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¿​Por qué un católico está “obligado” a ir misa los domingos?

AFP PHOTO / MARCO BERTORELLO
ITALY, Ventimiglia : Rogue trader Jerome Kerviel attends a mass at Sant Agostino's church during his march from Rome to Paris, on May 17, 2014 in Vintimille (Ventimiglia). Kerviel could finally be behind bars this weekend after being ordered to present himself at a police station as soon as he returns to France. Kerviel, whose high-risk trading cost his former employer Societe Generale nearly five billion euros, is currently on a walk from Rome to Paris which is intended to highlight what he regards as the unfair treatment he has received from the courts. Kerviel embarked on the walk after meeting briefly with Pope Francis on February 19 and he was still in Italy a month later when France's top appeals court upheld his 2010 conviction for breach of trust, forgery and entering false data. AFP PHOTO / MARCO BERTORELLO
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Aclaraciones en torno al precepto dominical

A lo largo de la historia de la humanidad ha primado un criterio de vida que ha consistido, y se ha limitado, sólo a satisfacer los instintos más elementales: beber, comer,  pasarlo bien, tener salud. Y para esto es “obligatorio” buscar dinero y para tenerlo es “obligatoria” la ley del trabajo.

Pero más allá hay otra realidad tanto o más importante: la espiritual. Atender lo más básico, materialmente hablando, no es suficiente en la vida: el ser humano también es un ser espiritual. Jesús bien lo dijo: “No sólo de pan vive el hombre” (Mt 4,4).

Tenemos por tanto también la “obligación” de preocuparnos por nuestra vida espiritual recibiendo todo lo que Dios nos da, acogiendo la vida que Él nos da.

Entendamos la palabra “obligación”. ¿Por qué es obligatorio ir a la escuela? ¿Por qué es obligatorio cumplir con un esquema de vacunación? ¿Por qué es obligatorio pagar impuestos? ¿Por qué es obligatorio comer? En vez de obligación podemos hablar de satisfacer una necesidad; todo por un bien superior.

Un adulto responsable, maduro y sensato ve el cumplimiento de normas como necesario, no como obligatorio; en el caso de los niños, ellos no ven tanto la necesidad y entonces es cuando toca hablarles de obligación; ya irán descubriendo la lógica de la necesidad.

Todas las personas tenemos derechos y deberes u obligaciones, esto es claro y se da por descontado. Y en el plano de la fe igualmente, la vida eclesial no es la excepción; en la Iglesia tenemos deberes y derechos.

Cuando hay una ley o norma, si queremos actuar como adultos, no nos debemos limitar sólo a cumplirla, sino que tenemos que tratar de ver las razones, ver la necesidad de su cumplimiento.

Desde hace siglos, la Iglesia ha prescrito “unas obligaciones” para sus miembros, todo para el bien. Una de estas obligaciones es participar en misa entera todos los domingos y las llamadas “fiestas de guardar”.

¿Por qué es necesario ir a misa los festivos?

Primero de todo porque Dios es la razón de nuestra vida y estamos dispuestos, se supone, a todo lo que sea por amor a Él. En segundo lugar la participación en la misa es necesaria para una correcta vida cristiana vivida en comunidad; de este modo se va construyendo la Iglesia.

Es necesario purificar las motivaciones para ir a misa pues desgraciadamente unos van porque hay que estar bien con Dios, no vaya ser que si tengo que pedirle alguna cosa, después no me la conceda. Otros, porque es pecado no ir a misa; y, por supuesto, no hay que cometer pecados. Otros, porque como soy padre de familia, “me toca” dar ejemplo en casa. Otros, porque no quiero quedar mal ante “fulanito(a) de tal” o no quiero dar mala imagen, etc..

¿De dónde sale esta obligación?

El precepto de oír misa todos los domingos y fiestas de guardar es de derecho natural: por naturaleza es necesario dedicar un día al descanso y al culto a Dios.

Este precepto, con el paso del tiempo, ha cambiado de día: en el Antiguo Testamento ese día era el sábado. En el Nuevo Testamento la Iglesia, con la resurrección del Señor, lo ha cambiado al domingo, convirtiéndose en el primer día de la semana. Es el día dedicado al Señor, el dies Domini, de aquí el día recibió el nombre de domingo.

Pero ojo, la obligación del precepto para los domingos y fiestas de guardar es triple: participar de misa entera, abstenerse de lo que impida dar culto a Dios y disfrutar del debido descanso.

El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la misa; y se abstendrán además de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor, o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo” (Canon 1247).

Es un deber de conciencia la organización del descanso dominical de modo que les sea posible participar en la Eucaristía, absteniéndose de trabajos y asuntos incompatibles con la santificación del día del Señor, con su típica alegría y con el necesario descanso del espíritu y del cuerpo” (Carta apostólica Dies domini, 67).

¿Cuáles son los días en los que debemos ir a misa?

El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto. Igualmente deben observarse los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y, finalmente, Todos los Santos. Sin embargo, la Conferencia Episcopal, previa aprobación de la Sede Apostólica, puede suprimir o trasladar a domingo algunas de las fiestas de precepto” (Canon 1246).

Obviamente también el Domingo de Pascua, pues el tercer precepto de la Iglesia es comulgar por Pascua de resurrección: “Todo fiel, después de la primera comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año. Este precepto debe cumplirse durante el tiempo pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año” (Canon 920).

¿Quiénes están obligados?

La obligación de oír misa afecta única y exclusivamente a los católicos que tengan uso de razón, que no estén legítimamente impedidos o imposibilitados ni tengan dispensa alguna.

El código de derecho canónico establece que “las leyes meramente eclesiásticas obligan a los bautizados en la Iglesia católica…, siempre que tengan uso de razón suficiente y, si el derecho no dispone expresamente otra cosa, hayan cumplido siete años” (Canon 11).

No se da un límite de edad superior para el cumplimiento del precepto, como sí pasa con la obligación de guardar el ayuno: el ayuno va desde la mayoría de edad (18 años) hasta los 59 años cumplidos. La abstinencia va de los 14 años hasta la muerte.

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