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El Papa sobre el “Padre Goyo”: Fue víctima de “una injustificable violencia”

© Octavio Gómez
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A través de una carta al obispo de Ciudad Altamirano

Mediante una carta enviada al obispo de Ciudad Altamirano, monseñor Maximino Martínez Miranda, el Papa Francisco ha expresado a esta diócesis y a la Iglesia mexicana su más sentido pésame por el asesinato del padre Gregorio López Gorostieta, ocurrido el pasado 23 de diciembre en el Estado de Guerrero, uno de los estados más conflictivos de México.
 
La carta, firmada por el cardenal secretario de Estado, monseñor Pietro Parolín, hace extensivo el pésame del Papa Francisco al clero, comunidades religiosas y fieles de esta diócesis que ya ha sufrido, en los últimos años, al menos el asesinato de otros dos sacerdotes y dos seminaristas más.
 
El punto central de la carta –que en México ha retumbado en todos los rincones del país—es cuando monseñor Parolín subraya que el Papa Francisco “ofrece sufragios por el eterno descanso del sacerdote de Cristo, víctima de una injustificable violencia”.
 
En más de un medio de comunicación de alcance nacional se ha querido hacer pasar el asesinato del “Padre Goyo” como parte de la violencia que mantienen entre sí los diversos grupos delincuenciales que se han apoderado de la zona de Guerrero donde murió el sacerdote diocesano de Ciudad Altamirano y muy cerca de donde se registró la desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa.
 
Otra parte muy importante del comunicado de la Secretaría de Estado del Vaticano es cuando monseñor Parolín destaca que “Su Santidad, al expresar una vez más su firme reprobación de todo atentado a la vida y dignidad de las personas, exhorta a los sacerdotes y demás evangelizadores de la diócesis a proseguir con ardor su misión eclesial a pesar de las dificultades, siguiendo el ejemplo de Jesús, el buen pastor”.
 
Al final de la carta, el Papa Francisco hizo llegar a los familiares del padre López Gorostieta su cercanía “en tan dolorosa prueba”, e impartió a la comunidad  eclesial de Ciudad Altamirano “la confortadora bendición apostólica como signo de esperanza cristiana en el Señor resucitado”.
 

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