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Corea del Sur: Nueva frontera en la misión del Papa Francisco

AP Foto/Alessandra Tarantino
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Situación religiosa del pais de la próxima visita del Papa

El Papa visita Corea del Sur del 13 al 18 de agosto, con tres objetivos: impulsar el gran crecimiento de la Iglesia católica en ese país, creada por seglares mártires; encontrarse con los jóvenes de Asia; y tender puentes para la difícil reconciliación entre las dos Coreas

Los días que rodean al 15 de agosto son días de vacaciones por antonomasia en Roma, cuando sólo turistas perdidos se pasean por la ciudad ante tiendas cerradas. En esa semana, el Papa Francisco afrontará uno de los maratones más agotadores del año: su primer viaje al lejano Oriente para visitar Corea del Sur.

Se trata de una peregrinación preñada de simbolismo. Corea del Sur vive todas las contradicciones del momento histórico que vive el continente asiático. La patria de Samsung, líder mundial en sectores decisivos de la industria electrónica, convive con la tradición confuciana, caracterizada por una visión de la sociedad dividida en clases, en la que la mujer y las clases inferiores cuentan muy poco.

En este contexto, el viaje del Papa tiene tres objetivos declarados: confirmar a la Iglesia católica en Corea, una Iglesia única en el mundo iniciada únicamente por seglares (sin sacerdotes); encontrarse con los jóvenes de los países de Asia en una Jornada de la Juventud continental; e impulsar la reconciliación entre las dos Coreas, divididas tras la guerra fratricida (1950-1953).

Una Iglesia que crece

Ante todo, el Papa visita Corea para confirmar en la fe a esta Iglesia con una historia única en dos mil años de cristianismo. En 1880, los católicos coreanos no eran más que diez mil personas; hoy son el 10% de la población, más de cinco millones. Un crecimiento que se ha mantenido en los últimos años. En el país hay numerosas vocaciones al sacerdocio (hay 4.261 sacerdotes y 1.489 seminaristas) y a la vida religiosa (9.016 religiosas) y 14.195 catequistas. Este crecimiento tiene lugar en un país en el que el 43% de la población se declara ateo. Desde hace poco más de diez años, el número de católicos surcoreanos aumenta cada año de 1,5 a 2,7%, frente a una población cuyo crecimiento no supera el 0,8% anual. El año 2012, por ejemplo, vio la creación de 17 nuevas parroquias.

Una Iglesia fundada sin sacerdotes

¿Cuál es el secreto del crecimiento de esta Iglesia? Según Cristian Martini Grimaldi, autor del libro publicado en Italia con el título Cristianos en Corea, este país es el único caso en el que «la evangelización no comenzó con los misioneros, sacerdotes o religiosos, sino por laicos, personas de cultura, que tuvieron un gran papel en el desarrollo humano y económico en el país. Cuando el primer misionero llegó a Corea, en 1794, un sacerdote chino, ya había 4.000 bautizados. Corea es la única tierra en la que la grey precedió a los pastores».

Estos hombres de cultura descubrieron el cristianismo al entrar en contacto con textos bíblicos y cristianos traducidos al chino por algunos misioneros occidentales, en particular por el padre jesuita Matteo Ricci. Es considerado como fundador de este grupo de eruditos Lee Byeok. En 1784, uno de los miembros del grupo, Lee Seung Hun, debía viajar a China para participar en la tradicional delegación cultural coreana. Lee Byeok le pidió que contactara a los misioneros en Pekín, que se bautizara, y que trajera otros libros religiosos para su formación y profundización. Al regresar a su patria, Seung-hun Lee, que tomó el nombre de Pedro, bautizó a los demás miembros del grupo, dando origen a la Iglesia en Corea, sin ninguna ayuda externa. No existe ningún otro caso en la historia del catolicismo como éste. Dado que no podían celebrar la misa ni los demás sacramentos, el obispo de Pekín envió diez años después un primer sacerdote chino.

Una Iglesia de mártires

Ahora bien, muy pronto la visión cristiana del hombre y de la mujer, que chocaba con las enseñanzas confucianas de división en clases, con diferente dignidad, acarreó la persecución contra los cristianos. Uno de los factores desencadenantes fue el rechazo a la tradición coreana de rendir culto a los ancestros, lo cual era percibido en un principio como idolatría por parte de la Iglesia, pues en la tradición eran sustitutivos de la divinidad. El régimen coreano consideraba el cristianismo como un culto malvado; que destruía las relaciones humanas y el orden moral tradicional.

La persecución, que ya era rabiosa en 1785, se hizo más agresiva en 1801, cuando fue asesinado el único sacerdote católico, aunque se mantuvo constante el crecimiento de la comunidad cristiana. El rey de Corea emanó, en 1802, un edicto de Estado en el que ordenaba el exterminio de los cristianos, como única solución para sofocar la semilla de esa locura, como era percibido el cristianismo.

Al quedarse solos, los católicos coreanos pidieron insistentemente al obispo de Pekín y al Papa sacerdotes. Las condiciones locales sólo lo permitieron en 1837, cuando fueron enviados un obispo y dos sacerdotes de las Misiones Extranjeras de París, quienes entraron clandestinamente y fueron asesinados dos años después.

La persecución alcanzó su punto culminante en 1866. En el año 1888, el Gobierno decretó la libertad religiosa. En las persecuciones de los católicos de Corea murieron, según fuentes locales, más de diez mil mártires, de éstos, 103 fueron beatificados en dos grupos, en 1925 y 1968, y después canonizados conjuntamente por Juan Pablo II en Seúl, en 1984.

El Papa Francisco beatificará, el 16 de agosto, en la Puerta Gwanghwamun de Seúl, a Pablo Ji-chung Yun y 123 compañeros mártires. El caso de Pablo es ilustrativo de aquella persecución. Perteneciente a una familia noble coreana, se convirtió al cristianismo y murió mártir en 1791. Al morir su madre, se negó a enterrarla según el rito tradicional y del confucianismo. Esto llevó a las autoridades a hacer una investigación, que daría lugar a una gran persecución, llamada la persecución de Sin-hae.

Como se puede ver, por tanto, el primer objetivo del viaje del Papa consiste en dar un impulso a la fe de los cristianos de esta Iglesia, que demuestra cómo los laicos están llamados a ser sus protagonistas. El Papa visitará lugares ligados a la memoria de estos mártires seglares, como es el castillo de Haemi, centro de las persecuciones de los católicos en toda la región de Chungchong.

VI Jornada de la Juventud Asiática

Precisamente en esa región, en la ciudad de Daejeon, el 15 de agosto, tendrá lugar el encuentro con los jóvenes de Asia. Si bien las delegaciones de países como China o Vietnam serán muy significativas, numéricamente serán más bien reducidas. La mayoría de los jóvenes serán coreanos. De hecho, en este país, el catolicismo podría decirse que está de moda por la visión del hombre y la mujer que rompe las barreras sociales impuestas por el confucianismo.

En ese mismo día, el Papa Francisco almorzará con 18 jóvenes asiáticos, entre los que se encuentra BoA, la llamada reina del pop coreano, quien no esconde su testimonio de fe. Otros personajes del espectáculo, como el cantante y actor Rain, también se han convertido al catolicismo.

Rain recibió el Bautismo hace algún tiempo en una pequeña parroquia en la periferia de Seúl, y ha asegurado que lo hace por fe, y no por imposición o por un supuesto próximo matrimonio con su novia, la conocida actriz católica Tae-hee Kim.

Es uno de los principales exponentes del K-pop, una exitosa corriente musical coreana. La agencia que se ocupa de su imagen, la Cube DC, destacó que la elección de convertirse al catolicismo «fue madurada hace tiempo. En la ceremonia estaban presentes sólo la familia y los amigos más queridos».

Otra joven conversa surcoreana es la campeona de patinaje artístico Yu-na Kim, que se bautizó en edad adulta con el nombre de Estrella.

Para los jóvenes en Corea del Sur, la Iglesia se ha convertido en un punto de referencia en medio de los cambios sociales y de la crisis económica, que también se deja sentir en esas latitudes. El índice de crecimiento económico se ha estancado en torno al 3%, por debajo de los resultados del año pasado. El mundo del trabajo y de la escuela se caracteriza por la altísima competición, y genera diferentes manifestaciones de ansia. Entre las causas del elevado número de suicidios que registra el país, destaca el estrés creado por la búsqueda de un empleo.

Una vez encontrado un trabajo, la armonía personal y familiar no es fácil de encontrar: los coreanos tienen los horarios más largos de trabajo en el mundo, y el calendario con el menor número de días de fiesta. En estas circunstancias, la familia queda penalizada, y la propuesta de amor y fidelidad que promueve la Iglesia, encuentra cada vez más admiración en la sociedad.

Las chicas son quizá las que más atracción sienten por la Iglesia en Corea, viendo que es un espacio de libertad frente a la discriminación que impone el confucianismo. Al recordar que todos somos hijos de Dios, el cristianismo en Corea supone una fuerza de liberación enorme, en particular a los pobres y las mujeres.

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