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Atender al migrante no es una moda, lo manda el Evangelio

© Javier García
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El obispo de San Cristóbal de las Casas: «las necesidades de nuestros hermanos que pasan por acá nos duelen en el corazón, nos llegan al alma y no podemos permanecer indiferentes»

Desde que inició el Programa Frontera Sur, implementando por el gobierno de México y el de Guatemala, el pasado mes de julio de 2014, las deportaciones, vejaciones y problemas para los migrantes centroamericanos en tránsito por México hacia Estados Unidos, han aumentado al doble.

Lo que, en principio, se anuncio como un proyecto para defender los derechos humanos de los migrantes, se ha convertido, según la opinión de la Iglesia católica en Chiapas, Estado limítrofe con Guatemala, y de organizaciones defensoras de los derechos humanos, en una verdadera “cacería” de migrantes por parte del gobierno de México.

La situación se ha vuelto intolerable, por lo que la Iglesia ha tomado todos los riesgos y ha echado a andar múltiples alternativas de defensa de los migrantes, cobijo y aprecio por su dignidad.

No se puede quedar en la indiferencia

En ese contexto nace el recientemente inaugurado, por el obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, “Servicio Pastoral a Migrantes San Martín de Porres”, para atender a los indocumentados que pasan por la zona, la mayor parte de ellos iniciando el viaje que los llevará a Estados Unidos.

“La migración es un fenómeno mundial pero las necesidades de nuestros hermanos que pasan por acá nos duelen en el corazón, nos llegan al alma y no podemos permanecer indiferentes ante ello”, dijo monseñor Arizmendi Esquivel, durante la bendición del albergue, que se suma a muchos otros que mantiene la Iglesia en Chiapas y en diversos estados del país.

El prelado mexicano fue claro al señalar que en las parroquias de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, ubicadas en Palenque y otros municipios, se atiende a los migrantes “de una u otra forma, pero en nuestra ciudad (San Cristóbal de las Casas) nos hacía falta un servicio de esta naturaleza, porque a cada rato pasan por aquí personas que nos solicitan un apoyo, una ayuda”.

Las ocho parroquias ubicadas en el área metropolitana de San Cristóbal de las Casas, se han organizado para atender a los migrantes en la casa inaugurada el martes 3 de noviembre de 2015, al sur de esta bellísima ciudad, considerada como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Un acto de conciencia

Tras las bendiciones, monseñor Arizmendi Esquivel sostuvo una rueda de prensa en la que delineó, a grandes rasgos, lo que será el servicio a los migrante en la casa “San Martín de Porres”. Según el purpurado mexicano, “se verá que tengan alimento, una cobija, dónde descansar, protección jurídica en la medida de lo posible y defenderlos de tantas ofensas y violaciones a los derechos humanos”, aseveró.

Monseñor Arizmendi Esquivel manifestó que “esto que hacemos no es una moda, ni solo por quedar bien, sino un imperativo evangélico. Era algo que nos remordía la conciencia porque con frecuencia llegan a nuestras iglesias, sobre todo a la Catedral y procuramos darles no solo una palabra de aliento, sino un apoyo económico, pero a veces no podemos hacer más”.

Y continuó diciendo: “Qué bueno que tenemos ya esta casa abierta para atender a los que necesitan pasar la noche, para que tengan seguridad, alimento o la atención fundamental y ojalá veamos esto como un servicio de la comunidad, no es del obispo, de un padre o de una parroquia, es de la comunidad de San Cristóbal”.

Todos debemos ser luz

El sacerdote dominico Gonzalo Ituarte Verduzco, uno los responsables de la casa “San Martín de Porres”, explicó que la idea es recibir a los migrantes en la casa, y según sus circunstancias personales, darles una atención inmediata, canalizarlos a las instancias de asistencia o de alimentación necesarias.

Durante la ceremonia, los asistentes, entre ellos el cónsul de Guatemala en Comitán (Chiapas), Percy Gerardo Ralda Batres, encendieron una vela, porque, explicó la religiosa Lucy Jiménez, otra de los responsables de la casa, “todos debemos ser luz en esta ciudad para los hermanos migrantes”.

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