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Lo que más preocupa al Papa es que su decisión no sea comprendida

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Monseñor Carlos Aguiar Retes, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano

¿Cómo debemos leer desde América Latina la renuncia del Santo Padre?
Tenemos que entender la mentalidad del Papa, sobre todo su espiritualidad.  En todos sus escritos, encíclicas, en su sermones nos da a conocer, de manera expresa, su profunda confianza en Dios.  Si el Papa toma esta difícil situación es porque, precisamente, se sabe un instrumento de Dios.  Fue una gran sorpresa para el Papa ser elegido.  Su rostro denotaba preocupación más que satisfacción.  Lo acepta por su confianza en Dios. Y le pone punto final en esa misma tesitura de la confianza absoluta en Dios.
 
¿Por qué toma precisamente ahora la decisión de renunciar?
Lo hace en el momento más tranquilo de sus casi ocho años de ministerio.  Y por eso nos sorprende.  Como que estuvo midiendo los tiempos, las maneras, el cómo…  Y llegar a esta decisión en el momento de mayor paz, para que pudiera ser entendida.  El ha dicho en muchas ocasiones que somos servidores y que aunque exista un poder espiritual, él se sabe servidor del espíritu de Cristo.  Es muy coherente este testimonio.
 
Y es una lección…
Es una gran lección para nosotros.  Todos, en el poquito o grande espacio del poder que tenemos, nos tendríamos que preguntar: “¿Yo tomaría la decisión que ha tomado el Santo Padre?”  Tengo que poner mi esperanza no en esto que hago o en esto que tengo como responsabilidad, sino en mi relación con Dios y la trascendencia hacia la vida eterna.  El Santo Padre es un convencido –como lo ha enseñado—de que la mayor felicidad del hombre va a ser el encuentro definitivo con Cristo.  El sabe que ha cumplido y que ahora va a orar por la Iglesia, va a velar desde esa hora de Getsemaní, como lo hizo Jesús, por quien le toque conducir la barca de Pedro.
 
¿Se entenderá el gesto?
Al menos los cristianos, al menos nosotros los católicos ojalá lo entendamos en la profundidad espiritual que representa la decisión que ha tomado el Santo Padre. 
 
¿Le parece “eurocentrista” el magisterio de Benedicto XVI, como gran cantidad de críticos de la Iglesia en América Latina así lo consideran?  
 
Es explicable.  El Papa nació, vivió y se formó en Europa.  El habla de lo que conoce.  Europa, siendo el centro del cristianismo, es su gran preocupación. Sería muy lamentable que el centro del cristianismo se descristianice. 
 
¿Y entre nosotros?
Lo grave para nosotros, que estamos en otros continentes, particularmente en América Latina, es que no aprendamos la lección. Y que no atendamos a los signos de los tiempos, que nos obligan, como nos lo pide Aparecida, a replantear la misión de la Iglesia.  No podemos seguir haciendo, simplemente, lo que aprendimos a hacer. No podemos quedarnos satisfechos, aunque llenemos nuestra agenda de puras cosas buenas que hacer el día, si no estamos seguros de estar haciendo lo que Dios nos pide que hagamos. 
 
¿Cómo ligar este gesto del Santo Padre y el mandato de la conversión pastoral de Aparecida?
Yo creo que el Santo Padre, que fue el que iluminó Aparecida con su discurso inaugural y fue el que nos dio la clave de que teníamos que volver a la conciencia del discipulado, ahora está convencido que ese pastor que ha sido, ha cumplido, y deja la estafeta a otro porque sabe que somos instrumentos del Espíritu de Dios.  Yo creo que es muy doloroso para el Papa el hecho de la toma de decisión de su renuncia.  No por él mismo, sino lo que le ha de preocupar –y por ello yo invito a orar por él—es que su decisión no sea comprendida y se piense que lo ha hecho por alguna razón diferente al amor a la Iglesia.
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