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Más de seis horas en carretera para llevar la fe 

ACN república dominicana
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Lucía Ballester - publicado el 26/02/25
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El padre Júnior Vásquez conduce durante horas para llegar a las zonas más remotas de República Dominicana. A pesar de haber sufrido un accidente automovilístico en el pasado, dejar de llevar el anuncio no es una opción para él

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El padre Júnior Vásquez pasa más de seis horas al día en la carretera. Solo contando el tiempo que toma de ir de una parroquia a otra para celebrar la eucaristía. Se levanta cada día a las cinco y media de la mañana. Pasa una hora "a los pies del Maestro en el sagrario", de donde recibe fuerzas para afrontar la jornada. Luego, se pone en camino para atender a las 31 comunidades rurales de su parroquia, en la diócesis de San Juan de la Maguana, en el centro oeste de República Dominicana. 

No vale la pena, vale la vida

Como sacerdote, afirma que no solo vale la pena, sino que “vale la vida dejarlo todo y gastarnos como una vela por Dios al servicio de los más humildes. Para que todos alcancen el mensaje de la salvación” explica el padre Júnior durante la visita de una delegación de ACN al país.

En la isla caribeña, "las lomas" es un término muy utilizado para referirse a las áreas rurales montañosas. Estas zonas suelen carecer de servicios básicos y poseen una geografía compleja y de pocas oportunidades. Muchas de las comunidades están aisladas a causa de caminos de tierra que se vuelven intransitables durante la temporada de lluvias. 

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“Mis compañeros sacerdotes y yo tenemos que cruzar montañas, con caminos muy difíciles y pedregosos”, cuenta el joven sacerdote. “También hay que atravesar varios arroyos y ríos para llegar hasta estas personas”. Muchas comunidades son marginales y sufren la falta de empleo, salud y educación. Las personas abandonan la región en busca de mejores oportunidades, dejando comunidades con poca población activa, favoreciendo más ese ciclo de abandono. Aquí, los sacerdotes no solo predican, sino que asumen roles de apoyo social. 

“Si me cuido, podré servir mejor” 

Para moverse, el padre Júnior utilizaba un vehículo muy antiguo y que “se dañaba constantemente, lo que suponía un gasto elevado e insostenible para la parroquia”, explica. El antiguo vehículo no solo era una carga económica, sino también un riesgo. “Con el tiempo, su constante uso y las malas condiciones de los caminos provocaron un desgarro de ligamentos en mi pie que acabó provocando una fractura”. Esta lesión lo dejó prácticamente incapacitado durante cinco meses y fue sometido a diversas y dolorosas cirugías. A nivel emocional, el proceso fue aún más difícil. Recuerda haber experimentado momentos de soledad, aunque siempre sintió el apoyo de la fe:

"Dios y la Virgen estuvieron siempre conmigo" asegura. 

Al mismo tiempo, la experiencia también le permitió reflexionar sobre la importancia de cuidar de sí mismo: “Si me cuido y me preocupo por mi bienestar, podré servir mejor y por más tiempo a la comunidad. Estaré sano y fuerte para entregarme a los demás. Todo lo que hacemos lo hacemos por y para Dios”, afirma el padre Júnior. 

Gracias al apoyo de los benefactores de ACN, el padre Júnior dispone ahora de un vehículo que ha facilitado enormemente su labor. “Ha sido un cambio del cielo a la tierra. Ahora puedo cumplir con mis tareas pastorales con más eficacia y alcanzar lugares y comunidades antes inaccesibles”.

Los retos: sectas evangélicas y falta de capillas 

ACN
El vehículo con el que el padre recorre las carreteras con tal de asistir a las comunidades más remotas

Sin embargo, la dificultad en el acceso a las comunidades no es el único problema que enfrenta el padre Júnior en las zonas rurales que él atiende: la presencia de sectas evangélicas que "atraen a la gente con falsas promesas" y la falta o abandono de muchas capillas dificulta las prácticas del culto.

En este contexto, el presbítero destaca la fe de sus fieles: "Ver el hambre y la necesidad que tiene la gente de escuchar hablar de Dios, y la alegría y el regocijo con que lo hacen, es mi mayor alegría", asegura el padre Júnior.

Los domingos, los campesinos dejan sus labores y se acercan, a pie o a caballo, a la celebración religiosa. Los niños y adolescentes también participan activamente en la Misa, convirtiendo la jornada "en un día de encuentro y alegría para toda la comunidad", describe el sacerdote. 

"No solo podemos evangelizar predicando, sino también cuando colaboramos y sustentamos a nivel económico y con nuestras oraciones: es ahí cuando nos convertimos en misioneros y predicadores", concluye. 

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