viudas del Evangelio, observa Papa Francisco, nos dan un bello mensaje de Jesús sobre la Iglesia”.

“Está aquella sola, única, que salía de Naín, con el ataúd de su hijo: lloraba, sola, Sí, había gente muy amable que la acompañaba, pero su corazón estaba solo. La Iglesia viuda que llora cuando sus hijos mueren a la vida de Jesús. Hay otra que, para defender a sus hijos, va al juez injusto: le hace la vida imposible, llamando a su puerta todos los días, diciéndole: ‘¡Hazme justicia!’. Y al final lo hace. Es la Iglesia viuda que llora, intercede por sus hijos. Pero el corazón de la Iglesia está siempre con su Esposo, con Jesús. Allá arriba».

«También nuestra alma, según los Padres del Desierto, se parece a la Iglesia. Y cuando nuestra alma, nuestra vida, está más cerca de Jesús, se aleja de las cosas mundanas, cosas que no sirven, que no ayudan y que nos alejan de Jesús. Así nuestra Iglesia que busca a su Esposo, espera a su Esposo, espera ese Encuentro. Que llora por los hijos, lucha por ellos, da todo lo que tiene porque su interés es solo su Esposo.

Iglesia fiel e Iglesia mediocre

La ‘viudez’ de la Iglesia, explica el Papa, se refiere al hecho de que la Iglesia está esperando a Jesús: “puede ser una Iglesia fiel en esta espera, esperando con confianza el regreso del marido o una Iglesia infiel a ‘esta viudez’, que busca s seguridad en otras realidades… la Iglesia tibia, la Iglesia mediocre, la Iglesia mundana”. Pensemos en nuestras almas, es la exhortación conclusiva. “¿Nuestras almas buscan la seguridad solo en el Señor o buscan otras seguridades que no gustan al Señor?”.

“En estos últimos días del Año Litúrgico nos hará bien preguntarnos sobre nuestra alma: si es como esta Iglesia que quiere Jesús, si nuestra alma se dirige a su Esposo y le dice: ‘¡Ven, Señor Jesús! Ven’. Y que dejemos de lado todas estas cosas que no sirven, no ayudan a la fidelidad”.

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